¿quién soy?

Capítulo 4

Holis, gente bonita.

Hoy tengo mi primera audiencia de conciliación laboral, ojalá fuera como abogada pero todo es anecdota. En fin, antes de que me ocupe, les dejo el nuevo capítulo. Aquí comienza todo, es el capítulo que inicia con la aventura de nuestra increíble protagonista. Acepto comentarios, criticas y cualquier cosa peeero, no aceptamos hate, así que si no les gusta la violencia, el crimen organizado, temas de drogas o alguno similar, por favor no lo lean. Les vuelvo a recordar que no busco romantizar nada respecto al tema, solo es ficción, narrativa y eso no es ningún delito. Se queda en las páginas, eso es todo.

Bueeeeno, disfruten la lectura. Nuevo capítulo cada lunes.

Los tqm.

Tony

Desperté con aún más dolor del que quería admitir. Los medicamentos habían dejado de hacer efecto. Debí haber aceptado la maldita morfina.

Quien sea que hubiera sido el culpable de aquel atentado me las iba a pagar caro. Muy caro. No solo por la bala, también por todo lo que me estaba haciendo pasar.

Intenté incorporarme lentamente, pero las heridas estaban en lados opuestos: costillas del lado derecho y la bala en el brazo izquierdo.

Excelente.

— Mierda… — murmuré apenas al intentar bajar de la cama.

Respiré hondo.

O al menos lo intenté, porque el ardor me atravesó el torso inmediatamente.

— Buenos días, enana — saludó Dante apareciendo en la entrada de mi habitación— ¿cómo sigues?

Levanté apenas la mirada hacia él.

— Me siento como si me hubiera atropellado un tráiler.

Dante soltó una risa.

— Eres la reina del drama… ven acá — dijo acercándose para ayudarme a levantarme de la cama.

— No, no, no, Dante — dije antes de que pudiera tocarme.

— Ni siquiera me he acercado — respondió entre risas.

— Eres un bruto, podrías lastimarme.

— Tony, ni te he tocado.

— Me está matando… el dolor me está matando — exageré dejando caer la cabeza hacia atrás — Mejor dame la maldita morfina de una vez, por favor.

— ¿Te tomaste el medicamento ayer? — preguntó mientras comenzaba a buscar en el cajón del buró.

— Le pedí a Leo que no me diera morfina… me dio otros analgésicos — aseguré mientras sostenía mi costado derecho para poder sentarme mejor.

— Eres bien terca, enana — murmuró mientras abría un frasco y sacaba una píldora.

— ¡Qué ondaaaaa! — anunció Leo entrando a la habitación con una enorme bandeja llena de comida.

Detrás de él aparecieron Felipe y Adriel cargando todavía más bolsas y cajas de regalo.

Fruncí ligeramente el ceño.

— ¿Qué es todo eso? — pregunté mientras tomaba las píldoras y el vaso de agua que Dante me extendía.

— Regalos pa’ la princesa de la casa — respondió mi padre apareciendo en la habitación.

Levanté la mirada inmediatamente hacia él.

— Papá…

— Lo único que me importa en este mundo son ustedes — dijo acercándose apenas — Tus hermanos y tú.

Su voz bajó un poco.

— Y sí… me porté como un pendejo ayer.

El cuarto quedó en silencio.

— Pero eres mi princesa, Antonia… y si algo te pasa, no me lo voy a perdonar nunca.

Lo observé unos segundos.

— ¿Eso fue una disculpa?

Dante soltó una risa bajita a mi lado.

— A los Rubio nos cuesta un chingo pedir perdón… ya perdónalo — murmuró para que solo yo lo escuchara.

No pude evitar reír bajito.

— ¿Y qué hay en las bolsas? — pregunté mirando todo el desastre sobre mi habitación.

— Afuera todavía hay más cosas — aseguró Felipe con una sonrisa.

— Ahorita las metemos, morra — añadió antes de girarse hacia Adriel — Échame la mano, compa.

Adriel asintió apenas.

— Simón.

Ambos salieron y regresaron con todavía más cajas y bolsas. Repitieron el viaje un par de veces mientras yo solo observaba la escena intentando no sonreír demasiado.

Porque aunque fueran unos exagerados… eran mi familia. Los amaba incluso más que a mi vida.

— Wow… ¿cuándo compraron todo esto? — pregunté finalmente.

— Todo esto por una sola mujer… de verdad estamos obsesionados contigo. — dijo Dante burlón.

— Habla por ti, yo sí soy buen primo — respondió Felipe dejando otra caja sobre el sillón.

— Y aún falta lo mejor — dijo Leo con una sonrisa.

Lo miré con desconfianza.

— ¿Mejor?

— Esta noche hay un evento especial en el club… en tu honor — completó.

Lo miré horrorizada.




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