Radix

CAPITULO 12

La habitación que le habían asignado era mucho más grande de lo que imaginaba, Thalorin observó el lugar durante unos segundos antes de dejar su equipaje junto a una pared. Había alfombras tejidas con patrones geométricos, lámparas de cristal coloreado suspendidas del techo y amplios ventanales decorados que permitían entrar la luz sin sacrificar privacidad. Incluso los muebles parecían más obras de arte que objetos—Los imperiales tienen gustos caros —comentó Geb mientras recorría el lugar con curiosidad—Tienen demasiado dinero, no saben dónde gastarlo-comento Thalorin dejando escapar una pequeña risa.

Después de semanas viajando por mar y varios días durmiendo poco, lo primero que deseaba era un baño. Uno de los sirvientes le había indicado que las habitaciones de invitados contaban con baños privados alimentados por aguas termales canalizadas desde las profundidades de la ciudad. Al principio había pensado que era una exageración propia de la nobleza, pero al entrar comprendió porque esta idea era tan valorada.

El vapor llenaba el ambiente, el agua cristalina ocupaba una pequeña piscina de piedra pulida decorada con mosaicos azules y dorados.

—Ahora entiendo por qué los nobles son tan inútiles cuando salen al exterior —dijo Geb mientras se sumergía en el agua—. Después de vivir así cualquiera quien podría regresar a los ríos fríos del bosque—dijo Geb mientras flotaba cómodamente.

Thalorin se había desvestido y había ingresado al agua caliente.

—Calma, amigo. Algún día tendremos nuestro propio baño termal —dijo mientras apoyaba la cabeza contra el borde de piedra—. Solo tenemos que lograr que Taurin deje de ser un principito llorón y que la gente deje de perseguirnos. Después construiremos una casa a nuestro gusto y viviremos tranquilos.

Geb soltó una carcajada desde uno de los extremos del baño.

—Eso suena bastante bien.

—Lo sé.

Thalorin cerró los ojos y se dejó hundir un poco más en el agua. El calor relajaba músculos que ni siquiera era consciente de tener tensos. Entre viajes, espíritus enfermos, aldeas remotas y problemas ajenos, hacía tiempo que no tenía un momento de verdadera tranquilidad.

Durante unos segundos ninguno habló.

—Oye, Thalorin.

—¿Hm?

—¿Nunca has considerado quedarte con el trono?

El joven abrió un ojo.

—¿Qué?

—Ya sabes. Quizá ese sea el camino que lo que sea que nos ha estado guiando quiere para ti.

Thalorin permaneció en silencio unos instantes.

Las palabras de Geb no eran completamente absurdas. Después de todo, sus tres amigos ya habían recibido sus profecías. Cada uno había descubierto el camino que debía seguir y, poco a poco, sus rutas se habían separado. Habían prometido reencontrarse algún día, pero todos sabían que sus destinos ya no avanzaban en la misma dirección.

Solo él seguía esperando.

—Aún no he recibido mi profecía —respondió finalmente—No sabemos qué se espera de mí-Geb observó el vapor que se elevaba sobre el agua—Podría ser eso.

—Espero que no-Dijo Thalorin rápidamente—¿Por qué? - indago Geb

Thalorin soltó una pequeña risa.

—Porque no se me ocurre un destino más cruel que vivir encerrado entre nobles. Personas que juzgan cada movimiento, que convierten cualquier error en un arma y que esperan algo de ti incluso cuando solo intentas respirar. Y tarde o temprano intentarían decidir con quién debo compartir mi vida, no por afecto ni por elección, sino porque beneficia a sus intereses. Si ese es mi destino, espero que las profecías puedan equivocarse.

Geb negó con la cabeza— Espero que tu profecía sea algo que te lleve a ser feliz-Dijo Geb, mientras se acercaba a Thalorin disminuía su tamaño para sentarse a su lado.

El silencio regresó por unos instantes.

Thalorin observó las pequeñas ondas que se formaban sobre la superficie del agua mientras el vapor ascendía lentamente alrededor suyo. Sin darse cuenta, su mente comenzó a alejarse del presente y a recorrer recuerdos que rara vez compartía con alguien. Terminó pensando en el Hogar del Renacer, aquel lugar donde había pasado los primeros años de su vida. Incluso después de tantos años, seguía considerándolo uno de los sitios más desagradables que había conocido. No porque fuera el peor lugar del mundo, sino porque allí había aprendido lo que significaba ser invisible. Era un lugar frío, descuidado y lleno de personas demasiado ocupadas sobreviviendo como para preocuparse verdaderamente por los niños que tenían a su cargo. Había conocido hambre, enfermedades y malos tratos mucho antes de ser capaz de comprenderlos. Sin embargo, fue también allí donde comenzaron aquellas extrañas visiones que durante años confundió con sueños.

Al principio eran fragmentos sin sentido. Imágenes breves que desaparecían al despertar. Luces extrañas que iluminaban ciudades gigantescas, edificios imposibles que parecían desafiar toda lógica, objetos desconocidos que se movían sin animales que los arrastraran y personas vestidas de formas que jamás había visto. Conforme fue creciendo, aquellos sueños comenzaron a volverse más claros, más detallados y, sobre todo, más persistentes. Poco a poco dejó de sentir que observaba la vida de un extraño. Había emociones demasiado familiares, recuerdos demasiado precisos y conocimientos demasiado específicos para tratarse únicamente de imaginación. Era una sensación difícil de describir. Aquella vida no era suya, pero al mismo tiempo lo era. Como si hubiera pertenecido a alguien diferente y, aun así, cada recuerdo siguiera grabado en lo más profundo de su alma.

Entre todos aquellos fragmentos había algo que siempre permanecía constante. En aquella otra vida también había sido un sanador. No de la misma manera que en este mundo, donde el maná podía cerrar heridas o purificar enfermedades, sino mediante conocimientos que parecían casi milagrosos para los estándares actuales. No conocía todos los detalles, pues muchos recuerdos seguían incompletos, pero estaba seguro de una cosa: había sido un médico militar. Con el paso de los años comprendió que gran parte de lo que sabía sobre anatomía, enfermedades, heridas, supervivencia e incluso combate provenía de aquella existencia. No eran recuerdos perfectos. Había lagunas, conceptos olvidados y conocimientos imposibles de replicar en este mundo. Sin embargo, habían sido suficientes para convertirlo en alguien diferente. Mientras otros aprendían observando únicamente lo que tenían delante, él llevaba toda una vida cargando experiencias que parecían pertenecer a otro tiempo y otro universo.



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En el texto hay: romance lento, omegavers bl

Editado: 03.07.2026

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