Erik Jones.
Más guapo que nunca.
Me quede perpleja y atrapada en su mirada, en esos ojos azules y las cejas fruncidas que lo hacían ver siempre enojado.
Trague saliva y un escalofrió recorrió mi cuerpo.
No miento cuando dije que mi mente lo había bloqueado. Mi mente y mi corazón solo sentían rencor por él. Nunca pude olvidar esa última vez que hablamos, en donde las cosas no terminaron bien. ¿Me dolió? Por supuesto, pero no me sorprendió. Ni su actitud, ni sus palabras… siempre fue así, nunca cuido lo que decía o hacía, mucho menos si tenía que ver conmigo. Pero una pequeña parte de mi esperaba que su respuesta fuera otra y que las cosas hubieran terminado de una mejor manera.
Recordaba cómo era, pero no lo había detallado ahora, hace mucho tiempo no lo hacía. No sabía cómo era, si algo había cambiado en el o si seguía igual que hace unos años atrás, hasta hoy…
Su pelo rubio siendo movido por el aire, sus mejillas levemente rosadas por el frio, sus músculos siendo levemente notados por debajo de su chaqueta negra de cuero, su gran porte y estatura, unas piernas grandes y fuertes con un pantalón negro y unas botas del mismo color.
Mientras no podía alejar la mirada, él se fue acercando hasta estar a un paso de mí.
—Hola, Zaf —dijo de manera suave con su voz gruesa.
No supe que decir, no supe que hacer, seguía ahí, paralizada.
Tragué saliva y sentí un ardor en la nariz que pronto se convirtieron en lágrimas que llenaban mis ojos.
Antes de que Erik pudiera decir algo más o se diera cuenta de mis ojos encharcados, me di la vuelta y camine hacia el rio.
Sentía un pitido en el oído que no me dejaba escuchar nada. Me sentía extraña, confundida, sin saber que hacer o que decir.
—¿Por qué los invitaste? —le susurre a Sara.
—Lucas me pregunto dónde estaba, no pensé que fuera a venir con Erik. Perdón —me susurro igual.
Lucas era el novio de Sara y mejor amigo de Erik. Siempre se habían gustado y hace dos años decidieron darse una oportunidad. La verdad es una relación muy linda, se aman, se comprenden, se entienden. Me alegra mucho que estén felices y que Lucas la cuide y la proteja, pero no entiendo porque tenía que traerlo a él.
El ambiente se sentía pesado, un silencio incomodo que intentaba romperse con las conversaciones forzadas de las chicas y Lucas. Erik sentado en una piedra cerca del rio y yo lo más alejada posible.
Las aguas estaban un poco fuertes, pero realmente no me importo, no me importaba nada, solo quería alejarme e irme. El agua estaba tibia y clara, decidí centrar mis pensamientos en otra cosa, pero me era imposible. Quería disfrutar de esto, de la vista, de la paz, de la belleza, de la tranquilidad… pero tranquilidad y paz era lo que menos sentía en ese momento.
Me deje llevar por mis pensamientos y me resbale con una piedra la cual me desestabilizo.
La corriente me arrastro.
Escuché gritos.
Luchando por no hundirme vi a lo lejos una rama debajo del puente. Estire la mano y logre agarrarme, pero la corriente era más fuerte que yo. Vi a lo lejos a los chicos corriendo fuera del rio intentando alcanzarme y pidiéndome que no me soltara. Justo cuando estaban a punto de alcanzarme no pude resistir y la corriente me obligo a soltar la rama, la cual me abrió la mano al momento de soltarme.
Y en un intento de tomar el control y poder agarrarme de algo otra vez o pararme… la corriente me hundió más y no logre tocar fondo. Estaba en la parte honda del rio.
Luche, intente salir para poder tomar aire, para poder nadar. Me sentía cansada y ahogada, la corriente seguía llevándome y yo seguía luchando contra lo imposible.
No quiero morir. No así. No aquí. No todavía.
El aire me empezó a faltar, el agua me estaba entrando por la nariz y por la boca. No iba a salir de ahí.
Me sentía débil, deje de luchar, deje de pelear contra la corriente, mi cuerpo dejo de reaccionar.
Morí.
O eso pensé hasta que unos brazos me agarraron y a lo lejos escuché un:
—¡No te sueltes Zaf, por favor! Ayúdame con eso linda. No me sueltes —suplicó