13 de Septiembre del 2019
7:00pm
—Así fue como me mudé a Burke Mountain hace una semana —digo, sentándome a su lado—. No puedo negar que, en ocasiones, extraño a mis padres, la familiaridad de nuestro hogar y la tranquilidad de Forest Hill. Sin embargo, creo que los seres humanos tenemos una notable capacidad de adaptación. Estamos hechos para sobrevivir en cualquier entorno, ¿no crees? —pregunto, sumergiéndome en la profundidad de sus ojos—. Antes de que digas algo, sí, he llegado a amar este nuevo hogar. Mi cabaña es un lugar maravilloso, y lo que más me cautiva es que, por las noches, puedo escuchar el aullido de los lobos a lo lejos. Estoy segura de que disfrutarías vivir en un lugar como este… Oh, no me mires así; tú tienes un hogar hermoso, lleno de cosas que te apasionan. No hay motivos para quejarse.
Él me observa con esos ojos celestes y me regala un amigable prusten mientras se acomoda panza arriba. ¿Saben lo que es un prusten? No lo saben, ¿verdad? Es un resoplido de baja frecuencia, audible a corta distancia, que los tigres solo emplean en momentos de amistad. Ahora que saben a qué me refiero, permítanme hablarles de mi pequeño amigo. Alekai es un tigre blanco del zoológico de Vancouver. Tiene cinco años, pesa cerca de 230 kilos y mide aproximadamente tres metros de largo. Fue rescatado por la SPCA (Sociedad Protectora de Animales) de un circo que se dirigía a Ontario. Su llegada a nuestra zona el 20 de enero de este año fue un momento impactante; estaba muy herido y desnutrido. Al principio, acercarme a él se tornó en todo un desafío; no confiaba en nadie y sus zarpazos eran intimidantes. Sin embargo, a pesar de su agresividad, intuí que había algo especial en él y que, con amor y paciencia, podríamos forjar una gran amistad.
—Alekai, ¿tienes idea de lo agotador que es rascar tu barrigón? —comento, escuchando su ronroneo—. Sé que me amas y que disfrutas mis anécdotas, pero es hora de que regrese a casa, amigo. Necesito un buen baño y una noche de películas para recuperarme del ajetreado día que hemos tenido—sonrío al sentir su lengua lamer mi brazo. Le doy un beso en su enorme cabeza y me levanto del césped.
Retrocedo sin darle la espalda, susurrándole un “te amo” al salir de su hogar.
—¡Cierra la segunda reja, Mike! —exclamo, caminando por el pasillo.
Mike es nuestro joven prodigio. Con apenas dieciocho años, ya forma parte del equipo de mantenimiento y servicios generales, donde desempeña un papel fundamental, ayudándonos con las tareas diarias y manteniendo las instalaciones impecables.
—¿Qué tal te fue con el grandote? —pregunta saliendo de la cabina de control.
—Excelente, Miki. Terminé despeinada, llena de tierra y con el olor a tigre, pero tuvimos un día productivo—respondo, acercándome para darle un abrazo y sonrío al escuchar sus quejas sobre mi aroma—. Nos vemos el lunes, garotinho (niño).
—Hasta el lunes, Elaine. ¡Y no olvides darte un buen baño, que apestas! —me grita mientras camino por el pasillo.
Me río y le lanzo un beso antes de dirigirme a mi casillero para recoger mi mochila.
8:30pm
Bajo a la cocina con mi tablet en la mano y me conecto a FaceTime. Le prometí a Charlie que nos veríamos hoy antes de que se fuera a París. Sí, el muy insensible se va a modelar sin haber hecho el menor esfuerzo por llevarme con él. ¿Acaso eso no lo convierte en el peor amigo del mundo?
—Bonjour, querida Nanita —saluda con una sonrisa al otro lado de la pantalla.
—Cállate, queridito —replico, encendiendo la estufa—. Eres el peor ser humano que existe.
—¿Yo? —dice, adoptando una expresión de falsa sorpresa—. ¿Qué he hecho ahora?
—Sabes que irte a París sin llevar a tu mejor amiga es un pecado muy grave, ¿verdad?
—Lo sé —confiesa, pensativo.
—¿Y entonces?
—Pues… —hace una pausa— Tendré que cargar con la culpa de ser un mal amigo mientras disfruto de un delicioso café frente a la Torre Eiffel.
—Ooooh, qué malvado eres —digo, entrecerrando los ojos—. No tienes piedad de mí. ¿Sabes qué? Me rindo. Me conformo con que me traigas un llaverito, un perfume parisino y, por supuesto, un peluche del Principito.
—¿Algo más, su alteza?
—Nada más por ahora, darling —respondo, riendo.
—Nana, eres increíble. Mejor cuéntame, ¿cómo te fue en el trabajo hoy?
—Excelente, como siempre, Charlie —saco mi taza de los Vengadores—. Alekai se comportó muy bien y está progresando en ser más sociable con los demás miembros del equipo.
—Me alegra escuchar eso —me dice con una sonrisa—. Oye, ¿te bañaste, verdad?
—¿Acaso el pelo mojado no te dice nada? —me cruzo de brazos—. Por supuesto que me bañé, geniecillo.
—Menos mal. No quiero volver a presenciar la baranda que te queda después de pasar tiempo con ese tigre gigante.
—No sabes de lo que hablas. Él me ama y yo a él —sonrío, levantando el mentón—. Cambiando de tema, ¿cuándo piensas venir a visitarme?
—Déjame ver…
—Carlos Quintero, espero que reserves un día de tu apretada agenda para venir a visitarme. Me lo debes —le digo, señalándolo con un gesto de reproche.
—Lo haré, lo haré —sonríe—. La próxima semana, en cuanto regrese de París, me dirigiré a tu pueblito vampiresco.
—Y sigues con esas historias raras—murmuro, poniendo los ojos en blanco—. Apenas pises este lugar, te verás completamente cautivado. Ya lo verás.
—Está bien, lo que tú digas—responde, tomando el teléfono y dirigiéndose a su cocina—. ¡Ah! Casi olvido mencionarte que Rodrigo te envió saludos hoy.
#5355 en Novela romántica
#1915 en Otros
#368 en Acción
mafia peligro amor misterio, mafia secretos romance, mafia amor
Editado: 07.05.2026