Thalorin siguió a Taurin a través de los corredores del Palacio Imperial. A diferencia del Palacio del Sol en Gaelar, donde predominaban los amplios salones abiertos, las columnas blancas y los vitrales que buscaban aprovechar la luz natural, la residencia de la familia imperial de Valaris tenía una estética completamente distinta. Los techos se elevaban formando elegantes cúpulas decoradas con intrincados mosaicos azules, dorados y turquesa. Los arcos apuntados se repetían a lo largo de los pasillos, conectando patios interiores donde alguna vez fuentes de piedra vertían agua cristalina en pequeños estanques rodeados de palmeras y árboles exóticos. La influencia de Aurel era evidente en cada rincón; desde las delicadas celosías talladas en madera oscura hasta los patrones geométricos que cubrían paredes y suelos de mármol pulido.
Aun así, el palacio no lograba ocultar el problema que afectaba al Imperio. El maná seguía sintiéndose pesado, más limpio que en las calles de la capital gracias a las numerosas barreras mágicas que protegían la residencia imperial, pero seguía estando ahí. Como una presión constante que se adhería a la piel.
Finalmente llegaron al despacho que le habían proporcionado a Taurin durante su estancia. Era una habitación amplia, decorada con alfombras tejidas a mano, muebles de madera oscura y amplios ventanales cubiertos por cortinas de seda azul profundo. Una lámpara de cristal suspendida del techo proyectaba reflejos dorados sobre las paredes.
La puerta se cerró detrás de ellos, durante varios segundos ninguno habló.
Taurin caminó hasta el otro extremo de la habitación mientras intentaba recuperar la calma. Podía sentir cómo su corazón seguía acelerado por el encuentro inesperado, había imaginado muchas cosas al recibir refuerzos de Gaelar.
Jamás aquella visita, mientras tanto, Thalorin se acomodó tranquilamente en uno de los pequeños sofás. Geb se echó a sus pies después de recuperar su tamaño habitual, ocupando buena parte del espacio libre de la habitación.
—Se le ve cansado —comentó Geb a través de su vínculo mental-Thalorin no respondió, su mirada permanecía fija en el joven príncipe que tenía delante.
Era la primera vez que podía observarlo con detenimiento desde que había llegado. Taurin seguía siendo alto, elegante y perfectamente presentable, como si hubiera salido directamente de un retrato oficial. Sin embargo, ahora era imposible ignorar las señales que ocultaba bajo aquella fachada. Las sombras bajo sus ojos, la tensión constante en sus hombros, la forma en que apretaba la mandíbula cada pocos segundos.
Parecía alguien que llevaba demasiado tiempo sosteniendo algo que amenazaba con derrumbarse. Y por la información que había reunido durante el viaje, probablemente era exactamente eso lo que estaba ocurriendo.
Taurin había esperado con ansias aquellos refuerzos, la situación en el Imperio era cada vez más delicada y las tensiones políticas habían alcanzado niveles que jamás había experimentado. Cada decisión parecía tener consecuencias impredecibles, y cada día llegaban nuevos informes que exigían su atención.
Lo que no esperaba era esto.
No esperaba recibir a Thalorin.
Aquel "hermano" perdido que había aparecido de la nada unos años atrás y cuya mera existencia había comenzado a alterar el equilibrio de la sucesión se encontraba ahora sentado frente a él como si aquello fuera la cosa más natural del mundo—Entonces... —dijo finalmente—. ¿Mi padre te envió?
Al fin dirigió la mirada hacia Thalorin y la enorme bestia que descansaba a sus pies—No exactamente-contesto Thalorin-aquello hizo que Taurin frunciera ligeramente el ceño—¿No exactamente? - cuestiono el príncipe.
—También están ocurriendo cosas en Gaelar. Supongo que lo sabes, imagino que la facción de la reina te mantiene informado de lo que sucede en el reino-Taurin guardó silencio-Ciertamente su madre había enviado noticias, aunque su comunicación era difícil por la estabilidad de las piedras de comunicación, pero no pensó que sería tan grave a tal punto que Thalorin mostraría interesado-Pensó Taurin mientras esperaba que continuara
—Supongo que te sorprende verme aquí- continuo Thalorin-Solicité el apoyo de Su Majestad para hacer posible este viaje, no sé si lo sabrás, pero tengo cierto interés en la investigación médica y en el control del maná, seguí algunas pistas y al final resulta que tuve acceso a algunos de los informes que enviaste desde el Imperio.
—Ya veo-contesto Taurin-la respuesta sonó más amarga de lo que pretendía-Thalorin pareció no darle importancia—Y cuanto más leía, más preocupado me sentía- dijo Thalorin sin apartar la mirada del príncipe-los informes describían una situación grave, pero mis sospechas no me permitieron esperar más, y resulta que, después de llegar aquí descubrí que la realidad es aún peor.
Su mirada se desvió hacia las numerosas pilas de documentos que ocupaban gran parte del despacho-Debo reconocer que has llevado un seguimiento bastante detallado de lo que está ocurriendo-Taurin siguió su mirada a las montañas de papel acumuladas sobre escritorios, estanterías y mesas auxiliares.
—Has estado muy ocupado-Concluyo Thalorin-Por alguna razón, aquella observación molestó a Taurin más de lo que debería haberlo hecho. porque pronunciada por cualquier otra persona habría sonado como un reconocimiento.
Pero viniendo de Thalorin…sonó como el preludio de una crítica.
—Necesitaré que me envíes toda la información relevante sobre la situación actual —dijo Thalorin con naturalidad—. Informes médicos, registros de los afectados, investigaciones sobre el maná, movimientos de población, cualquier cosa que consideres importante.
Aquellas palabras hicieron que algo se tensara dentro de Taurin, era una petición razonable, lógica incluso.
Y quizá por eso le molestó todavía más, porque sonaba como si ya hubiera asumido autoridad sobre el asunto, como si hubiera llegado, observado la situación durante unas horas y decidido tomar el control—¿Y qué pasa si me niego? - Dijo Taurin dejando ver su molestia