Trabajo.
Hoy me han despedido. Es extraño el sentimiento, pues aunque me siento un poco tranquilo, me siento muy agobiado por qué haré en mi futuro. Con el tiempo he perdido el interés en hacer las cosas que me gustan; el jugar me aburre, el ver me da sueño, y el pensar me hace olvidar.
Tengo miedo de estar perdiendo la razón. Hay veces que escucho una voz, es muy tenue y casi sin esencia, y aunque no siempre me habla, siempre dice lo mismo: Mi nombre.
Supongo que es normal estar asustado por esto, pero me siento bien cuando él dice mi nombre, me siento feliz cuando ella me llama y me siento contento y con ganas de algo nuevo cuando ella se acuerda de mí.
Ya son las 4 de la mañana y aún no duermo. Supongo que me da miedo despertar y que todo sea cierto. Muchos pensamientos me sobrepasan en este momento. Trato de pensar qué es lo correcto, pero siempre he sido un cobarde, jamás he tomado una decisión tan valiente.
Mi madre me ha visitado y ha sido lo mismo de siempre. Me ha hablado por dinero, me habla por ingresos. Aunque le he dicho que ya no puedo, pues no tengo empleo, he visto en su cara una imagen que refleja asco.
Vi esa imagen cuando a los 15 años le dije con emoción: "Madre, deseo buscar de Dios, quiero bautizarme". Mi mente quería ver una sonrisa, quería ver que estuviera orgullosa, pero todo lo que vi fue asco, una mirada de decepción. No sabía cómo formular palabra. No dije nada y simplemente me fui a mi habitación pensando si alguien como yo no merecía el perdón de Dios. No me parecía raro el pensar que Dios no me quería. Siempre he sido consciente de su existencia, aunque nadie me lo ha cuestionado, y aunque mi mente ha dudado, sabía que existía. Pero eso no significaba que no había peleado con él.
Cuando tenía 13 años, peleé con Dios, peleé conmigo mismo por no ser suficiente. Culpé a Dios de todos mis errores y, mientras gritaba en mi silencio, me decía a mí mismo: "Cállate, no pienses más, no hables más. Él se enojará contigo, él te abandonará, no lo cuestiones, pues él te dejará". No me escuché y seguí hasta cansarme de tanto llorar. Sentí cómo él me dejaba y, en lugar de correr a buscarlo y tratar de rogar perdón, mi cuerpo se negaba. Quería golpearlo donde le dolía, donde yo le decía que ya no, que ya no le quería. La única forma de hacer que un Dios se entristezca es diciéndole que ya no le amas.
Después de gritar tanto en mi silencio, me di cuenta de mis palabras, de aquello que había salido. Lo había logrado. Pedí perdón durante mucho tiempo, pero no recibí respuesta y ahí fue donde me di cuenta de que incluso a Dios le había lastimado.
-
con el recuerdo de mi pelea y con mi presente me hacia pensar que mas puede salir mal, qué sentido tiene intentar todo denuevo si ya se como termina, con migo llorando conmigo rogando conmigo pidiendo y suplicando por una maldita segunda oportunidad porque tenía que intentar de nuevo para que al final todos los demás tuvieran otra oportunidad para burlarse de mí, estaba cansado tan cansado que solo quería dormir y dormir y luego volver a dormir.
he estado pensando qué haría diferente si pudiera vivir mi vida denuevo y he pensado que vida tan aburrida seria una vida donde me quedaba en casa para evitar ser avergonzado una vida donde en lugar de abandonar a las personas que quería me hubiera quedado con ellas, en serio después de tanto tiempo me estaba arrepintiendo de algo como esto?
- jajaja-
no pude contener la risa, enserio era tan gracioso el hecho de que estaba arrepentido de algo como eso, cuando yo fui el único quien decidió abandonarlos, pues me di cuenta que no podía culpar a nadie más que a mi mismo por las tragedias pasadas y aunque eso realmente me tranquilizo hizo que un odio naciera hacia mi persona.
simplemente odio todo.Todo me resulta simplemente odioso.