Tony.
Rachel se sienta frente a mí en la cafetería. Luce cansada, con ojeras y con el cabello como muy... no sé.
Ella sorbe por la nariz. Levanto mi ceja.
Ella vuelve a sorber por la nariz. —Creo que tengo gripe o algo.
Asiento. Sorbe por su nariz. — ¿Te sientes mal?
Niega. —Oye, debería irme. No quiero contagiarte y escucharme tragar mocos es asqueroso.
Rachel se levanta y se aleja.
Quería decirle que no me importaba pero quizás era su excusa. Quizás ni siquiera está enferma y solo se arrepintió de comer conmigo.
***
Al siguiente día, Rachel no llegó. No sé cuántas clases tenemos juntos, la he visto únicamente en matemáticas, español y biología. Quizás tenemos otras. Solo nos conocemos desde hace dos días pero al menos conozco a alguien.
La clase de idiomas no era tan difícil.
Mi papá es italiano, vivió veinte años en Italia y el resto aquí. Conoció a mamá cuando recién llegó, se casaron y se tardaron como cinco años para tenerme. Luego, se tardaron como diez años para tener a Mani. Quizás en diez años, tenga otro hermano.
Papá me obligó a aprender italiano, lo hizo cuando era muy pequeño. Mamá no decía nada, así que él solo hablaba en italiano para mí. Dejó de hacerlo cuando mi psicóloga le dijo que no debía presionarme con tantas cosas.
Entonces dejé de hablar en italiano. Dejé el futbol. Dejé las clases de guitarra y dejé de ser normal. O aparentemente normal.
Algunas veces pienso que papá me odia.
Yo no lo odio, pero cuando era pequeño me gritaba muchas cosas que muchos tomarían de excusa para odiar a su padre.
Como sea, el libro de ejercicios en italiano era sencillo. Solo tenía que resolver algunos con ayuda del diccionario de la aplicación de la escuela, pero la mayoría era fácil.
El profesor al final de la clase dijo que la siguiente clase, ósea el otro lunes, tendríamos que traer una presentación de algún país hispanohablante esta vez.
Presentación.
Publico.
Ojos viéndome y comiéndome.
***
Volví a comer solo. La mesa de Allana y aparentemente del chico "Lenny" lanzó una servilleta hacia mí. Los ignoré.
Escuchaba como algunos chicos en la cafetería reían. No sé si era de mí pero yo pienso que sí. Siempre que escucho a alguien reír asumo que es por mí.
De todas formas, no importa.
Cuando te hacen esto desde siempre, te da igual.
***
Rachel sí apareció el siguiente día.
Ella llegó a mi mesa y se sentó. —Hola, Tony.
—Hola. —Contesto.
Odiando como suena toda temblorosa mi voz.
Rachel levantó la punta de su nariz. —Nada de mocos por hoy.
Asiento, sonriendo un poco. —Genial.
—Solo mocos que no saldrán. —Susurra, sonrío de nuevo.
Rachel come una manzana verde mientras saco mi sándwich de mi bolsa de papel. Ella observa cada mordisco que doy, lo que provoca que me atragante un poco. Me pone nervioso pero no del sentido "Esta chica me hace temblar", cualquiera que me mire me provoca pánico.
Ella deja la manzana y come una papa frita. — ¿Siempre traes el almuerzo?
Asiento.
No me gusta hablar, Rachel.
— ¿Por qué?
Me encojo de hombros.
Ella sonríe negando. —Así que, no hablas mucho. Bien.
Nos quedamos en silencio con el sonido de otras personas hablando.
Ella susurra: —No hablemos entonces.
Comemos en silencio y recuerdo que Rachel lleva clases conmigo. Quiero decirle, pero, ¿Cómo lo hago? Quizás ya lo sabe y piense que soy un estúpido. En realidad, lo soy. Ella debe tener muchos amigos que ya le avisaron, o quizás ella ya preguntó.
Me tomo como un minuto decidiendo que le voy a preguntar.
Aun así, le hablo: —Rachel, ¿Llevas lenguajes conmigo?
Entrecierra los ojos mientras piensa. —Creo que sí, ¿Por qué?
Lamo mis labios. —Em, eh... tenemos una tarea. —Levanta sus cejas—. Se trata de hablar de un país que hable español.
Ella sonríe. —Vaya, el profesor López sí que usa su imaginación. —Toma otra papa frita—. De todas formas, gracias Tony.
Asiento. Volvemos a comer en silencio.
— ¿Puedo hacerte una última pregunta? —Levanto mis ojos y ella sigue—, ¿No te gusta hablar?
Niego.
Ella asiente.
Somos mimos. —Está bien. —Responde—. La verdad, no quiero hablar tampoco, solo quería asegurarme que eso es lo que quieres.
Le doy una mínima sonrisa y seguimos comiendo en silencio.
***
Mi mamá siempre habla de lo bueno que es el ejercicio. Tiene razón, es bueno. No hay duda. He visto miles de programas en donde grandes personas pierden peso y comienzan a decir que su corazón late más rápido, que ya no se sienten cansados todo el tiempo, que siempre tienen energía y todo eso.
Lo entiendo pero cuando eres un chico flaco, ¿Para qué lo necesitas? Mamá quiere verme como un chico con músculos, con una esposa y con dinero. Siempre lo ha dicho. "Un hombre de negocios" quiere que estudie algo relacionado con el dinero. Quiere que vaya al baile este año.
Yo también quiero. Quiero poder ir con una chica y hablarle sin titubear como un idiota, quiero poder divertirme.
Quiero dejar de ser tan... Tony.
Las pesas de mi papá han estado guardadas por un tiempo, tomo una que pesa diez libras y comienzo a intentar hacer ejercicio. Cuando llego a veinte, mi brazo duele. Cuando llego a treinta, me duele y toda la espalda me arde. La dejo caer y golpeo la pared.
Soy un debilucho. Puedo ser utilizado como palillo para sacar comida de los dientes de alguien.
Papá tiene razón. Soy un fracaso.
Mamá, papá y yo comíamos fideos con carne. Papá me mira y pregunta: — ¿Cómo te fue en tu primera semana de escuela nueva?
Puedo decir: Como siempre, nadie me nota.
Pero digo: —Bien.
Mamá me sonríe. — ¿Algunos amigos nuevos?
Pienso en Rachel, ella no es mi amiga. Solo comemos en silencio. Luego, pienso en Terry. Es un perro. —Sí, creo que sí.
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Editado: 08.09.2026