Química Irresistible ©

Capítulo 10

 

Capítulo 10: Sentimientos Encontrados.

 

MICAH.

 

La cara de Rosie es un poema en estos momentos. El desconcierto brillando en cada una de sus facciones. Oh, caperucita. Solo bromeo. Sin embargo, la idea de permitirle subir a mi camioneta apestando a orina no me agrada en lo absoluto.

Ella arruga la nariz demostrándome la confusión en el marrón de su turbia mirada. Una risita abandona mis labios entreabiertos.

—Ya, Rosie. Solo bromeo. No es para que te desmayes —me burlo estirando la comisura de los labios.

Ella se concede unos cuantos minutos para asimilar lo que acabo de decir. Procede a torcer los labios en una mueca y termina de abrir la puerta de la camioneta. Sube con cuidado sin mirarme y pareciera que algo ha cambiado entre nosotros ahora.

Sigo sin poder creerlo. La he besado hace minutos atrás. Nos hemos besado hace minutos atrás porque ella me ha respondido, lo que quiere decir que ha querido besarme. El deseo de besarnos ha sido mutuo. ¿No?

Sé que no debería haberla besado en primera instancia. Es decir… ¡Tengo novia! ¡Kiara es mi novia! ¡Es mi jodida novia! ¿Esto cuenta como engaño? ¿La he engañado? Mierda.

Por lo visto, estoy cometiendo los mismos errores que Sara. Eres un perro, Micah. Exactamente igual que mi madre. No. No. No. Esto está mal. Yo no debería haber hecho eso… no debería. Además, estamos hablando de Rosie Hamilton. Ella me detesta. Yo no la quiero mucho. Somos polos opuestos…

Todos los polos opuestos se atraen… No nosotros. Rosie es como el aceite y yo soy como el agua. Rosie es la noche; yo soy la mañana. Rosie es como el sol y yo… soy como un cono de helado.

¿Quieres decir que te derrites por ella? ¿Huh?

Oh, por favor. No.

Saliendo de mi ensimismamiento, procedo a subir en el asiento del piloto. No sé ni qué hora es pero la anchura del cielo ha comenzado ha esclarecerse. Calculo que son alrededor de las cinco y media de la mañana; y debo estar para la clase de humanidades a las siete. El silencio nos consume a medida que transitamos por las avenidas desoladas. Olemos a infierno pero no planeo decir nada al respecto. Ella tiene razón; después de este día todo retomará su propio cauce. Rosie seguirá siendo insoportable como siempre y yo seguiré diciendo cuan insoportable me parece.

Han sido unas agradables siete horas en las cuales hemos apartado nuestras diferencias. No puedo creer que estés considerándolo en serio. Siento el teléfono celular vibrar en el bolsillo de mis pantalones, entretanto conduzco le echo un rápido vistazo a la pantalla para identificar a la persona. Solo es Mikhail. Le echo una efusiva mirada de refilón a Rosie y… está dormida. Está sorprendentemente dormida; con los parpados cerrados y la boca ligeramente entreabierta. Un rubor rosáceo se extiende en sus mejillas con superficialidad y noto sus largas y rizadas pestañas descansar con suavidad sobre sus pómulos. Es tan tierna mientras duerme. Me mordisqueo el labio. ¿Por qué demonios pienso en lo tierna que luce mientras duerme? No debería lucir dulce… debería ser un desastre llenando de baba los asientos pero no es el caso.

¡Se ve malditamente irresistible mientras duerme!

¡Y malditos sean estos pensamientos inconexos!

Su pecho sube y baja con parsimonia. Puedo percibir el pesado sonido de su respiración, y aunque hiede a orina, siento el impulso de acariciar su piel para comprobar la suavidad que aparenta la misma.

Enfócate, Micah.  Piensa en Kiara. Sí, eso es. Debo pensar en Kiara. Mi novia.

Rosie balbucea unas cuantas palabras mientras duerme.  No consigo interpretarlo hasta que aumenta el tono:

—No te odio, lobo. —balbucea. Se remueve y vuelve a pasarse las manos sobre las mejillas, aún dormida.

¿Lobo? ¿Quién demonios es lobo?

Además de Jacob no conozco  a ningún otro lobo.

Pienso en despertarle cuando el semáforo cambia a verde, y vuelvo a concentrarme en conducir hasta el campus. Son alrededor de las seis de la mañana cuando aparco la camioneta en el edificio de los chicos. Apago el motor y aparto el cinturón de seguridad de mi pecho desnudo. El frío me envuelve pero eso es lo de menos ahora.

Enfoco a Rosie. Sigue dormida. Sigue luciendo… ¡Ya basta, Janssen!

Procurando ser cuidadoso, coloco mis dedos sobre su brazo. Deslizo mi dedo índice desde la piel desnuda de su hombro trazando una imaginaria línea recta hasta su muñeca. Joder. ¡Es tan suave! Muero por besar su piel…

De improviso, sus ojos se abren como dos par de pelotas de tenis. Me enfoca en medio de ellos y pareciera que algo hace clic en su cabeza puesto a que se aparta de pronto.

—¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! —dice alterándose. Se frota el cabello y luego ataca sus parpados sin contemplación. Pienso en pedirle que se detenga pero me muerdo los labios para contenerme—. ¿Qué hora es? —demanda.

—Son las seis, Rosie…

Me interrumpe soltando un graznido antes de quitarse el cinturón de seguridad con torpeza. No paso por alto el hecho de que las manos le tiemblan y parece estar evitando mi mirada. Separo los labios con la intención de decir algo cuando vuelve a mirarme con solemnidad esta vez.




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