"Quiero Que Me Quieras"

Cap 21: Marcar

21 de Abril, 2024.

​—Buenos días, cariño —susurró Violeta mientras besaba a Logan suavemente.

Se subió sobre él y, con una chispa de malicia en los ojos, empezó a hacerle cosquillas.

​Eran las nueve de la mañana y, como ya se estaba volviendo costumbre, Logan se había quedado a dormir con ella. Él soltó un gruñido ronco, quejándose ante los movimientos de Violeta que lo obligaban a despertar.

​—Fox, bájate… —le pidió, con la voz pastosa por el sueño.

—No quiero —respondió ella, desafiante.

​—Vamos, Fox, duerme otro rato. —Logan reaccionó con rapidez, jalándola hacia él para acostarla en la cama y rodearla con sus brazos, atrapándola para evitar que se moviera—. Tengo sueño. Diez minutos más, por favor.

—Bien, solo diez minutos —le dijo pues no había prisa.

​Violeta podía sentir la piel caliente de Logan pegada a la suya. A pesar de que en San Francisco el abril todavía era traicionero y frío, ella se sentía acalorada; no estaba acostumbrada a dormir con alguien más y su cuerpo reaccionaba a esa cercanía desconocida. Por eso había elegido dormir solo en lencería; además, sabía que a Logan no le incomodaba, o al menos eso quería creer ella. Ya habían estado desnudos el uno frente al otro; la confianza para tocarse estaba ahí, así que no veía el problema.

​De pronto, el timbre del apartamento rompió la calma. Violeta quitó el brazo de Logan que rodeaba su cintura y se levantó en contra de su voluntad.

​—Ponte tus pantuflas —le recordó Logan sin abrir los ojos. Se había dado cuenta de la mala costumbre que tenía ella de caminar descalza, y el frío del suelo en esta época del año podía enfermarla.

—Ya lo hice —respondió ella mientras caminaba hacia la entrada.

​Abrió la puerta sin preguntar.

—Vaya, qué grata manera de recibirme, Fox —dijo Julián al verla casi desnuda. Sus ojos la recorrieron de arriba abajo sin pudor.

​A Violeta no le importó; no había nada que él no hubiera visto antes.

—¿Qué quieres, Julián? —preguntó seca ante la visita inesperada de su ex.

—Verte, ¿no es obvio? Y tal vez recordar viejos tiempos. ¿No te apetece? —preguntó él, intentando tocarla.

​Violeta fue más rápida y detuvo su mano en el aire.

—En realidad, no. Así que te puedes ir por donde viniste. —Intentó cerrar, pero Julián bloqueó la puerta con el pie.

—Vete, Julián, o te desaparezco—lo amenazó.

—Vamos, Violeta, hay que pasarla bien por última vez…

​—¿No oíste que te dijo que te largues, idiota? —La voz de Logan se hizo escuchar fuerte y seria.

Logan colocó la bata de seda sobre los hombros de Violeta y le anudó el cinturón con firmeza. Luego se puso delante de ella, bloqueando la vista de Julián. Logan seguía sin camisa, mostrando una presencia física que pretendía intimidar o al menos eso esperaba él.

—Vete.

​—Kaiser, no sabía que estabas aquí.

—Ahora ya lo sabes. Largo.

—Qué pena que hayas escuchado mi propuesta —dijo Julián con una sonrisa cínica—. Verás… tenemos historia. Eso no desaparece de la noche a la mañana.

​—Entiendo que no la puedas superar, pero ella ya pasó página. Solo faltas tú —replicó Logan con frialdad.

​Julián apretó los puños, forzando una sonrisa, pero Logan no cedió. Tenía la mandíbula apretada y la vena de su cuello se marcaba por la tensión.

—Si nos permites, estábamos haciendo algo —remató Logan.

​—Nos vemos luego, preciosa. Adiós, Kaiser —se despidió Julián con ironía.

​Logan le azotó la puerta en la cara con un estruendo que resonó en todo el apartamento. Al voltear, se encontró con Violeta, quien lo observaba con una sonrisa egocéntrica.

—¿Qué tienes, cariño?

​—¿Se puede saber por qué saliste así a la puerta? —le preguntó Logan aunque después se dio cuenta que había sonado como un reclamo y se dio un golpe mental.

—Porque quise. ¿Qué tiene? Él me vio más de una vez desnuda. ¿No creerás que nunca follamos, o sí?—dijo sin vergüenza.

​—Eso fue hace tiempo mientras salían. Ahora ya no.

—¿Acaso estás celoso, Kaiser? —preguntó ella, disfrutando de verlo así.

—¿Qué? No. Por supuesto que no. ¿Por qué lo estaría?

—Porque eres mi novio.

​Violeta sabía que no eran celos nacidos de sentimientos profundos, sino de puro ego masculino. Según los consejos de su amiga Olivia, ningún hombre aceptaba que su pareja fuera deseada por otro; era un golpe directo a su orgullo, aunque no hubiera amor de por medio.

​—¿Qué quería? —insistió Logan.

—Revivir viejos recuerdos. Una despedida —soltó ella con indiferencia.

​—¿Despedida? Que chingue a su madre —soltó Logan en español.

​La cargó bruscamente, tomándola por sorpresa, y la llevó de vuelta a la habitación.

—¿Qué? ¿No te gusta la idea? Mira que yo también tengo necesidades —lo provocó ella. Olivia le había enseñado que si un hombre ya estaba celoso, debías empujarlo un poco más para obtener una reacción.

Y ella moría por ver qué hacía él.

​—Puedes satisfacerlas, pero no con él. Ni con ningún otro —sentenció Logan antes de besarla con una intensidad que la dejó sin aliento. Cuando se separó, su tono volvió a ser de mando—. Cámbiate. Es hora de desayunar.

​Violeta protestó internamente; creyó que por fin él se animaría a ir más allá.

—¡Oye! —le gritó molesta cuando él la soltó—. Creí que…

—¿Qué? ¿Que haríamos algo más? Eso te pasa por molestarme —sonrió de lado, mirándola con burla antes de darse la vuelta.

—¡Idiota! —le gritó Violeta, lanzándole una almohada a la espalda mientras él salía de la habitación—. ¿Cómo puedes dejarme así? Tengo necesidades. Y si me provocas, no esperes que mi cuerpo no reaccione. Es un estúpido… ¿desde cuándo se toma esas confianzas? No me quejo, pero no puede usarlas conmigo si después me deja así.

Gritó furiosa, como una niña a la que le habían negado un dulce; como alguien a quien ilusionaron con un juguete para luego no comprarle nada.




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