Radix

CAPITULO 18

Cuando Thalorin recibió la invitación de la emperatriz ya había comenzado a oscurecer. Había pasado gran parte de la tarde revisando y preparando una ruta basado en los informes que finalmente le habían entregado, comparando cifras, mapas y registros médicos mientras intentaba construir una imagen completa de la situación. Pero cuando el sirviente le informó que la emperatriz deseaba verlo en sus aposentos privados, no necesitó demasiado tiempo para imaginar el motivo de la convocatoria. Nadira había ocultado su enfermedad durante meses, incluso después de que él la descubriera frente a todos, tarde o temprano tendría que buscar ayuda.

Los aposentos imperiales eran mucho más sobrios de lo que esperaba para la mujer más poderosa del Imperio, había elegancia, por supuesto, pero no aquella ostentación excesiva que tantos nobles parecían considerar indispensable. Al entrar pudo ver que Taurin se encontraba junto a una de las ventanas con los brazos cruzados, Cassian permanecía sentado cerca de una mesa auxiliar y Dravenor ocupaba una silla a poca distancia de la cama donde descansaba la emperatriz. Había una persona más en la habitación, un hombre que no reconoció de inmediato, tenía el cabello castaño oscuro ligeramente desordenado, profundas ojeras bajo los ojos y una expresión agotada que le recordó a muchos médicos que había conocido en su vida anterior después de pasar días enteros sin abandonar un hospital. Aun así, sus ojos conservaban una inteligencia aguda que lo observó con evidente interés desde el momento en que entró.

La emperatriz fue la primera en hablar, a pesar de la enfermedad, seguía proyectando aquella serenidad característica que había notado durante su primer encuentro. Pero se podía notar los signos de su enfermedad que trataba de esconder en su encuentro anterior, su piel estaba demasiado pálida, había adelgazado desde la última vez que la vio y el flujo de maná que recorría su cuerpo era irregular, como un río que encontraba obstáculos invisibles a cada paso. Aun así, intentaba sonreír, Thalorin no pudo evitar sentir una cierta admiración por aquella mujer, había estado soportando todo aquello en silencio mientras intentaba sostener el gobierno de un imperio que se estaba derrumbando lentamente.

—Antes que nada, quería agradecerte por la barrera —dijo Nadira con sinceridad—. No exagero cuando digo que ha cambiado el ambiente del palacio, incluso las personas que no son sensibles al maná han notado la diferencia.

Thalorin asintió levemente, no respondió de inmediato, solo espero, porque sabía que la verdadera razón de aquella reunión todavía no había sido mencionada.

Y efectivamente no tardó en llegar.

—También quería pedirte ayuda.

El silencio que siguió a aquellas palabras fue suficiente para confirmar las sospechas de todos los presentes, Nadira no era una mujer acostumbrada a pedir ayuda. Mucho menos delante de otras personas. Dravenor bajó la mirada durante un instante, Cassian permaneció inmóvil, incluso Taurin pareció tensarse ligeramente.

—¿Podrías tratarme?

Thalorin la observó durante varios segundos antes de responder, no porque estuviera considerando negarse, sino porque estaba evaluando su estado físico una vez más. Finalmente dejó escapar un pequeño suspiro, una pequeña sonrisa se formó en su rostro—Claro-respondió sin dudar.

La tensión que abandonó la habitación fue casi palpable.

Sin decir mucho más, abrió el bolso que había traído consigo. Lo hizo con naturalidad, como si hubiera esperado exactamente aquello desde el principio.

Sobre una mesa cercana comenzó a colocar varios objetos que inmediatamente captaron la atención de todos los presentes, pequeños frascos de cristal, vendas cuidadosamente enrolladas, recipientes metálicos, instrumentos que nadie reconocía y una serie de agujas extremadamente finas que parecían hechas de plata. Dravenor observó todo aquello con evidente desconfianza, Cassian parecía confundido, Taurin, por el contrario, se inclinó ligeramente hacia adelante, con interés, mientras tanto el desconocido permaneció completamente inmóvil, observando cada movimiento con una concentración casi obsesiva.

Cuando Thalorin pidió revisar las lesiones de la emperatriz, Nadira dudó por primera vez. Aquellas heridas eran algo que llevaba ocultando demasiado tiempo. Ni siquiera su hijo las había visto realmente, sin embargo, después de unos segundos de vacilación terminó aceptando.

Lo que ocurrió después hizo que la expresión de Dravenor cambiara por completo, las llagas eran mucho peores de lo que imaginaba, la enfermedad había avanzado más de lo que su madre había admitido, algunas zonas de la piel estaban inflamadas, otras mostraban pequeñas grietas oscuras y el tejido alrededor de ciertas heridas comenzaba a deteriorarse lentamente. El príncipe sintió cómo el miedo se instalaba en su pecho mientras observaba aquello, durante meses había estado preocupado por el emperador, sin darse cuenta de que la mujer que tenía frente a él también estaba enfermando.

Thalorin, sin embargo, no reaccionó con sorpresa, su expresión se volvió completamente profesional, fría, concentrada. Durante varios minutos se dedicó únicamente a limpiar cuidadosamente cada lesión. No utilizó magia al principio, aquello desconcertó a todos. En lugar de eso empleó líquidos para desinfectar, retiró tejido dañado, revisó la temperatura de la piel alrededor de las heridas y realizó varias observaciones que nadie entendió completamente, solo cuando estuvo satisfecho con el estado de las lesiones comenzó a utilizar maná. Y aun entonces no intentó forzar una curación inmediata, su magia fluía de forma precisa y controlada, estimulando los procesos naturales del cuerpo en lugar de reemplazarlos.

Fue en ese momento cuando el hombre desconocido dejó escapar una expresión de genuina sorpresa.

Porque aquello no era la forma en que trabajaban los sanadores del Imperio.

Y él lo sabía mejor que nadie.



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En el texto hay: romance lento, omegavers bl

Editado: 03.07.2026

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