"Quiero Que Me Quieras"

Cap 20: Serás Mío.

Logan Hared Kaiser.

​Sé perfectamente lo que Violeta busca. No necesita decirlo; sus miradas, sus gestos, lo confiesan todo. Quiere ir más allá, quiere romper las barreras que todavía nos separan. Y aunque una parte de mí se resiste, otra sabe que este es un juego en el que ambos participamos.

​Mi resistencia no nace del rechazo, sino del miedo a perder algo que intento proteger desde que la conocí: mi dignidad. Pero al parecer, he fracasado.

Me siento ridículo. Quiero convencerme de que la única razón por la que ahora me siento vendido es porque juego un juego en el que el premio real es que esos niños estén bien.

​¿Hasta dónde soy capaz de llegar? No lo sé. Pero me alivia saber que Violeta cumple su palabra. Mantenerla contenta y ceder a sus deseos está funcionando.

Debo hacer que me quiera. Debo enamorarla, cueste lo que cueste. Me siento un hijo de puta por eso, pero no tengo otra opción. No puedo arriesgarme a que un cambio de opinión suyo deje a esos niños sin un lugar donde vivir.

​Porque no tengo otra forma de proteger ese orfanato. Ella tiene dinero y poder y eso es lo único que necesita para obtener lo que ella desee. Dicen que cuando tienes pareja, lo que es importante para ella, se vuelve importante para ti. Yo lograré que Violeta vea la importancia de ese orfanato. Haré que sienta empatía por esos pequeños, no solo porque yo se lo pida, sino porque lo entienda por sí misma.

​Ya he descifrado su juego. Sé lo que quiere lograr y cómo piensa hacerlo. Es coqueta, sí, pero verla esforzarse en fingir ser alguien que no es solo para hacerme caer me deja claro que ella también está dispuesta a todo con tal de que me enamore.

​Ella y yo tenemos el mismo objetivo. Tal vez por eso, poco a poco, me siento menos culpable. Solo tengo tres finales posibles para esta historia, y ninguno me gusta del todo:

1. ​Me enamoro de ella y termino destruido. Porque una mujer como Violeta, si no siente lo mismo, no se limita a decirte “no”. Te arranca de raíz. Te deja con la sensación de que nunca fuiste suficiente y te borra de su vida como si nunca hubieras existido.

2. ​Nos enamoramos los dos, pero lo que empezó sucio termina roto. Porque el amor nacido de un juego siempre lleva la mancha de la mentira. Un día, uno de los dos recordará cómo empezó todo, y eso será suficiente para convertir lo que sentimos en veneno.

3. ​No me enamoro, pero consigo que ella me ame. El orfanato se salva, yo me mantengo entero… o eso creo. Porque el día que decida dejarla, voy a convertirme en el tipo de hombre que siempre juré no ser. Y ella, una mujer que sabe usar su poder, me va a hacer pagar por cada segundo que la haya hecho sentir engañada.

​Dicen que cuando juegas con fuego, te quemas. Y sé que, aunque intente evitarlo, la probabilidad de enamorarme de ella es alta. ¿Por qué? Porque creí que tenía definido el tipo de chica que me atrae y Violeta no es una de ellas hasta que empece a convivir más con ella y me di cuenta de algo.

​Los polos opuestos se atraen, así lo dicta la física, y nosotros somos la prueba viviente. Yo soy norte, ella sur: distintos campos, distintas fuerzas. Me irrita su desorden, su manera de desafiar cada regla, pero como en el magnetismo, mientras más intento alejarme, más fuerte es la atracción. Tiene ese jodido encanto que altera mi equilibrio, como si mi brújula siempre terminara apuntando hacia ella. Si no nos hubiéramos cruzado, jamás habría estado con una mujer así.

​No hablo de su belleza, aunque es jodidamente hermosa: su cabello rojizo brilla como fuego indomable y sus ojos tienen ese magnetismo que te arrastra sin pedir permiso. Además, es rica, y las chicas con una cuenta bancaria como la suya jamás se fijan en tipos como yo. No, lo que me desconcierta es algo más profundo: mujeres como ella no suelen mirar a quienes todavía no saben qué hacer con su propia existencia.

​Violeta es el tipo de mujer que pisa firme aunque el suelo tiemble bajo sus tacones. Tiene esa mirada que no duda, esa voz que no pide permiso para ser escuchada. Es inteligente, decidida, estratega… y sabe exactamente cómo mover las piezas para conseguir lo que quiere. No improvisa, calcula. No se pierde, avanza. No espera a que las cosas sucedan, las provoca.

​Ese tipo de mujeres no se detienen a mirar hacia donde hay inseguridad, dudas o miedos. Les atrae la ambición, la certeza, la energía de alguien que sabe lo que quiere y no tiembla al ir por ello. Y yo… bueno, me gusta pensar que tengo salud y buena resistencia aunque pensé en desaparecer muchas veces.

Frente a ella, siento que cualquier paso en falso podría costarme el juego.
​Por eso me sorprende que me haya elegido como objetivo. Porque mujeres como ella no coleccionan casos perdidos; coleccionan victorias. Y si me está mirando a mí, es porque cree que hay algo en mí que vale su tiempo.

​—¿Te alegra lo que hice? —su voz me saca de mis pensamientos. No sé por qué pero después de escuchar la noticia sobre lo que hizo por Lilia, mi primera acción fue besarla.

​Es como si quisiera agradecerle con afecto. Sí, estoy sinceramente agradecido. Lilia es como una pequeña hermanita para mí. Tan solo tiene 6 años y ha pasado por mucho y no haberla podido ayudar como quería me hace sentir terrible.

​—Sí. Estoy muy feliz —respondo con una pequeña sonrisa mientras aún estoy arrodillado.

​—Me alegra saberlo, si estás feliz yo también —. Sonríe de manera coqueta. Sé que miente pero no puedo evitar sonreír más.

​De pronto sus labios vuelven a posarse sobre los míos, toma el cuello de mi camisa y me jala hacia ella de forma que poco a poco se va recostando en la cama conmigo encima de ella.

​He tenido pareja antes, pero nunca crucé esa línea. La respetaba demasiado, especialmente porque ella valoraba la intimidad como algo sagrado, reservado para el momento justo. Y yo respeté eso.

​Pero con Violeta todo es distinto. Ella no espera, no aplaza nada para un "mañana". Quiere el ahora, con toda la intensidad que lleva dentro. Y aunque dude, entiendo que ese también es mi juego. Mi plan, aunque distinto en las formas, coincide con el suyo: hacer que se enamore de mí. No quiero que me elija por venganza ni finja amarme.




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