QuizÁ En Otra Vida

CAPÍTULO 36

Pasó un tiempo desde aquel incidente. No volvimos a hablar de lo acontecido porque sinceramente me daba un poco de miedo el aceptar que la persona que amaba era capaz de hacerme sentir en el cielo cuando me mostraba su lado más sublime y a su vez, hacerme ver el infierno al deshacerse de maneras nada gratas de gente indeseable en este mundo.

Todo estaba más tranquilo de lo habitual, ya no había más muertes inesperadas, tampoco supimos más del viejo Satish, supongo porque no tenía cómo encontrarnos. Quise olvidarme de todos los problemas (o ponerlos en pausa) para que en nuestras semanas de paz mamá pueda conocer más a Zac y así lo hizo, se podría decir que compartimos tiempo de calidad juntos "en familia", el porqué de las comillas es porque para ser "familia" sólo hacía falta algo : CASARNOS.

Unir mi vida en matrimonio al hombre que amaba suponía un gran dilema ¿Debía seguir esperando que vuelvan a aparecer los destripadores para acabar con ellos y al fin Zac pueda hacer su conversión? o ¿estos ya se habían ido para siempre? por una u otra razón la presión de mamá para casarme y más que eso mi amor infinito por mi chico y el deseo de ser al fin suya en todos los sentidos me embargaba completa y totalmente.

Ivy aún seguía en la ciudad, estábamos esperando alguna señal de los tipos malos para actuar y cuando se haya acabado todo ella pueda regresar a su natal Alemania. Por supuesto, se mantenía al margen de nuestra relación, era obvio porque el verme con la persona que había compartido su vida y todo en ella le dolía hasta las entrañas y más que eso.

En vista de lo mencionado antes (la tranquilidad en Varanasi) opté por hablar con Zac para en la siguiente luna llena poder hacer la conversión y esa misma noche casarnos.

Ya en la casa de Zac:

-No podemos casarnos aún niña, si ellos aparecen y yo dejo de ser lo que soy, ya no podré protegerte- se levantó del sillón ofuscado.

-Pero amor yo la verdad no creo que vuelvan a aparecer después de lo que le hiciste a uno de ellos, creo que el mensaje fue más que evidente- le agarré el brazo para sentarlo de nuevo- además yo quiero ser tuya en todos los sentidos- busqué su boca.

-Yo también lo deseo querida niña, lo deseo más que a nada- cerró los ojos mientras susurraba en la comisura de mis labios- quiero que seas mi mujer en todo en sentido de la palabra y poder cuidarte hasta envejecer juntos y más- me besó el rostro mientras acariciaba mi cabello.

-Entonces hagámoslo, nada será más fuerte que lo que sentimos Zac y si en algún caso algo sucediera Ivy nos ayudaría, ella podría acabar perfectamente con toda esa gente y tú más que nadie lo sabes- solté eufórica mientras le plantaba un beso.

-Ay niña- esbozó una sonrisa- tú eres la única que me pone nervioso y ansioso a la vez- suspiró.

-¿Entonces?- le dediqué una mirada de gatito bebé.

-Entonceeees... ¿Será por tu religión verdad?- se agarró el mentón fingiendo pensar.

-¿Es un sí? sí, SÍ, SIIIIIIÍ- salté de emoción.

-Pronto serás mi esposa Alisha Panwar- me tomó por la cintura y pegó mi cuerpo al suyo para abrazarme con fuerza mientras respiraba de mi aroma.

La siguiente semana pasamos planificando la boda, al no tener amigos ni familiares decidimos reducir a un día el proceso del casamiento ya que, en mi país las bodas pueden durar hasta cinco días según nuestra cultura y costumbres. En este caso, sólo éramos Zac, mamá y yo. Ivy no quiso asistir por el dolor que suponía ver a la persona que ama, uniendo su vida a otra.

Ya estaba todo listo, mamá había conseguido a un pandit para casarnos. En mi cultura un pandit pertenece a la casta más alta (brahman) y en su mayoría son sacerdotes que guían a los novios en los rituales de su boda. Por la noche la luna llena estaría en su apogeo y eso sólo significaba una cosa: Convertir a Zac a un humano de nuevo y que deje atrás todo a lo que ya estaba más que acostumbrado.

Mentiría si dijera que no estaba nerviosa y asustada. Una sensación de ansiedad recorría mi estómago, aún era irreal para mí todo lo que estaba pasando y el proceso en cómo debía transformar a mi amado a un mortal. Quedamos en encontrarnos quince minutos antes de la medianoche en el Ganges. Al llegar Zac me esperaba en un pequeño bote, realmente lucía hermoso iluminado sólo por la luz de la luna llena; su piel resplandecía, sus labios se tornaron rojos escarlata con un brillo especial y sus pupilas estaban más grandes de lo normal, tenía en la mirada una dosis de melancolía (supongo porque en minutos su cuerpo volvería a envejecer con el tiempo y dejar su antigua vida atrás) y una sonrisa sincera que me invitaba a confiarle mi existencia entera.

Subí al bote y juntos remamos hasta un punto lejano apartados de la ciudad y todo terreno firme. Zac dejó de remar y tomó su último aliento inmortal antes de decirme estas palabras:

-Querida Alisha, tú mi primer amor desde mi primera vida en la tierra, te entrego hoy mi inmortalidad para que alimentes nuestro amor que si bien nuestros cuerpos tendrán fecha de caducidad, nuestras almas seguirán en un viaje infinito del ya nunca jamás: nunca jamás separarnos, nunca jamás dejarnos, nunca jamás perdernos otra vez- su voz se puso ronca y entrecortada- y aún pasase cualquier desafío en donde quiera que estemos juro por mi alma que siempre buscaré la manera de estar a lado tuyo que es donde pertenezco. Eres mi bien, eres mi amanecer, mi anochecer, mi principio y mi final, ERES MI HOGAR. Hoy debajo de la esta luz de luna llena y en presencia de nuestro creador, el universo y todo lo que habita en él te quiero decir que TE AMO, estoy profundamente enamorado y perdido en ti Alisha Panwar.

Al escuchar aquellas palabras me quedé muda y en silencio, sólo lágrimas brotaban de mis ojos al sentir ese amor tan profundo que el hombre al frente mío sentía por mí, era un amor estremecedor, su declaración de amor estremeció mi alma. Lo miré fijamente, sabía que él podía leer mi mirada, mis ojos gritaban que lo amaba más que a nada, más que a nadie, incluso más que a mí misma. Me acerqué a él, lo tomé con ambas manos por el rostro y le dediqué el beso más delicado y sincero que pude darle. Acto seguido sabía lo que debía hacer para concluir con la conversión. Tomé su mano y sin pensarlo ni dudar hice lo que me explicó alguna vez. Zac dejó de ser inmortal, ahora era uno más de nosotros.




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