La lluvia continuó cayendo durante horas sobre la ciudad, golpeando los ventanales rotos del edificio abandonado como si quisiera arrancarlo piedra por piedra del mundo. El agua descendía por las paredes ennegrecidas formando líneas oscuras que parecían lágrimas sobre un cadáver gigantesco.
Dentro del refugio, el aire se había vuelto pesado. Kael permanecía sentado contra una pared, observando a Zael inconsciente sobre el viejo colchón. No había apartado la mirada de él desde hacía casi una hora. La escena seguía pareciéndole irreal.
Las grietas luminosas. Los ojos plateados. Esa voz. Y, peor aún la sensación que había sentido al verlo despertar. Reconocimiento.
No sorpresa. No miedo. Reconocimiento. Como si alguna parte enterrada dentro de él hubiera sabido desde siempre que aquello existía. Kael cerró lentamente los ojos y apoyó la cabeza contra la pared.
El cansancio comenzaba a destruirle el cuerpo. Los músculos le ardían, el pecho seguía doliéndole después del combate contra la entidad del pasillo y las voces aparecían cada vez con más frecuencia. Ya no eran simples susurros lejanos. A veces distinguía palabras completas. Otras veces emociones.
Juicio. Luz. Castigo. Despertar.
Siempre las mismas. Abrió los ojos nuevamente y observó a Zael. La respiración de su hermano era inestable. Su cuerpo temblaba apenas bajo las mantas húmedas, como si estuviera luchando contra algo que nadie más podía ver. Kael tragó saliva.
-¿Qué somos?
La pregunta murió en el silencio del refugio. No esperaba respuesta. Pero la obtuvo.
-Eso depende de cuánto recuerden.
Kael se levantó de golpe.
La voz provenía del fondo del pasillo.
Una figura estaba allí. Inmóvil.
Envuelta en oscuridad. No era una de las criaturas anteriores. Aquella presencia era distinta. Más sólida. Más consciente. Su silueta parecía humana, pero demasiado alta, demasiado perfecta en sus proporciones. Los ojos rojos brillaban tenuemente bajo la penumbra. Kael sintió el cuerpo tensarse instantáneamente.
-¿Cómo entraste?
La figura sonrió apenas.
-Este lugar dejó de pertenecerles hace tiempo.
Kael avanzó un paso.
-¿Qué quieres?
La entidad inclinó la cabeza mientras observaba a Zael inconsciente.
-Observar el milagro.
El pecho de Kael volvió a arder.
-Aléjate de él.
La figura soltó una risa baja.
-Curioso... incluso ahora lo proteges por encima de ti mismo.
Kael apretó los puños.
-¿Quién eres?
-Alguien que recuerda tu nombre.
El mundo pareció detenerse.
La presión dentro del pecho de Kael aumentó violentamente.
La entidad dio un paso adelante.
-Aunque tú ya no lo recuerdes.
Las voces regresaron de golpe.
Miles. Superpuestas. Más fuertes que nunca. Kael se llevó una mano a la cabeza. Y entonces las imágenes comenzaron. No como sueños. Como fragmentos rotos de memoria. Un cielo inmenso. Luz dorada extendiéndose hasta el infinito. Columnas gigantescas. Alas azules. Y una voz...
"Restaurarás el equilibrio."
Kael retrocedió tambaleándose. La entidad lo observaba con evidente satisfacción.
-Sí... -susurró-. Ya comienza.
Kael levantó la mirada bruscamente. Sus ojos celestes vibraban con una intensidad extraña.
-¿Qué me hiciste?
-Nada. Solo pronuncié una verdad enterrada.
La figura sonrió.
-Raguel.
El nombre atravesó el espacio como un relámpago. Y el mundo explotó dentro de Kael. La visión lo consumió por completo. Por un instante dejó de ver el refugio. La ciudad desapareció. La lluvia desapareció. Todo desapareció. Y solo quedó luz. Una inmensidad imposible se extendía frente a él, tan brillante que debería haber destruido sus ojos humanos. Sin embargo, no dolía. Al contrario. Cada partícula de aquella claridad despertaba algo profundo dentro de su existencia.
Entonces se vio. No como Kael.
Como otra cosa. Un ser de enormes alas azules desplegadas sobre un cielo infinito. Cabellos del mismo color moviéndose bajo corrientes de luz celestial. Ojos dorados contemplando el universo con una serenidad imposible. Y debajo de esa serenidad responsabilidad. Juicio. Peso. Miles de voces clamaban frente a él. Ángeles inclinaban la cabeza a su paso. La verdad se abría delante de su mirada como si ninguna mentira pudiera existir en su presencia.
"Raguel."
El nombre volvió a resonar. Y entonces la visión cambió. Oscuridad. La Tierra. Dolor.
Humanos destruyéndose unos a otros. Sombras caminando entre ellos. Demonios riendo dentro de ciudades consumidas por el pecado. Y una voz...
"Debes descender."
Kael sintió un dolor insoportable atravesarle el pecho. No físico.
Espiritual. Como si una existencia completa estuviera intentando regresar violentamente a su interior.
-¡BASTA!
La visión se quebró. El refugio volvió. La lluvia volvió. La oscuridad volvió. Kael cayó de rodillas respirando violentamente.
La entidad seguía allí. Observándolo.
-Ahora lo sabes.
Kael levantó lentamente la mirada. Sus ojos temblaban.
-Raguel...
La palabra le resultó ajena. Y familiar al mismo tiempo. La entidad comenzó a acercarse lentamente.
-El juicio encarnado. El ángel enviado para restaurar el equilibrio. El verdugo de la oscuridad.
Kael sintió miedo. Verdadero miedo. Porque dentro de él algo respondió a esas palabras. Algo inmenso. Algo antiguo. Algo que no era humano.
-No - murmuró - No soy eso...
La entidad sonrió.
-¿No?
Y entonces Zael despertó. El aire explotó. No literalmente. Pero la presión espiritual que atravesó el refugio hizo vibrar las paredes y apagar las luces de los edificios cercanos. Kael giró bruscamente.
Zael estaba incorporándose lentamente sobre el colchón. Pero algo era distinto. Muy distinto. Sus ojos ya no eran completamente celestes. Un resplandor plateado se movía en sus pupilas como luz líquida. Y las sombras del refugio
retrocedían de él. La entidad lo vio.