—Zaf, ¿vas a ir al cumpleaños de Lilith? —me preguntó Sara, mi mejor amiga.
—No lo sé. Aun no le he dicho nada a mis padres. —le conteste mientras recogía mis libros del escritorio— ¿Por qué?
—No, por nada —titubeo
—Vamos, dime. No me estas preguntando solo porque sí.
Salimos del aula y empezamos a caminar por el pasillo hacia los casilleros.
—Es que Lilith me pidió un favor…
Lilith y yo no nos llevamos bien. Desde pequeñas hemos tenido cierto conflicto, y la verdad, no tengo ni la menor idea del por qué.
Siendo sincera siempre me ha fastidiado su actitud. Es la típica niña de papi y mami, es caprichosa, creída, se cree la reina de la escuela, cree que todos los chicos del pueblo están enamorados de ella. Y la gente no hace sino subirle los humos ya que quieren estar con ella. Y no precisamente por ser una muy buena amiga y persona (es lo último que ella seria) sino por su dinero, el estrato y las reuniones que hace en su casa de la manera en la que no todos haríamos (casi nadie)
Independientemente de lo mal que me cae, yo nunca he hecho nada en su contra. Yo prefiero ignorarla y hacer como si no existiera.
Por su lado, ella si se esfuerza en hacerme saber que tenemos una ‘’guerra’’.
Guerra que por supuesto solo sufre ella. Porque por mi lado ella es invisible (creo que eso es lo que más le duele)
Después de esta pequeña introducción, ahora me pregunto yo… ¿Por qué me invito a su fiesta?
Cosa que por supuesto ya me contesto Sara.
Quería un favor. Y creo que ya sé por dónde viene esto.
—NO —dije sin siquiera dejarla hablar.
—Zaf, por favor. Lilith me invito a cambio de ese favor. Incluso te invito a ti, ¿Qué te cuesta? —se quejó.
Sara era mi mejor amiga desde que tengo siete años, y desde entonces hemos sido inseparables.
Inseparables, hasta que Sara decidió querer ser aceptada por los demás y empezó a juntarse con Lilith y su grupito.
—Sabes perfectamente que me interesa muy poco asistir a esa fiesta, ¿o por qué crees que no le he pedido permiso a mis padres? —Cerré mi casillero y empecé a caminar hasta el comedor.
—Pero me podrías hacer el favor y ya, tu sabes que si por mi fuera lo haría —me siguió.
—Tú lo puedes hacer. Ni que te fuera a morder.
—Zaf, a mí no me dejaría ni hablar.
—¿Y qué te hace creer que a mi si? —llegamos al comedor y nos formamos para recibir la comida.
—Zaf, todos aquí sabemos que tú eres la única persona a la que él le presta atención.
—Me detesta Sara, y lo sabes. El solo me presta atención porque sus padres lo obligan. Quieren que tengamos buena relación ya que nuestros padres son amigos y saben perfectamente que no nos soportamos.
Nos sirvieron la comida y procedimos a sentarnos en los comedores, los cuales estaban llenos y solo estaba disponible el que estaba cerca de la basura.
—Sea la razón que sea te escucha, y no le tienes que rogar, solo le mencionas la fiesta y ya está. Mira ahí viene —se emocionó.
Erik Jones…