Quiéreme

Capítulo 25

 

Logan se sentó sobre la silla mecedora hecha de mimbre que estaba colocada junto a la ventana, la luz del alba ya comenzaba a perseguir las sombras que antes dominaron en la habitación, y el cuerpo del leopardo yacía de espaldas sobre la cama, respirando con lentitud, sus emociones se habían estabilizado varias horas atrás, pero el dolor persistía y Logan ya sentía las consecuencias de su habilidad, estaba cansado y somnoliento, débil podría ser la palabra correcta.

—Oye Logan.

Levantó la mirada del suelo para ver la taza blanca llena de un café humeante, subió más y se encontró con los opacos ojos azules de Yulian.

—Gracias.

Recibió la bebida con agrado, y aunque lo único que necesitaba realmente era un sueño reparador, Logan no quería dejar de vigilar al amigo de Emmy, ni irse a su cabaña sin saber cómo estaba ella. Tampoco podía, no lo veía correcto, todos andaban de aquí para allá apresurados y tristes, ahogando lamentos y maldiciendo los eventos que llevaron a Conrad a estar inconsciente.

—Oye, quiero agradecerte por lo que hiciste con él.

Yulian se sentó en el suelo a una distancia breve.

—No es nada.

—Claro que sí, no sé lo que le hiciste, pero lo mantuviste en su piel humana, no se volvió salvaje. Conrad es el amigo más leal que he conocido, perderlo sería... Un golpe duro. —Yulian miró con tristeza a su amigo—. Las cosas no serán fáciles para él a partir de ahora.

— ¿Cómo está ella?

El leopardo a su lado se frotó sus ojos, parando las lágrimas, eso no era nada bueno, pero aún con eso Logan esperaba algo alentador, pero su respuesta difería mucho de lo que en su corazón anticipaba.

—No sobrevivió.

Logan llevó sus manos a la cabeza en un intento por no derrumbarse, él había luchado tanto por eliminar el dolor en su sistema, alrededor, pero ahora volvía con más fuerza y vigor que antes, era imposible detenerlo y el lobo ya no quería más, lo único que pedía era echarse en algún lugar a la sombra y descansar.

«Sugar»

Pensar en ella le mantuvo alerta.

— ¿Y Emmy, dónde está ella?

—Llegó hace una hora, regresó en la camioneta de Liam, junto con Alexei y los demás que traían el cuerpo preparado para el ritual de despedida.

— ¿Ritual? —su pregunta sonó demasiado irónica—. ¿Lo harán hoy? Conrad no está bien ahora mismo, asistir al velorio de su pareja podría devastarlo.

—Lo sé, pero no debemos dejar mucho tiempo el cuerpo de Amara sobre la tierra, tiene que ser quemado para dejar libre su espíritu, y lo creas o no, eso le dejará un poco de alivio a Conrad.

—Pero...

Yulian le impidió seguir con su protesta, negando suavemente.

—No te rebanes el cerebro intentando encontrar una lógica a nuestras tradiciones, las cosas en el clan son así, todavía eres un forastero. Nuestras creencias y rituales son extraños para ti porque no comprendes nuestra lógica y pensamiento, y no es necesario que lo hagas, tan solo, respeta y serás respetado.

Logan escuchó la sabiduría en sus palabras, de alguna forma, su manera de expresarse era parecida a la de Arif, reservado pero amable, Yulian tenía casi el mismo temperamento.

—Soy un lobo que vive en un clan de gatos, el respeto nunca lo he visto.

Una sonrisa triste cruzó el rostro moreno del leopardo, y cuando dirigió sus ojos azules hacia él, Logan pudo ver un atisbo de sufrimiento oculto en la oscuridad de sus pupilas dilatadas.

—El respeto no se da, se gana.

Definitivamente, el gato le agradaba, igual que el cocinero ruso, Aiden el muchacho ambiguo, Talia la amable sanadora, e incluso el lugarteniente del clan le gustaba al lobo. Sí, eran toscos y hostiles al principio, pero después comenzaban a ablandarse a medida que se echaba a andar la convivencia. Luego de dar un último sorbo a su café, la dulzura en el aire le advirtió de aquella que golpeaba la puerta. Al entrar, Emmy los saludó con desgano y fue a ubicarse a la orilla de la cama junto a Conrad. Una tristeza firme mezclada con resignación y una rabia asesina se desprendía lentamente, pero ni Logan ni el lobo podían disiparlas, estaban al límite de sus energías, sus sentidos adormecidos, se maldijo a sí mismo por eso. Porque en el momento en el que debía ayudarla, no podía, y se moría de ganas por acercarse y darle algo de consuelo, sabía que dolía, lo podía sentir, él también había sufrido la pérdida tiempo atrás, también estuvo abatido y en ese momento donde el dolor se clavaba como garras en su corazón, necesitó a otro que le ofreciera calor, afecto, consuelo para sobrellevar tan duro momento.

Era lo que un lobo en momento de angustia necesitaba, pero Emmy no era una loba, era un felino, con la independencia marcada a fuego en su piel, siempre fuerte, con su guardia en alto ante cualquiera, Logan no estaba seguro si aceptaría su acercamiento.

—Resiste, amigo —le oyó susurrar—. Ella no querría que la persiguieras en la muerte, tienes que seguir.




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