Radix

CAPITULO 13

La mañana llegó más rápido de lo que Thalorin habría deseado, y apenas terminó de desayunar, un funcionario imperial se presentó en su habitación para informarle que el príncipe Dravenor y la emperatriz solicitaban una reunión inmediata. Aquello no lo sorprendió demasiado. Después de todo, había llegado acompañado por una caravana de sanadores extranjeros, había discutido con Taurin apenas poner un pie en el palacio y, técnicamente, seguía siendo un príncipe de Gaelar. Lo extraño habría sido que no quisieran hablar con él.

El funcionario lo condujo a través de los extensos corredores del palacio imperial. A plena luz del día, la arquitectura resultaba aún más impresionante. Los techos se elevaban varios pisos por encima de sus cabezas, sostenidos por columnas de mármol blanco decoradas con patrones geométricos dorados y azules—Tienen demasiada obsesión con las columnas —comentó Geb mentalmente—Una columna más y podrían construir una montaña-Thalorin tuvo que contener una sonrisa.

Finalmente llegaron a una sala de reuniones mucho más sencilla que el resto del palacio. Seguía siendo elegante, por supuesto, pero parecía diseñada para trabajar y no para impresionar visitantes. Grandes mapas ocupaban varias paredes, su atención se dirigió inmediatamente hacia las tres personas que ocupaban el centro de la habitación.

La primera era una mujer de porte elegante, cabello castaño adornado con finos detalles blancos pertenecientes a la edad y unos ojos que transmitían una inteligencia difícil de ignorar. Incluso sentada conservaba una presencia que dejaba claro por qué era la emperatriz de Valaris.

A su lado se encontraba quien Thalorin suponía era el príncipe heredero del imperio de Valaris.

Era más alto, su cabello castaño claro, casi rubio parecido al de su madre, estaba cuidadosamente peinado y sus ropas, aunque claramente nobles, carecían de adornos innecesarios. Sus ojos grises miraban fijamente a Thalorin- Lo cual hizo que Thalorin se mantuviera alerta.

Esos ojos lo observaban con cautela, quizá incluso con un leve grado de hostilidad. No era algo especialmente evidente para la mayoría de las personas, pero Thalorin estaba acostumbrado a recibir ese tipo de miradas, por lo que le resultaba particularmente fácil reconocerlas. Y si algo tenía claro, era que el príncipe imperial desconfiaba de él.

—Veo que tienes un nuevo amigo —comentó Geb en su mente.

Como de costumbre, Thalorin no respondió. Sin embargo, una pequeña sonrisa amenazó con aparecer en sus labios.

A un lado se encontraba Taurin, su postura seguía siendo impecable, aunque el cansancio de los últimos meses resultaba cada vez más difícil de ocultar, Thalorin supuso que ambos habían tenido tiempo de conversar después de lo ocurrido la noche anterior, quizá Taurin había hablado extensamente sobre él, tal vez incluso había compartido algunas opiniones poco amables.

Aquello explicaría la "amistosa" mirada que Dravenor le estaba dedicando, por suerte, Thalorin nunca había necesitado caerle bien a nadie para hacer su trabajo.

Finalmente, un joven de cabello castaño permanecía ligeramente apartado del grupo principal. No parecía un noble ni un militar. Observaba más de lo que hablaba.

El hombre que Thalorin suponía era el príncipe fue el primero en avanzar.

—Príncipe Thalorin-Dijo el hombre con una voz era firme, educada y cuidadosamente neutral—Príncipe Dravenor —respondió Thalorin-Durante unos segundos ambos se observaron mutuamente-Thalorin supo que había acertado en la identidad del hombre frente a él.

—Bienvenido a Valaris —continuó Dravenor—. Permítame presentarle a mi madre, Su Majestad la emperatriz Nadira Valaris.

La emperatriz realizó una leve inclinación de cabeza.

—Es un placer recibirte en nuestro imperio, príncipe Thalorin. Lamento que nuestro primer encuentro ocurra bajo circunstancias tan desafortunadas.

—Admito que habría preferido visitar su imperio en tiempos más favorables Su Majestad —respondió él con tranquilidad—. Aun así, agradezco su hospitalidad.

Por un instante, la emperatriz sonrió. Fue una sonrisa pequeña, apenas perceptible, pero sincera. Nadira llevaba meses rodeada de informes preocupantes, médicos incapaces de ofrecer respuestas definitivas y nobles que parecían más interesados en proteger su posición que en resolver la crisis. Sin embargo, desde que aquel joven había entrado en la sala, algo había llamado su atención. Quizá era la tranquilidad con la que se desenvolvía frente a personas que, en teoría, debían intimidarlo. O quizá era aquella extraña sensación de frescura que percibía en el maná que lo rodeaba. No era algo particularmente intenso, pero resultaba agradable. Limpio. Como una brisa fresca entrando en una habitación cargada y sofocante. Hacía tanto tiempo que convivía con el maná contaminado que casi había olvidado cómo se sentía uno sano.

—También me gustaría presentarte a Cassian Verrow, mi consejero —continuó Dravenor-El hombre de cabello castaño dio un paso al frente—Es un placer-dijo mientras realizaba una leve reverencia, elegante pero relajada-Thalorin asintió en respuesta mientras observaba al hombre con mayor atención. Era claro que ese hombre era un beta, pero a pesar de eso pudo percibir un leve rastro de feromonas residuales impregnadas en él. No era suficiente para identificar a quién pertenecían, pero sí para resultarle extrañamente familiar, aunque no logró encontrar la respuesta de inmediato, tampoco le dedicó demasiado tiempo, había asuntos mucho más importantes que resolver.

—Este es Geb —dijo finalmente, señalando a la enorme bestia blanca que descansaba tranquilamente a sus pies.

Los presentes dirigieron la mirada hacia él—Veo que tienes una bestia poderosa —comentó Cassian con evidente curiosidad—Sí, eso suelen decirme cuando lo conocen —respondió Thalorin mientras acariciaba con naturalidad la cabeza de Geb.

La enorme criatura cerró ligeramente los ojos, disfrutando la atención como si fuera un cachorro doméstico y no una bestia capaz de aterrorizar a la mayoría de los soldados del continente. Aquello resultó desconcertante para varios de los presentes, Cassian intentó ocultar su sorpresa, Taurin ya había visto a Geb antes pero no conocía sus capacidades, pero Dravenor y Nadira lo observaban con interés, sabían que no era común encontrar una bestia mágica de aquel nivel, y mucho menos una que mostrara semejante grado de inteligencia y confianza hacia un humano. La mayoría de los contratos entre magos y bestias eran relaciones de conveniencia. Lo que existía entre Geb y Thalorin parecía algo completamente diferente.



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En el texto hay: romance lento, omegavers bl

Editado: 03.07.2026

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