¿quién soy?

Capítulo 1

Hellooooo.

Bievenidos a otro de mis mundos. Bueno es relativamente el mismo solo que la vida de otro personaje, como nosotros, que somos muchos en este mundo pero acda quien escribe su propia historia y somos protagonistas y personajes secundarios en las de los demás, equis, ya hablé mucho. Me emociona mucho este libro y espero que lo reciban de la mejor manera, solo quiero recordarles que es contenido algo diferente y se puede considerar íncomodo, así que si tienen algún problema significativo con la corrupción, narcotrafico, crimen organizado, drogas, armas de fuego y todo lo que incluyen esas problematicas sociales, no lo lean.

Como muchos lo saben, soy mexicana y estoy muy orgullosa de serlo y de mi país, sin embargo, el crimen organizado y la corrupción son algunas de las problematicas que actualmente siguen resentes en mi país, además, recordemos que se es un factor real del poder. Esta es mi forma de visualizarlo pero quiero aclarar que no busco romantizarlo de ninguna forma, pero si no estás comodx ccon mi contenido es mejor no leerlo.

Si eres nuevx, espero te quedes, dejes tu muestra de afecto y lo sigas hasta el final, a veces tardo en actualizar y esta no será la excepción porque lit está en proceso pero trataré de ser constante.

Gracias por el apoyo y pues nada, disfruten.

Empujé la puerta que daba al jardín y, antes siquiera de que la brisa fría me pegara en la cara, escuché esa voz que podía reconocer entre mil.

—¿Qué rollo, morra? Llegas tarde, ¿eh? —soltó Adriel sin levantar la vista, concentrado en el arma que tenía apuntada al blanco.

Disparo.
Centro.
Disparo.
Centro.
Disparo.
Centro.

Ni un milímetro fuera de lugar. El desgraciado parecía nacido con un gatillo en la mano.

Suspiré y me acerqué a la mesa llena de armas. Varias habían sido limpiadas hace nada; otras aún tenían marcas de uso reciente. Tomé un par, probando su peso, la forma en que encajaban en mi agarre. Elegí una y me coloqué junto a él.

Adriel me echó una mirada rápida… y luego otra más larga. De arriba abajo. Sin disimulo.
Llevaba el traje operativo completo: pantalón táctico, botas, cinturón cargado de cuchillos —mi especialidad— y una Glock en la pierna. En mis muñecas, los brazaletes de electrochoque que me fabricó SIEDSA, mis preferidos. El cabello en una cola de caballo hecha pedazos por la misión.

Él sonrió apenas, como si leerme fuera demasiado fácil.

—Por favor, Adriel —dije colocándome frente al blanco—. Para regaños ya tengo a mi papá. Y a Dante. Y a Alec cuando se pone moralista… que es básicamente todos los días.

Adriel dejó escapar un resoplido divertido y se acercó por detrás. Con una mano me abrió un poco las piernas.

—Pa’ que no te me tambalees, morra —murmuró cerca de mi oído—. Y… Mia —usó mi primer nombre, ese que muy poca gente se atrevía a pronunciar—. Conmigo no tienes que andar a la defensiva, ¿lo sabes?

Rodé los ojos, apunté…
Disparé.

Fallé.

—Ándele, pues. ¿Ve? Ya anda oxidada —comentó él, agarrando su arma otra vez—. Nomás le digo pa’ que no se me agüite después.

Disparó desde donde estaba.
Centro.
Otra vez.

—Le recuerdo que nunca falla, mija. Y ahorita… pues sí falló —dijo sin maldad, pero con el tono típico suyo que siempre conseguía picarme el orgullo.

Desvié la mirada.

—Pero no se me agüite, morrita —añadió con una sonrisita de esas que parecían un peligro emocional—. Así pasa. ¿Qué trae en la cabeza? ¿Qué trae ahora?

—Lo de siempre —respondí encogiéndome de hombros—. Persecuciones, balazos, alguien queriendo matarme, alguien queriendo capturarme, un ruso raro diciendo que me conoce… yo recordándole que no… ya sabes. Martes normal.

Adriel soltó una risa bajita.

—Mia… —otra vez mi nombre—. Yo sé cuando me oculta algo. Nos conocemos desde que andábamos de plebes, morra. Esa carita suya puede engañar a los demás pero no a mí. Cuando finge… se le nota hasta acá —dijo haciendo un ademán amplio con la mano.

Volvió a apuntar.
Volvió a acertar.
Como si nada en el mundo le moviera las manos.

Yo caminé hasta la mesa y empecé a quitarme el cinturón táctico, frustración acumulada en cada movimiento.

—Pos’ ya me dirá o no —agregó Adriel sin verme—. Pero algo trae. Se le nota en la mirada… y en los tiros que no está dando.

—No quiero hablar de eso — aseguré, soltándome la cola de caballo — ¿Y mi hermano? — pregunté.

—El Dante ya sabe que anda con el patrón… y el chamaco ya se regresó a la escuela esa de fifis — me informó Adriel, encogiéndose de hombros.

—¿Regresó a LIKE? — pregunté, sorprendida.

—Pos Vargas y el Ramos lo acompañaron hasta allá, se fueron en la mañana en el avión — aseguró él, encendiendo otra ronda de disparos al blanco.

—Pero si ese lugar lo tiene harto. Vive escapándose — comenté, tomando de nuevo el arma de antes.

—Pos no sé, morra… Pregúntele a su ma’ — dijo Adriel, esquivando el tema con su acostumbrado tono relajado.




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