Vaelor se sentía en un gran aprieto, realmente había estado perturbado por aquella situación. Nunca imaginó que su primer hijo tendría una segunda diferenciación. Taurin había tenido un despertar tardío a los diecisiete años, pero jamás pensó que años después volvería a cambiar.
—Solicito una conexión con Aeron de Sylvaris y Cedric de Valdoren.
Las piedras mágicas comenzaron a iluminarse. Pocos minutos después, las imágenes de ambos duques aparecieron sobre los espejos de transmisión.
—Majestad —saludó Aeron con una leve inclinación.
—Vaelor —respondió Cedric con la confianza de quien lo conocía desde hacía décadas.
El rey soltó un suspiro—Acabo de hablar con Taurin.
Los dos hombres intercambiaron miradas—¿Cómo está? —preguntó Aeron—Asustado —respondió el rey con sinceridad.
—Era de esperarse —dijo Cedric—No es justo para él —añadió Vaelor.
—No —admitió Aeron—. Pero tampoco es algo que podamos ignorar.
El silencio se instaló brevemente.
Vaelor sabía que Aeron tenía razón. Ignorar el hecho de que su hijo ahora era un omega simplemente no era posible.
Los tres sabían que el problema no era Taurin, el problema era el reino, las expectativas del pueblo, la nobleza, la Iglesia, el ejército.
Todas aquellas instituciones que sostenían la corona tenían opiniones propias sobre quién debía gobernar.
Cedric apoyó los brazos sobre la mesa.
—Si sirve de algo, sigo pensando que es el candidato mejor preparado.
—Yo también —respondió Aeron sin dudar—Políticamente hablando—añadió.
Aquella respuesta sorprendió ligeramente al rey,
—Yo también —respondió Vaelor-Había preparado a Taurin desde joven, sabía que era capaz de liderar, había estudiado política, estrategia, economía y diplomacia con los mejores maestros del reino. Como cualquier persona, tenía defectos, pero nunca había dudado de sus capacidades—Pero...
Nadie necesitó terminar la frase.
Aeron fue quien cambió el tema.
—¿Y el otro asunto? -Vaelor levantó la mirada de inmediato.
—¿Han encontrado algo nuevo? -Cedric tomó varios documentos antes de responder.
—Más de lo que esperaba.
—Habla- Ordeno el rey—Encontramos tres aldeas más—¿Cómo se relacionan con él? - indago—De la misma forma que las anteriores. Llega a pueblos lejanos, ayuda a la gente a cambio de alojamiento y comida, permanece unos meses y luego desaparece.
Cedric dejó escapar una pequeña risa incrédula.
—Empiezo a pensar que ese muchacho tiene la costumbre de arreglar problemas y marcharse antes de recibir las gracias.
—O antes de recibir responsabilidades —pensó Aeron.
Vaelor permaneció en silencio mientras revisaba los informes que Cedric le había enviado. Cuanto más leía, más difícil le resultaba comprender a aquel hijo que apenas conocía.
Finalmente levantó la vista—¿Todo esto fue obra suya?—Directamente, no —respondió Aeron—. Ese parece ser precisamente su método. Enseña a una persona, esa persona enseña a otras y, cuando el conocimiento comienza a extenderse por sí solo, él continúa su camino.
Cedric sonrió—Parece más una plaga que un príncipe-Por primera vez en toda la tarde, Vaelor dejó escapar una pequeña risa—Una plaga bastante beneficiosa.
—Eso es lo preocupante —comentó Aeron.
La sonrisa desapareció del rostro del rey—¿Preocupante?
—Ninguna de esas personas sabe quién es realmente. No saben que es un príncipe, su existencia es conocida en todo el reino, y aun así nadie parece relacionarlo con el joven que describen estos informes. Aunque es cierto que la aparición del segundo príncipe es un secreto a voces, la mayoría de la gente no suele relacionar a este sanador con el segundo principe
Aeron apoyó una mano sobre la mesa.
—Incluso he escuchado historias similares provenientes de reinos extranjeros, no puedo asegurar que se trate de él, pero las descripciones son demasiado parecidas para ignorarlas.
Cedric arqueó una ceja.
—¿Crees que ha salido de Gaelar?
—No me sorprendería. Si esos rumores son ciertos, podría haber dejado huella incluso fuera de nuestras fronteras.
El anciano guardó silencio unos segundos antes de continuar.
—Y si realmente hablamos de la misma persona, entonces ya cuenta con algo que muchos gobernantes pasan toda una vida intentando conseguir: la aceptación real del pueblo.
Vaelor frunció ligeramente el ceño—Eso es una afirmación bastante seria.
—Lo sé. Por eso la hago con cautela. Pero una cosa sí puedo asegurar-Aeron observó los informes esparcidos sobre la mesa.
—Ese muchacho es extraordinario, en toda mi vida, jamás he oído hablar de un sanador con un talento comparable al suyo.
El rey observó el nombre escrito en el informe.
Thalorin.
Un hijo criado lejos del palacio.
Un joven que jamás recibió educación para gobernar. Y, aun así, estaba dejando huellas por todo Gaelar—¿Dónde está ahora? —preguntó finalmente.
Cedric negó con la cabeza—Lo perdimos hace dos meses.
Vaelor levantó la mirada—¿Otra vez?
—Otra vez-Confirmo Cedric
El rey dejó escapar un suspiro cansado.
Desde que descubrió su existencia había intentado encontrarlo, podía contar con una mano las conversaciones que había tenido con ese muchacho, pero de un día para otro había desaparecido, parecía haberse convertido en poco más que una sombra.
Aeron cerró el informe.
—Pero estoy convencido de algo—¿Qué cosa? —preguntó Vaelor.
El duque sonrió levemente—Si seguimos encontrando rastros suyos por todo el continente...
Guardó silencio un instante.
—Tarde o temprano terminará encontrándonos él a nosotros.
El despacho quedó en silencio. Por alguna razón, ninguno de los tres dudó de aquellas palabras.
6 meses después de esa reunión.
El viento de las llanuras agitaba la capa de Thalorin mientras avanzaba por el camino de piedra. A su lado, Geb avanzaba en su forma reducida, pareciendo poco más que un gran cachorro blanco.