Quiza En Otra Vida

CAPITULO 8: MENTIRAS

Sentía todo tan extraño. En qué momento paso todo. En qué momento pase de odiar con locura a Erik Jones a tenerlo dormido en mi cama después de haberle comido la boca.

Con el cabello desordenado, su brazo liberado de aquella chaqueta de cuero posado encima de sus ojos tapándolos de la luz que entraba por mi ventana, sus labios redondos, rosados y de un grosor para nada exagerado, levemente abiertos, su cuerpo esbelto y grande…

Me parecía todo tan irreal. Ese beso inesperado que se sintió tan familiar, ese odio… quizá, transformándose en otra cosa. O no lo se. Seguía odiándolo, seguía sintiendo rencor, me seguía pareciendo un fastidio completo, no lo soportaba… o ya no sentía nada.

Aagg…

No lo sé, no sabía lo que sentía, no sabía lo que quería. Estaba tan confundida, quería hacer como si nada hubiera pasado, olvidar todo de aquella tarde. Me había gustado ese beso, o más bien, me había encantado. Pero no quería pensar más en eso, no quería pensar lo que no era, no quería sentirme confundida, mucho menos por él.

Pasaron tantas cosas en tan poco tiempo que no había tenido tiempo de pensar en la herida que tenía en la mano. Me dirigí al baño en donde tenía un kit de emergencia y saliendo del baño me di en el dedo pequeño del pie lo cual hizo que se me cayera y despertara a Erik.

—¿Estas bien? —preguntó medio dormido.

—Ujum.

Fue lo único que logre decir mientras me quejaba y brincaba en un pie mientras me sobaba mi dedo.

Se sentó en la cama mientras me miraba con una sonrisa un poco burlesca hasta que sonó su celular el cual estaba en el escritorio a mi lado. Lo tomé para pasárselo hasta que vi quien era.

—Es Victoria, debe estar afuera de tu casa con la moto.

—Oh, deja yo contesto —se intentó levantar de la cama.

—No hace falta, es mi amiga, no hay problema si hablo yo.

—Zaf… deja…

Conteste el teléfono antes de que dijera algo mas y antes de poder decir algo, ella hablo primero.

—Ey, lindo. Sé que no puedes hablar mucho, solo espero que hayas sido capaz de hacer que Zafiro te confesara tu amor —se rio—. Aquí está tu moto, la parqueo y apenas puedas me llamas contándome todo. Apuesto a que fue demasiado incómodo y gracioso verla decir todo lo que siente por ti desde pequeña. Espero que mi gran monologo de tus supuestos sentimientos haya servido de algo. Besitosss.

Colgó.

Mire a Erik. Mi cara estaba seria y su sonrisa se había desvanecido por completo.

—Vete —fue lo único que salió de mi boca.

—¿Qué fue lo que te dijo? —se acercó a mí.

Lo recibí con una cachetada que me dejo doliendo aún más la mano que ya tenía herida.

—¡LARGATE! —le grite desesperada y una cachetada del otro lado le giro la cabeza.

—Zaf… no es lo que tú piensas —intento tomarme de la cara.

—¡¿Qué no es lo que yo pienso?! ¡¿Y que se supone que debería pensar, imbécil?!

—Zaf, déjame explicarte por favor —suplicó y se volvió a acercar.

Lo empuje con las pocas fuerzas que tenía.

—¿Explicar que? Que fui una completa estúpida al creer tu ´´monologo de sentimientos´´ al creer que todo lo que me dijiste era sincero, al dejar que me besaras, que me tocaras, que entraras a mi casa. Definitivamente la palabra ´´estupida´´ e ´´ilusa´´ me quedan pequeñas.

—No es asi, Zaf. Déjame explicarte.

—No puedo creer como me deje envolver de tus palabras —susurre—. Sabía que no eran sinceras, que no estabas arrepentido, que seguías siendo el mismo idiota y aun así deje que me besaras

—Zafiro… —sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No pretendas usar la manipulación conmigo, que esas lagrimas no te las cree ni tu madre —le tire el celular—. Espero que todo esto haga orinar de la risa a tu amiga, que al menos valga la pena esta humillación.

Me senté en la cama sin mirarlo.

—Zaff...

—No me hagas repetirlo una vez más.

Suspiro y se fue sin decir nada más. Solo escuche como cerró la puerta de mi casa y azotó la suya. Sentí como me miraba desde su ventana la cual quedaba al frente de la mía. Me pare y la cerré.

Tenía tanta rabia que no sabía en qué pensar, que decir que hacer. La única diferencia es que, a comparación de hace algunos años, esta vez no lloré. Tenía rabia, pero no le di importancia, respire profundo y me preocupe por curar mi mano la cual me ardía como un demonio después de la cachetada y estaba sangrando.

Gracias a todo lo que había pasado no le había dado importancia a la herida. Estaba

¿Por qué no me había dolido antes?

Supongo que, si me dolió, pero mi mente estaba ocupada pensando en otras cosas.

Erik estuvo el resto de la tarde mandándome mensajes y llamándome miles de veces. ¿Cómo consiguió mi numero? No tengo ni la menor idea, pero no tuve más opción que bloquearlo a ver si así dejaba de molestarme y se olvidaba de mí.

Al día siguiente Erik no hizo sino buscarme por toda la escuela y yo no hice más que ignorarlo y evitarlo a toda costa. Victoria no se atrevió a siquiera mirarme. Yo decidí hacer como si nada pasara.

Sara estuvo todo el tiempo preguntándome que era lo que había pasado con Erik. Claramente no quería que absolutamente nadie supiera lo que había pasado. Quería olvidar y pretender que me dejo en mi casa y no paso absolutamente nada más. No hubieron diálogos, no hubieron interacciones, simplemente me llevo a mi casa y nada más, así que eso fue lo que le dije a ella.

Salí de la escuela y a la vuelta estaba nada más y nada menos que Erik. Rodé los ojos y me di la vuelta para evitarlo, tenía que tomar el camino más largo pero cualquier cosa era mejor que tener que escucharlo.

Cosa que fue en vano porque me vio y me persiguió todo el camino.

—Zaf, ¿Podrías solo… escucharme? —dijo a unos pasos de distancia.

No le conteste y acelere el paso.

—Zaf…

—¡¿Qué mierda quieres?! —le dije ya estresada.

—Solo escúchame, por favor.

—No tengo nada para escucharte. ¿no te ha quedado claro o que más quieres que haga? —acelere el paso—. Te bloquee de todos los lados, que de hecho no tengo ni la menor idea de cómo conseguiste mi número.




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