"Quiero Que Me Quieras"

Cap 26: Deseos

🔞 Advertencia

El siguiente capítulo contiene contenido para mayores de 18 años. Se recomienda la lectura a un público adulto o con la madurez suficiente para abordar los temas tratados.
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LOGAN HARED KAISER...

—Nos vemos mañana —dijo el profesor en cuanto la clase terminó.

Regresar a la universidad después de tanto tiempo me traía una sensación extraña. Ser mayor que el resto de mis compañeros me resultaba incómodo, una barrera invisible pero constante entre ellos y yo.

—¿Irás a la biblioteca? —me preguntó Dante, acomodándose los lentes. Lo había conocido esa misma mañana, en la primera sesión.

—Ignora a este nerd, mejor vamos a tomar algo en cuanto terminen las clases —propuso Emilio, su mejor amigo—. Los exámenes están encima y necesito relajarme.

—Gracias, pero paso. Tengo que trabajar —respondí mientras guardaba mis libros en la mochila.

—¿Entonces la razón por la que sales antes que todos es esa? —preguntó Emilio, extrañado.

Asentí con una sonrisa ligera.

—Vaya, eso es demasiado.

—Falta una hora para que se reanuden las clases, yo sí iré a la biblioteca —insistió Dante.

—Vamos, hermano, relájate un poco —le reclamó Emilio.

—Tú puedes hacerlo, pero mi lugar en esta universidad depende de mis calificaciones, así que no tengo opción.

—Está bien, voy contigo —cedió
Emilio.

Los tres salimos al pasillo, y las miradas del resto de los estudiantes no tardaron en caer sobre nosotros.

El ambiente se volvió denso de inmediato.

—Vaya, si antes ya me miraban raro solo por juntarme con Emilio, ahora es mucho peor —comentó Dante en voz baja—. Parece que camino con una celebridad.

—Es por Logan —sentenció Emilio.

—No soy ninguna celebridad —dije, acelerando el paso.

—Pero el noventa y nueve por ciento de la universidad sabe que eres el novio de Violeta Fox.

Tenía razón. Desde que puse un pie en el campus, la mayoría me observaba; algunos con curiosidad y otros con un desprecio evidente.

Estudiar en una universidad privada llena de hijos de empresarios y políticos no facilitaba las cosas. Para ellos, yo solo era un tipo corriente que había tenido la "suerte" de conseguir una novia millonaria que le costeara los estudios. El apodo no había tardado en circular por los pasillos: "el Ceniciento de Fox".

—Hey, chicos, ¿a dónde van? —preguntó una rubia que se interpuso en nuestro camino, acompañada por dos chicas más.

—Patito, qué bueno verte. Voy con Dante a la biblioteca, ¿por? —respondió Emilio.

—No me digas Patito. Dime Patty o Patricia, ¡pero no Pato! —se quejó ella, cruzándose de brazos antes de mirar atrás.

—¿Podemos ir con ustedes? —intervino la pelinegra que venía con ella.

—Claro, vamos —dijo Emilio.

—¿No nos vas a presentar? —insistió Patricia, fijando los ojos en mí.

Emilio soltó una risa seca.

—Ya decía yo que era raro que me hablaras por iniciativa propia. En fin. Logan, ella es Patricia, la hija del gobernador. Patricia, él es Logan. La pelinegra es Amara, su padre es el director de la universidad, y la castaña es Riahna, su hermana.

—Mucho gusto, Logan —Patricia me extendió la mano con una sonrisa.

—Igualmente. Un gusto conocerlas también —respondí por educación, saludando a las otras dos con un asentimiento.

—¿Entonces iban a la biblioteca? —preguntó Riahna.

—Sí —confirmó Dante.

Mi celular vibró en el bolsillo del pantalón. Intenté sacarlo, pero el brazo de Patricia se enredó firmemente con el mío, deteniéndome.

—Por favor, no hagas eso —le dije, zafando mi brazo de su agarre de inmediato.

—Perdón, es la costumbre —respondió ella, aunque no pareció afectada.

—Entiendo, pero no lo vuelvas a hacer —me alejé un paso, marcando distancia.

—¿Tu novia se enoja? —preguntó con una pequeña risa de suficiencia.

—Sí, y mucho —respondió una voz fría a mis espaldas.

Un par de brazos rodearon mi cintura desde atrás, pegando mi espalda a su cuerpo.

—Así que mantén tus manos lejos de mi chico —ordenó Violeta. Me soltó, dio la vuelta para pararse frente a mí y, tomándome del cuello, me plantó un beso frente a ellos.

Cuando se separó, sus ojos se posaron en Patricia.

—¿O si no qué? —desafió Patricia, sosteniéndole la mirada.

Violeta dio un paso hacia ella, con los puños cerrados. Conocía ese temperamento; no iba a discutir, iba a destrozarla.

Antes de que la situación pasara a mayores, la tomé por la cintura con firmeza, la levanté y la cargué sobre mi hombro como un costal de papas.

—Bien, chicos, me tengo que ir. Mi chica vino por mí. Hasta mañana —les dije a Emilio y a Dante.

—¡Logan Hared Kaiser, bájame ahora mismo, idiota! —gritó Violeta, golpeándome la espalda con los puños, completamente furiosa.
Empecé a caminar por el pasillo central, ignorando los murmullos y las expresiones de sorpresa de los alumnos que se apartaban a nuestro paso.

—Calma, pelirroja, o te vas a caer —le advertí, asegurando el agarre en sus piernas.

Crucé la salida principal hacia la zona del estacionamiento reservado, donde su auto destacaba frente a la entrada. Abrí la puerta del copiloto, la dejé sobre el asiento y rodeé el coche para subir al lugar del conductor. Una vez dentro, cerré la puerta y me giré hacia ella. Violeta respiraba de manera agitada, con el rostro encendido por la rabia.

—¿Qué pasa? —le pregunté.

—Ni en la universidad puedo dejarte solo sin tener que preocuparme por quién intenta quedarse con lo que es mío —soltó, apretando los dientes.

—No es lo que crees.

—¿Crees que soy estúpida? Esa zorra quería coquetear contigo, vi perfectamente cómo te tomó del brazo.

—Basta, celosa —le tomé la nuca, obligándola a mirarme de frente—. Podrá haber millones de chicas ahí fuera, pero yo solo te soy fiel a ti. No deseo a nadie más.




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