Rachel, Tony & Terry

1

Tony.

Mi mamá y yo viajamos a Centro América hace tres años. Nos dijeron muchas cosas de los países de esa parte del continente. La violencia, la comida, lo que debíamos decir y como pedirlo.

Pero no me dijeron que en ese momento, una muela comenzaría a dolerme.

No me dijeron que tendría que ir al dentista. Tampoco nos dijeron que tendría que subir hasta el noveno nivel de un edificio para ir al lugar donde el seguro lo cubría.

¿Sabes que más no dijeron? Que en Centro América hay pequeños sismos cada día. Algunos se sienten, otros no. Algunos son largo y otros no.

Algunos son largos y fuertes justo cuando Tony Pherps está en un noveno nivel de un edificio lleno de personas que no te conocen, mientras que el tonto de Tony tiene un algodón en la boca.

Y te digo eso solo para que entiendas que más o menos, así es mi vida.

Mamá y papá están juntos, ellos tienen dos hijos. Uno, soy yo. Tony Pherps. La otra, Maniell. La bebé de dos años.

— ¿Qué haces? —Papá pregunta mientras toca mi cabeza bruscamente.

Empujo los libros con fuerza. Prácticamente ya no tengo espacio para más. —Ordeno esto.

Papá bufa. —Tony, ya te he dicho que jamás encontraras una novia de verdad ahí.

Una novia.

Bien, tengo diecisiete. Sé que piensan, si no quiere una novia probablemente es gay. No lo soy, no es que haya algo malo con eso pero simplemente no me gustan los hombres.

No quiero una novia por muchos motivos y aunque podría decírtelos ahora, ya te darás cuenta.

Mamá pasa con una taza de café a mi lado. —Cuidado con el polvo.

Mamá no sabe que mis libros no tienen polvo, los saco cada fin de semana y los abro para que no se arruinen. Sé que pareciera que tengo una loca obsesión por los libros, y tal vez es cierto pero eso solo le sucede a la gente como yo.

Soy un perdedor.

No soy marginado, no… no soy nada de eso. Solo soy raro. No me gusta hablar mucho desde que era pequeño. No hago amigos con facilidad, creo que probablemente no hago amigos nunca. Las palabras se me atoran cuando estoy frente a alguien. La gente se burla de mi falta de confianza.

Desde que tenía cinco años, me ocultaba de las personas. Mis padres me llevaron con psicólogos pero ninguno me pudo “reparar”.

Así que compré libros, porque sin importar lo raro o extraño que fuera, los libros seguían hablando conmigo.

He leído un poco de todo. Me gusta la historia, me gusta la forma en que todo sucedió para lo que somos ahora. Me gusta encontrar detalles que no mencionan en la escuela. Me gusta saber la mayoría de las respuestas en los exámenes.

También me gusta la poesía. Me gusta las novelas, me gustan las historias en general.

Pero eso no lo entienden mis padres. Ellos repiten mil veces que los libros son buenos pero las personas son mejores. No estoy de acuerdo con eso.

—Así que, ¿Emocionado? —Mamá se sienta a mi lado.

Mamá es buena madre, excepto cuando comienza a forzarme a ir a lugares que no quiero o hablar con mis primos. —Algo así.

Mamá coloco su mano en mi hombro. —Piensa en esto, Tony. —Comienza a peinar mi cabello para que los cabellos que cubren mi frente se vayan a un lado—. Es tu última temporada en la escuela, ¿No quieres hacer lo que los demás hacen?

— ¿Cómo qué? —Trago mi impulso de levantarme y encerrarme en mi habitación.

Mamá se encoje de hombros. —No lo sé, ir al baile. —No—. Quizás salir con una chica, apuntarte para un deporte. —Pincha mis brazos—. Algo de ejercicio jamás dañó a nadie.

Asiento. No estoy de acuerdo con ella pero no le digo nada, simplemente asiento para que deje de hablarme con un bebé.

— ¿Puedes cuidar a Mani un rato? —Se levanta y acaricia mi mejilla—. Necesito descansar.

Mani es probablemente mi única persona favorita. Eso es porque no habla. Mani está en su pequeña jaula para que esté a salvo. La tomo entre mis brazos y la estrecho suavemente a mí. Beso su pequeña mejilla regordeta y le sonrío.

Mani me sonríe.

—No dejes que te hagan sentir mal. —Le aconsejo—. No lo hagas.

Mani sonríe como si entendiera lo que le estoy diciendo.

Me prometí a mí mismo desde el día en que ella nació que sería un buen hermano. Que la protegería y cuando llorara, yo la haría sonreír.

Le prometí protegerla tanto como se pueda de este mundo.

~

Al siguiente día, tenía que ir a la escuela. Tenía que pretender que todo iba bien. Tenía que pretender que era normal.

Escucho a mamá despierta y a papá también. Mani está llorando y me levanto hasta el baño. Mi reflejo se ve como siempre.

Cansado, torpe y listo para actuar diferente.

Me tomo más tiempo en la ducha que lo normal. Sigo pensando en lo horrible que va a ser ir como el chico nuevo. No me gusta todo eso. Mi estómago siente nauseas así que prefiero no tomar nada de desayuno. Las manos me sudan y parpadeo más veces que lo normal.

Mamá habla mucho en el auto. Asegura que este es mi año, que tendré muchos amigos, que incluso tendré una cita para el baile de graduación.

Yo solo quiero que todo esto acabe.

Mamá detiene el auto frente a la escuela. Muchas personas se saludan y caminan como si fuera tan fácil hacer eso. Ver a las personas y que te saluden.

Abro la puerta y mi mano tiembla. Tomo mi mochila y la cuelgo en un hombro. Camino con la cabeza baja. Mis manos siguen temblando.

Soy patético.

Me topo con una chica y me disculpo pero ella ni siquiera contesta así que sigo caminando. La gente me observa, no todos pero algunos sí. Mi respiración aumenta y trato de calmarme.

A veces, cuando dejo que todo esto siga adelante, tengo unos extraños ataques. Papá los odia, dice que es ridículo. Que exagero. Que debería actuar como un hombre.

Bueno, eso trato.

Encuentro mi clase y me siento tan lejos del frente como puedo. Las personas comienzan a entrar y mi estómago siente más nauseas. Cierro los ojos y bajo la cabeza para no tener que ver a otras personas a los ojos.




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