"Quiero Que Me Quieras"

Cap 25: Entrégame tu corazón

"Cuando el deseo entra por la puerta, la nobleza muchas veces salta por la ventana".

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Olivia Lee.

...

Lunes 22 de Abril 2024.

Las luces del apartamento estaban encendidas, cortando la penumbra del pasillo.

Por lo que deduje que Josh ya estaba aquí.

Me deshice de los tacones con un gesto seco, dejando que cayeran sobre la alfombra sin importarme el orden. Mis pies agradecieron el contacto con las pantuflas.

El silencio de este lugar siempre me resultaba extraño; no había parloteo incesante de los asistentes de vestuario, ni el zumbido de los motores de los tráileres de producción.

Solo el sonido de mi propia respiración.

Caminé hacia mi habitación mientras me soltaba el cabello, sintiendo el peso de la jornada caer sobre mis hombros. Pero la fatiga se esfumó en un segundo cuando la puerta del baño se abrió de golpe.

Josh salió envuelto en una nube de vapor, secándose el cabello con una toalla pequeña. Se detuvo en seco al verme. Llevaba el pantalón de dormir negro peligrosamente bajo en la cadera, dejando a la vista la línea de sus abdominales que se perdía bajo la tela. Gotas de agua todavía resbalaban por su cuello y se deslizaban por su pecho desnudo.

No llevaba camisa. Y yo no tenía la más mínima intención de apartar la mirada.

Mis ojos recorrieron cada centímetro de su torso, desde la clavícula hasta la curva de su cintura. Sonreí. El día estaba terminando mucho mejor de lo que esperaba.

Él se tensó tanto que pude ver cómo sus músculos se marcaban bajo la piel húmeda.

-Señorita Lee... yo... -su voz se quebró-. Pensé que llegaría mucho más tarde.

Dio un paso hacia atrás, casi tropezando, y bajó la vista al suelo con rapidez. Como si mirarme fuera un pecado o un error que no podía permitirse.

-¿Por qué te pones así cada vez que entro en una habitación, Josh? -pregunté, avanzando hacia él con pasos lentos-. Empiezo a creer que te provoco miedo.

-No es miedo -respondió, todavía hablándole a mis pies.

-Entonces mírame. Es una orden.

Josh tragó saliva. Lo vi dudar, pero finalmente levantó la vista. Sus ojos se clavaron en los míos apenas un segundo antes de que sus pupilas se dilataran y volviera a esquivarme. El rojo de sus mejillas empezaba a extenderse por su cuello.

-Eres adorable cuando te pones así -solté una risa suave, deteniéndome a escasos centímetros de él.

-No se burle de mí. No es gracioso.

-¿Quién dijo que me estoy burlando? -Llevé mi mano a su pecho. Estaba caliente, todavía húmedo por la ducha. Sentí su corazón golpeando con violencia contra mi palma.

Él contuvo el aliento. Se quedó petrificado ante mi tacto.

-Tu corazón va a salirse de tu pecho, Josh -murmuré, deslizando mis dedos hacia arriba, sintiendo la textura de su piel-. ¿Tanta ansiedad te genera tenerme cerca?

-Es que... usted no debería estar aquí. No así -logró decir.

-Estoy en mi apartamento. Y tú eres mi novio. ¿Lo olvidaste? -Me acerqué un poco más-. ¿Sabes algo?, me cansa la gente que intenta impresionarme, Josh. Todos los hombres que conozco actúan como si fueran los dueños del mundo cuando estoy frente a ellos. Tú, en cambio, pareces estar sufriendo una tortura cada vez que te toco.

Josh cerró los ojos y apretó los puños. Sabía que estaba luchando por no reaccionar, por mantener esa barrera de respeto que tanto se empeñaba en levantar entre nosotros. No entendía por qué me obsesionaba tanto romperla, pero verlo así, desarmado y vulnerable bajo mi mano, me generaba una satisfacción adictiva.

-¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti? -le pregunté, bajando la voz.

Él no respondió solo se giro dándome la espalda, lo rodee para quedar nuevamente cara a cara.

-Que no intentas agradarme ni conseguir algo de mí. Con el resto del mundo tengo que ser la versión editada de Olivia Lee. La actriz perfecta, la mujer de las portadas, la fantasía que todos quieren consumir. Pero tú... tú me viste siendo yo misma y no intentaste sacar provecho de ello.

Di un paso más, invadiendo su espacio de manera agresiva. Josh retrocedió por instinto hasta que la parte posterior de sus rodillas chocó contra el borde de la cama.

-Señorita Lee... está demasiado cerca -advirtió.

-¿Y eso es un problema?

-Lo es para mí. Usted no tiene idea de lo que está haciendo.

Sonreí de lado. Me gustaba esa chispa de resistencia. Apoyé una rodilla sobre el colchón, acorralándolo contra el respaldo de la cama, obligándolo a quedar atrapado entre mi cuerpo y el mueble.

-Entonces enséñame, Josh. Muéstrame qué es lo que tanto te asusta de tenerme a centímetros de tus labios.

Él desvió el rostro, pero yo llevé mi mano a su mandíbula, obligándolo suavemente a mirarme.

-¿Q-qué es exactamente lo que quiere lograr con todo esto?.

Sonreí para mis adentros. Él no era tonto; se había dado cuenta de que mis intenciones habían mutado. Ya no se trataba solo de limpiar el desastre mediático que yo misma había provocado, ahora había algo mucho más personal en juego.

​Lo que inició como un juego perverso, una distracción necesaria para escapar de la asfixia de mi propia perfección, se había transformado en algo que no figuraba en mis planes. Me gustaba.

Y me gustaba de una manera que no podía editar, ni recortar, ni controlar a mi antojo. Era una atracción visceral, casi violenta, que me arrastraba hacia él como si fuera un imán y yo un simple trozo de metal a la deriva. Sabía que apenas nos conocíamos, que lo lógico era llamarlo simple deseo físico, pero había algo en su forma de mirarme que me hacía dudar de mi propia lógica.

​En ese momento, las palabras que le había dicho a Violeta regresaron a mi mente para darme un golpe de realidad: "No está bien jugar con los sentimientos de los demás".

​Qué hipócrita me sentí.

​Ahí estaba yo, viéndolo tan vulnerable, tan desarmado y real frente a mí, consciente de que estaba usando cada gramo de mi poder y mi influencia para acorralarlo en su propia timidez. Estaba haciendo exactamente lo que juré que no haría. Pero, a diferencia de todos los guiones que había interpretado, esta vez quería hacerme responsable de las consecuencias. Si iba a incendiar su mundo, quería quedarme entre las llamas con él.




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