Quiza En Otra Vida

CAPITULO 3: MEJORES AMIGOS

Desde ese día nuestros padres se volvieron amigos y les nació una obsesión por hacer que nosotros también lo fuéramos.

Esa primera cena no terminó tan bien que digamos. Mientras nuestros padres hablaban y reían. Erik no hizo sino sacarme la lengua y yo, por supuesto, sacársela también.

Todo iba normal hasta que decidieron obligar a Erik a llevarme a su habitación para jugar y a mí a acompañarlo. Ninguno de los dos queríamos estar con el otro.

Al subir él se sentó en su cama con los brazos cruzados sobre su pecho y el ceño fruncido. Yo me senté en una sillita que había allí y observé su cuarto. Había muchos juguetes de niños, muchos carros, muchos súper héroes. Ninguno dijo nada por mucho tiempo, hasta que el rompió el silencio.

—No quiero jugar contigo.

—Yo menos —le conteste y le saque la lengua.

—Pues yo no quiero ser tu amigo —se levantó y se acercó a mí.

—Yo tampoco quiero ser tu amiga nunca jamás —me acerque a él.

—Niña fea

—MAS FEO ERES TU —le grité y me le fui encima.

Terminamos en el piso agarrados el uno del cabello del otro, con nuestros padres intentando separarnos. Yo con el vestido roto, y el con las manos rasguñadas. Yo despeinada y el también.

Desde ese día no soportamos siquiera vernos. Nuestros padres se reúnen seguido y nos obligan a convivir, y aunque ha pasado el tiempo y hemos madurado, hemos vivido todo tipo de situaciones.

Los primeros años siempre terminábamos peleados, golpeados, llorando y con nuestros padres separándonos y dándonos charlas acerca de la amistad. Después solo éramos groseros con el otro, y como siempre la lengua afuera de él no podía faltar. Y ya ahora, después de ocho años simplemente nos ignoramos. En el mismo cuarto, pero fingiendo que el otro no existe.

—Mira, ahí viene.

Por supuesto que no iba a dirigirle la palabra a Erik, simplemente vi como caminaba hacia nosotras fingiendo interés por preguntarle para que Sara dejara de molestarme.

Como siempre iba con sus dos guardaespaldas, sus mejores amigos Lucas y Ben. Caminaban como si levitaran. Todas las niñas viéndolos como si fueran la última maravilla del mundo y ellos riendo y sonriendo como si fueran famosos perseguidos por paparazzi.

Sara ya estaba esperando a que le preguntara, cuando sin ni siquiera mirar siguieron derecho.

—Ahí está tu respuesta —me reí y procedí a comer.

Sara siguió insistiéndome hasta que salimos de la escuela, no sin antes volverme a insistir para que le dijera en el camino.

Erik estaba esperándome para poder irnos.

Nuestras madres nos obligaban a irnos y devolvernos juntos de la escuela, pero cada quien va por su lado y sin decir ninguna palabra.

—¿Qué tanto hablabas con ella? —pregunto a unos pasos delante de mí.

—Nada que te importe.

—Claro que me importa —se giro

Me frene.

—Trataba sobre mí. O crees que no me di cuenta que desde el almuerzo no han hecho sino mencionarme, mirarme y buscarme —alzo una ceja.

Suspiré y sentí como se me calentaron los cachetes de la vergüenza.

—Lilith quiere que vayas a su fiesta y le dijo a Sara que si yo te podía invitar —empecé a caminar dejándolo atrás.

—¿Lilith? ¿Cómo para que me quiere en su fiesta si nunca hemos sido amigos? —camino quedando a mi lado.

—¿En serio? —me reí—. Toda la vida ha estado enamorada de ti, obviamente quiere que asistas a su cumpleaños.

—¿Qué?

—¿Los hombres por que no se dan cuenta de las cosas más obvias? —me burle— ¿Tú crees que ella me odia solo porque si?

—Pues… no se —arrugo la cara—, no estoy pendiente de tu vida como para saber con quién tienes problemas y con quién no.

—¡Por favor! Si tu más que nadie eres testigo de todas las veces que ha dicho cosas sobre mí y del odio que me tiene. Y no es porque si, es por ti.

—¿Por mí? ¿yo que tengo que ver?

Rodé los ojos ya exasperada.

—Esta celosa, Erik. CE LO SA —hice énfasis en cada silaba—. Porque, aunque no queramos y lo hagamos por obligación, todos saben que tú y yo somos cercanos, que llegamos y nos vamos juntos de la escuela, que nuestros padres son muy amigos y por lo tanto se supone que nosotros también.

No dijo nada. Supongo que estaba asimilando.

—¿Tú vas a ir? —preguntó

—Obvio no —arrugue las cejas—. Me invitaron para que te invitaran, pero aun si me hubieran invitado por amabilidad, tampoco iría. No me interesa en lo absoluto.

Llegamos a nuestras casas y cada uno procedió a seguir el camino. Hasta que nuestras madres salieron de la casa de Erik en ese preciso momento.

—Erik, despídete bien —dijo su mamá.

—Zafi, no seas maleducada —dijo la mía.

Los dos gruñimos antes de despedirnos de beso en la mejilla.

—Luego llamo a Sara y le pregunto la dirección de la fiesta y te aviso —le di la espalda.

—No hace falta —me gire a mirarlo con el ceño fruncido—. No tengo nada que hacer allá. Tampoco me interesa asistir a una fiesta, mucho menos si es de Lilith. Adiós

—Adiós… —me fui extrañada.

¿Por qué no quiso ir?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.