Rachel
Mi cabello se veía normal.
No bien, no mal. Normal. Parecía que el negro siempre fue mi color, pero claro, las personas que sabían de mi verdadero color, sabrían que no es así. Que yo era rubia hace unas semanas. Que mi cabello me llegaba a la cintura y que usaba solamente una sonrisa.
Pero ya me cansé.
Mi camiseta era una talla más grande. Mis pantalones sencillos. Zapatillas deportivas y un sudadero gris. El típico atuendo de una chica molesta con la vida.
Normalmente en las vacaciones de invierno, compraba mucha ropa nueva para el siguiente año. Solía usar muchas faldas y vestidos. Mi cabello siempre lucia diferente, algunos días lo planchaba y otros era ondulado. A la gente siempre le gustaba preguntar como solía tener tanto tiempo para lucir así. La verdad, me despertaba temprano para poder hacerlo.
Siempre me he despertado temprano de todas formas.
Me gusta ver como amanece. Hay algo entre la forma en que se tiñen las nubes por la mañana que me hace suspirar, y no soy una persona sentimental. Me gusta encontrar un punto alto y esperar, ver como el cielo se transforma de rosado a anaranjado y el sol comienza a salir.
Eso es algo que nadie más sabe de mí.
No comenzaré otro año siendo dulce o "buena amiga", yo simplemente no soy así.
Antes que pienses como todos los demás, no estoy molesta con la vida. Ya no más. Es solo que la vida me da igual.
Dejé el estúpido grupo de ayuda, mis estúpidos "amigos" hablaban solo de actores y cantantes, algo que me da igual.
Primero las personas creían que era una broma. Cuando decía algo como: Meredith, no quiero hablar contigo. Lo decía con una sonrisa. Ellos pensaban que no era cierto, que quería hablar con ellos horas y horas.
Ya no.
Jamás me gustaba pasar tiempo con ellos. En realidad, no me gusta pasar tiempo con nadie. Me da igual.
Sé que piensas, que estoy deprimida. No lo estoy, enserio.
La escuela lucia igual después de las vacaciones de invierno. La gente se veía más pálida por ir a lugares con nieve o más bronceados por ir a alguna playa.
Lo del cabello funcionó. La gente fruncía el ceño cuando me veían. No más ropa combinada, no más cabello largo de chica buena. No más Rachel, la chica dulce. La fuerte. La buena.
Ahora solo era Rachel, la chica que puede vivir sin nadie.
La que quiere y va a vivir sin nadie.
Incluso mi madre estaba preocupada por mis cambios repentinos. Parece que a todo mundo le molesta que ya no juego a ser perfecta. Que Rachel la rubia haya muerto.
De nuevo, me da igual.
Voy a clase como siempre y me siento en medio, solo porque ahí siempre me he sentado. Madison viene hacia mí y frunce el ceño. — ¿Sin ganas de vestirte?
No contesto.
—Oye, Em... tu cabello se ve bien.
La veo. —Madison, hoy no.
Ella ríe. —Vamos, Rachel. —Toma mi mano—. Somos amigas.
Le sonrío, de manera falsa. — ¿Cuántas veces me llamaste en las vacaciones?
Hace cuenta avergonzada. —Em, como veinte, ¿No? Solo... quería ver si estabas bien.
Niego. —Oye y, ¿Cuántas veces te contesté?
Madison baja su mirada. —Ninguna de esas veces.
—Exactamente. —Me encojo de hombros—. El año pasado dejé de hablar con Jennifer, con Allana, con Melissa y ahora contigo.
Ella niega, tratando de mostrar una sonrisa. —Pero, ¿Por qué?
—Me aburren.
Ella baja su mirada. —Rachel, sé que la vida no ha sido fácil para ti pero solo queremos ayudarte.
Ruedo los ojos. — ¿Realmente quiere ayudarme?
Asiente dos veces. —Claro que sí.
—Bien, —me inclino para que piense que le contaré un secreto—, necesito que hagas mis tareas siempre, que me compres algo de té helado todos los viernes, que organices mi ropa por colores, incluso puedes llamar a Allana y avisarle también para que te ayude a...
—Rachel, no es gracioso.
Sonrío. —Madison, yo siempre soy graciosa lo que pasa es que tú jamás lo entiendes, eres algo lenta.
—Rachel...
Ruedo los ojos. —Mira, si tengo que ponértelo de esta manera te lo diré: Normalmente me juntaba contigo por lástima.
Ella niega, aun intentándolo conmigo. —Rachel, lo dices porque estas herida pero aislarte no es la solución, necesitas a tus amigos.
—Y tú necesitas dejar de maquillarte así pero no se puede todo en la vida, ¿No?
Madison se muestra dolida. Lo entiendo, de todas las chicas que solían ser mis amigas, ella es la más sensible y la más dulce de todas. Pero hay un problema, no me gusta lo dulce.
Me gusta lo amargo.
Pasaron cosas. Cosas que jamás he dicho, pero que la gente de alguna manera, se ha enterado. Por un profesor, por una mamá chismosa, por un viejo compañero escribiendo en mi perfil de Socialz. Esas cosas muestran solo las migajas de la verdad.
Cuando entré a esta escuela, hace tres años, traté de darle una oportunidad de nuevo a todo. A los amigos, a los novios, a la gente en general. Ocurrió. Madison fue la primera en hablarme, luego Jessica, luego Jennifer, luego Jake, luego era parte de los chicos buenos. Los que siempre sonreían. Los que sabían cuáles eran los mejores lugares para divertirse.
Nosotros solíamos acercarnos a los estudiantes nuevos, los hacíamos sentir bienvenidos. Nos gustaba ayudar tanto como podíamos. Organizábamos fiestas para los huérfanos, colecta de comida para las personas sin hogar, concursos de reciclaje, colecta de ropa para quienes no tienen todo eso.
La gente nos adoraba, no creo que haya tal cosa como los populares aquí. Nosotros somos los más conocidos solo porque le hablamos a todos, incluso a los raros. Ellos se sienten bien con nuestras presencias, la gente nos amaba. Ahora los ama a ellos y no a mí.
Yo era como las flores de un paisaje, yo era la más involucrada en todos esos proyectos. Entrabamos en las clases y solíamos dar abrazos gratis. Los profesores no tenían más opción que lidiar con todo eso, porque era positivo.
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Editado: 08.09.2026