Radix

CAPITULO 2

El joven cerró la puerta tras de sí y observó la habitación, el aire estaba cargado de humedad, sudor y miedo.

Sobre la cama, Bria se retorcía de dolor mientras varias mujeres intentaban ayudarla. Algunas sostenían paños húmedos, otras le acariciaban el cabello para tranquilizarla, pero todas tenían la misma expresión: impotencia.

El desconocido dejó a un lado su capa empapada.

—Necesito espacio.

Las mujeres se miraron entre sí.

—Pero...

—Por favor. Solo quédense dos personas que puedan seguir instrucciones.

Su voz no fue dura, pero sí firme, algo en su tono hizo que las presentes obedecieran. Poco a poco abandonaron la habitación hasta que solo quedaron dos ancianas.

El joven se acercó a Bria y se arrodilló junto a ella.

—Hola, Bria. Mi nombre es Thalorin. Voy a ayudarte- exhausta la muchacha apenas pudo responder, el dolor la hacía temblar.

—Mi bebé...

—Lo sé.

Thalorin tomó una respiración profunda y comenzó a examinarla.

Su expresión se volvió seria.

El problema no era solo el agotamiento, el bebé venía en una posición incorrecta, por eso el parto no avanzaba.

Por eso los gritos eran cada vez más desesperados.

Y por eso tanto la madre como el niño estaban en peligro.

—Necesito agua caliente. Mucha.

Una de las ancianas salió apresuradamente.

—También telas limpias.

La segunda mujer asintió y se marchó.

Bria intentó incorporarse.

—¿Va a morir mi bebé?

Thalorin la observó unos segundos.

—No mientras yo siga aquí, ahora por favor coopera conmigo.

Aquellas palabras no eran una promesa.

Eran una decisión.

Durante los siguientes minutos trabajó con una calma que parecía imposible. Sus manos se movían con precisión mientras observaba, pensaba y actuaba.

Las experiencias que había acumulado en situaciones similares le permitían mantenerse sereno incluso en una situación tan crítica.

Sacando una pequeña aguja de entre sus pertenencias, la introdujo cuidadosamente en el brazo de la madre para ayudar a aliviar parte del dolor.

Al examinarla comprendió de inmediato cuál era el problema.

El bebé venía de nalgas.

Normalmente habría intentado corregir la posición desde el exterior, pero ya había descendido demasiado por el canal de parto. Había perdido esa oportunidad.

Ahora debía ayudar al bebé a salir tal y como estaba.

—Necesito agua caliente. Mucha.

Una de las ancianas salió apresuradamente.

—También telas limpias.

La segunda mujer asintió y se marchó.

Mientras esperaba, Thalorin continuó examinando a Bria.

—Escúchame con atención. Cuando te lo indique, vas a pujar. No antes.

La joven asintió con dificultad.

Cuando las ancianas regresaron, lo encontraron completamente concentrado.

—Coloquen compresas calientes en la parte baja de su espalda.

Mientras hablaba, extendió varias telas limpias sobre una mesa cercana y colocó encima los instrumentos que siempre transportaba cuidadosamente esterilizados. Después se quitó la ropa empapada por la lluvia, se lavó las manos meticulosamente y se colocó prendas limpias, además de un gorro, guantes y una mascarilla.

Las dos ancianas observaban la escena con asombro.

Jamás habían visto a alguien prepararse de aquella manera.

—Muy bien, vamos a comenzar. Bria, necesito que pujes.

—¡Aaah!

—Eso es. Otra vez.

Los pies del bebé aparecieron primero.

Las ancianas palidecieron.

Incluso ellas sabían que aquello no era normal.

Thalorin mantuvo la calma.

Sujetó cuidadosamente el cuerpo del recién nacido a medida que iba saliendo.

—Muy bien, Bria. Lo estás haciendo bien.

Cuando el torso estuvo fuera, introdujo una mano por debajo del pequeño cuerpo y utilizó dos dedos para ayudar a flexionar la cabeza del bebé.

Al mismo tiempo, colocó la otra mano sobre su espalda para guiar la maniobra.

Las ancianas apenas entendían lo que estaba haciendo.

Pero era evidente que cada movimiento tenía un propósito.

No había dudas.

No había vacilaciones.

Solo precisión.

—Una vez más, Bria.

Con una última tracción cuidadosamente controlada, la cabeza terminó de salir.

El bebé cayó finalmente en sus brazos.

Las mujeres observaban la escena con asombro.

Habían vivido muchos años y jamás habían visto algo semejante.

Los sanadores y parteras solían utilizar su maná para tratar a los pacientes. Rara vez tocaban directamente el cuerpo de una persona, mucho menos de una joven omega durante el parto.

No estaban seguras de si algún día podrían hablar de lo ocurrido.

Temían que el honor y la reputación de Bria se vieran perjudicados si alguien descubría cuán directamente había intervenido aquel hombre para salvarla.



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En el texto hay: romance lento, omegavers bl

Editado: 18.06.2026

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