A pesar de tratarse de una caravana relativamente grande, mantenían un ritmo de avance sorprendentemente bueno. Durante los primeros días habían cruzado dos ciudades importantes sin mayores inconvenientes. En ambas ya existían brigadas de contención organizadas por los gobiernos locales, por lo que Thalorin apenas tuvo que intervenir. Realizaron algunas inspecciones rápidas, entregaron recomendaciones médicas, verificaron el estado de los sanadores locales y continuaron avanzando. Las comunicaciones previas de Taurin habían resultado más útiles de lo que Thalorin esperaba; las autoridades de cada ciudad ya estaban preparadas para recibirlos y facilitar su paso.
Después de abandonar las zonas urbanas comenzaron a atravesar pequeños pueblos dispersos entre campos y colinas. Conforme avanzaban, el paisaje fue cambiando lentamente. Los caminos se volvieron más estrechos, la vegetación más densa y el aire comenzó a sentirse diferente. Finalmente entraron en los famosos bosques fronterizos de Sylvaris.
Thalorin observó los enormes árboles mientras avanzaba montado junto a Geb, aquellos bosques eran legendarios incluso en Gaelar, se decía que la concentración de maná natural era tan abundante que muchas bestias espirituales elegían aquel lugar para anidar. Grandes depredadores, criaturas mágicas raras y plantas imposibles de encontrar en otras regiones prosperaban allí desde hacía siglos. El bosque ocupaba casi una tercera parte de Sylvaris, extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista.
Aquello despertó inmediatamente su curiosidad.
Si realmente quería descubrir el origen de la enfermedad del maná, aquel bosque era uno de los lugares que más deseaba investigar, una concentración tan grande de energía natural debía ocultar pistas importantes.
Estaba tan concentrado en sus pensamientos que tardó unos segundos en notar que algo no estaba bien, el bosque había enmudecido, ni pájaros, ni insectos, ni el sonido de pequeños animales moviéndose entre la maleza.
Solo silencio, Geb también lo percibió, sus orejas se levantaron inmediatamente.
Entonces ocurrió, un rugido estalló entre los árboles, después otro y otro más, la vegetación explotó a su alrededor, decenas de criaturas emergieron desde todas direcciones.
Goliats de piel grisácea y cuerpos cubiertos de placas óseas cargaron directamente contra los carruajes, Ruders de múltiples patas descendieron de los árboles como arañas gigantescas, mientras varios Mocks, criaturas rápidas parecidas a lobos deformes con ojos completamente negros, rodeaban la formación buscando puntos débiles.
—¡Emboscada! —gritó alguien.
La reacción fue inmediata, los guardias formaron líneas defensivas alrededor de los carruajes que transportaban provisiones y medicinas. Las espadas chocaron contra garras y colmillos mientras el bosque se convertía en un caos absoluto.
Thalorin observó rápidamente la situación, no era un ataque normal, aquellas criaturas estaban demasiado agresivas.
Demasiado organizadas y lo peor de todo era el ambiente, podía sentir el maná contaminado flotando por todo el bosque como una neblina invisible. Aquella energía corrupta fortalecía a las bestias mientras debilitaba lentamente a los humanos.
Los alquimistas y sanadores intentaban ayudar desde la retaguardia, varias runas purificadoras fueron activadas y arrojadas al campo de batalla, explosiones de luz azul iluminaron los árboles cercanos, reduciendo temporalmente la contaminación.
Pero apenas duraban unos segundos, el bosque entero parecía estar saturado de energía corrupta, era como intentar vaciar un lago utilizando un balde.
—¡Mantengan la formación! —gritó uno de los guardias.
Thalorin desvió la mirada hacia el hombre, era uno de los guardias que la familia imperial había asignado como escolta principal. Alto, experimentado y claramente acostumbrado al combate. Su espada no dejaba de moverse mientras derribaba bestias una tras otra. Incluso cuando tres Mocks intentaron rodearlo, logró partir a uno por la mitad y atravesar el cuello de otro antes de girar para bloquear un ataque por la espalda.
Aun así, no era suficiente, había demasiados enemigos.
Geb rugió, y finalmente entró en combate, el enorme ligre se lanzó contra un Goliat que intentaba alcanzar uno de los carruajes, sus garras atravesaron la gruesa piel de la criatura mientras el impacto la enviaba varios metros hacia atrás, antes de que pudiera recuperarse, Geb ya estaba sobre ella.
Thalorin se movió al mismo tiempo, su arco apareció en sus manos con un movimiento fluido.
La primera flecha salió disparada casi sin apuntar, atravesó el ojo de un Mock que estaba a punto de atacar a un alquimista.
La segunda alcanzó el cuello de una bestia que había logrado romper la línea defensiva.
La tercera explotó al impactar contra un grupo de Ruders gracias al maná que había concentrado en la punta.
Su estilo de combate era elegante.
Rápido, preciso, no desperdiciaba movimientos, mientras Geb dominaba el frente con fuerza bruta, Thalorin se desplazaba constantemente entre los combatientes ayudando donde más lo necesitaban.
Un guardia cayó rodeado por dos bestias.
Una flecha apareció.
Luego otra.
Y ambas criaturas murieron antes de alcanzarlo.
Otro soldado fue derribado.
Una raíz surgió brevemente del suelo y atrapó a su atacante el tiempo suficiente para que pudiera escapar.
Pero poco a poco el problema se volvió evidente.
No tenían suficiente maná, cada hechizo costaba más, cada técnica consumía recursos que necesitaban conservar.
Y las bestias seguían llegando—Esto no va a terminar —murmuró Thalorin.
Necesitaban avanzar, no podían quedarse atrapados allí.
Tomó una decisión inmediata.
—¡Geb!
El ligre comprendió al instante.
Retrocedió hacia él mientras apartaba a varias criaturas de un zarpazo.
Thalorin comenzó a reunir maná, no suficiente para una barrera permanente, pero sí para crear un corredor seguro que permitiera mover la caravana.