Radix

CAPITULO 7

La brisa era suave aquella mañana, las llanuras de Aurelia se extendían hasta donde alcanzaba la vista, cubiertas por campos dorados que se mecían bajo la luz del sol. Desde lejos, cualquiera habría pensado que era un día perfecto.

Thalorin sabía que no lo era, observó el horizonte una vez más, cada vez que miraba hacia el este sentía la misma inquietud, un movimiento a su lado llamó su atención.

Geb, que caminaba junto a él, giró la cabeza al mismo tiempo.

—Otra vez... —dijo mientras se agachaba ligeramente para permitir que Thalorin montara sobre él.

En cuanto el joven se acomodó, salió disparado entre los árboles.

Ambos avanzaron a gran velocidad en dirección a la presencia que habían percibido.

—¿Qué hace un Goliat tan lejos del bosque? —murmuró Thalorin. A medida que se acercaban, pudieron distinguir a la criatura con mayor claridad.

Era un espíritu de tierra. Y al igual que los otros que habían encontrado durante los últimos meses, algo estaba terriblemente mal. Sus ojos, normalmente tranquilos y serenos, brillaban con un intenso color rojo cargado de furia. El musgo, las flores y pequeñas plantas que solían crecer sobre su cuerpo habían muerto hacía tiempo, dejando únicamente restos secos, astillas y ceniza negra adherida a su pelaje pétreo.

En el centro de su pecho, donde se encontraba su cristal de maná, una extraña corrupción rojiza se extendía lentamente por su superficie.

Thalorin frunció el ceño—Está empeorando...-murmuro mientras sacaba una flecha de su carcaj y la cubrió con maná antes de tensar el arco.

La cuerda vibró.

La flecha atravesó el aire como un relámpago.

El impacto alcanzó directamente el cristal de maná de la criatura, el Goliat rugió de dolor y furia, pero antes de que pudiera reaccionar, Geb ya estaba sobre él.

Con un poderoso zarpazo lo derribó contra el suelo, la tierra tembló bajo el impacto.

Thalorin descendió rápidamente de su compañero, sin perder tiempo, ambos comenzaron el proceso de purificación, pasaron varios minutos antes de que el brillo rojizo desapareciera por completo.

Finalmente, el enorme espíritu quedó inconsciente sobre la hierba, el cristal de maná había recuperado parte de su color original. Thalorin permaneció observándolo en silencio.

La decisión estaba tomada.

Debía reunirse con el rey cuanto antes.

—Dejémoslo aquí —dijo finalmente mientras guardaba sus herramientas—. Estamos lejos de los caminos transitados. No creo que ningún humano venga a molestarlo.

Aun así, se acercó a la criatura y apoyó una mano sobre el suelo.

El maná fluyó lentamente entre sus dedos.

Poco a poco, varios arbustos y enredaderas comenzaron a crecer alrededor del Goliat, formando una barrera natural que lo protegería mientras se recuperaba.

Cuando terminó, observó una vez más al espíritu dormido, cada vez eran más, cada vez aparecían más lejos de sus hábitats naturales y cada vez costaba más purificarlos.

Algo estaba ocurriendo, y comenzaba a temer que el problema fuera mucho más grande de lo que había imaginado.

Manteniendo tu estilo y corrigiendo gramática, puntuación y fluidez:

Geb comprendió de inmediato lo que Thalorin quería decir. Sin necesidad de más explicaciones, se agachó para que el joven pudiera subir sobre su lomo.

Tenían que llegar a la capital lo antes posible.

—Si me apresuro, llegaremos antes del anochecer —dijo Geb mientras observaba el camino frente a ellos.

—Eso sería perfecto.

—El rey te ha estado buscando desde que escapamos de la capital hace un año. Tal vez, cuando nos vean llegar, nos reciban sin demasiados contratiempos.

Thalorin soltó una pequeña risa.

—Cierto. Por ahora, esa es nuestra única ventaja. Con un poco de suerte, nos dejarán tomar un baño y nos darán buena comida-Geb giró una oreja hacia atrás.

—Vaya, qué ambicioso-Dijo Thalorin—Después de semanas durmiendo en el bosque, creo que me lo he ganado- contesto indignado Geb—Supongo que sí—Y tú tampoco le dirías que no a un buen trozo de carne- remato Geb

—Eso es diferente-aclaro Thalorin—Claro que lo es-Geb resopló con fingida dignidad—Entonces me apresuraré más para que podamos comer y dormir lo antes posible.

Sin esperar respuesta, impulsó su cuerpo hacia adelante, el viento golpeó el rostro de Thalorin mientras el paisaje comenzaba a pasar a toda velocidad a su alrededor. Árboles, colinas y pequeños arroyos quedaron atrás en cuestión de minutos.

Durante un momento, el joven permitió que el silencio lo envolviera.

Hacía un año que había abandonado la capital, un año evitando a soldados, mensajeros y funcionarios que intentaban localizarlo, un año entero recorriendo aldeas, caminos olvidados y regiones que la mayoría de los personas jamás visitarían.

Y ahora regresaba por voluntad propia, no porque quisiera. Era obvio que todo el drama real, con todos esos lores y duques no era lo suyo.

Sino porque ya no podía ignorar lo que estaba ocurriendo.

Los espíritus estaban enfermando, el flujo de maná se estaba volviendo inestable. Y cada nueva criatura corrompida que encontraba era más difícil de purificar que la anterior.

Thalorin observó el horizonte.

A lo lejos, apenas visible entre las montañas, comenzaba a distinguirse el tenue resplandor de Aurelia—Espero que esta vez estén dispuestos a escuchar —murmuró.

Geb no respondió-Pero ambos sabían que aquella visita podía cambiar muchas cosas.

El sol apenas se había escondido cuando Thalorin llegó a las puertas de Aurelia. A sus pies caminaba un pequeño cachorro de ligre de pelaje blanco. Geb acostumbraba adoptar aquella forma en lugares concurridos para evitar llamar la atención.

La ciudad se encontraba tan animada como siempre. Comerciantes, viajeros y carruajes entraban y salían constantemente por las enormes puertas de la capital.

Thalorin avanzó hasta el puesto de control y presentó su identificación.



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En el texto hay: romance lento, omegavers bl

Editado: 18.06.2026

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