Me estiro, sintiendo el cálido roce del sol en mi mejilla, y abro los ojos. La calma inunda la habitación, como es habitual cada mañana. Solo se escucha el suave canto de los pájaros y la brisa que acaricia las ventanas del balcón. Un momento… ¿el balcón?
—Estoy en mi cama —susurro, sintiéndome confusa—. Anoche… estaba en el sillón, y ahora despierto aquí. ¿Cómo pudo suceder esto? ¿Habré caminado dormida hasta la habitación?
Ok, recapitulemos. Salí del zoológico, hablé con Charlie antes de que partiera hacia el aeropuerto y luego subí para ver una película. Poco después, la aparición del misterioso desconocido interrumpió mi tranquilidad con sus chillidos de auxilio. Lo atendí, lo cubrí con mi manta rosa y me acomodé a su lado.
—Oh, el grandote… ¿se habrá ido? —me levanto, notando que incluso mi taza de té ha desaparecido—. Es probable que se haya escapado en plena noche.
Con cautela, me acerco a la puerta de la habitación y desciendo las escaleras en silencio. Al asomarme a la sala, me sorprende el ambiente tranquilo; la manta rosa está bien doblada en el sillón, y el botiquín descansa sobre él.
—Bien, parece que se fue —susurro aliviada, aunque con una pizca de desilusión—. Al menos dejó todo en su lugar.
Regreso a la habitación y me dirijo al baño. Al mirarme en el espejo, noto las manchas de sangre seca en mi pijama.
—¿Se fue sin siquiera despertarme para agradecerme por curarlo? —digo, abriendo la llave de paso. Dejo que el agua caliente caiga sobre mis hombros, aliviando la pesadez que siento.
La sensación del agua despeja mi mente de lo sucedido anoche, pero un atisbo de curiosidad persiste. ¿Quién era ese hombre? Y más importante aún, ¿por qué me afectó tanto su presencia?
9:30am
Si Charlie se enterara de mi extraño encuentro anoche, no pararía de contarme sobre las leyendas de pueblos pequeños y los hombres lobo que, según él, acechan en las frías montañas. Es un loco, un exagerado, y el amigo más miedoso que tengo. No creo en tales historias, pero lo que sí pienso es que este grandulón debió haberse aventurado en el bosque y las cosas no salieron como planeaba. Tal vez, venía huyendo de algún lobo amenazador o… de algo más siniestro.
—We’re walking the wire, love! —canto con entusiasmo, batiendo la mezcla de hotcakes—. We couldn’t be higher up… We’re walking the wire, wire, wire!
Walking the wire llena la cocina, dándole un toque de energía a la mañana, mientras me concentro en preparar el desayuno. Imagine Dragons ha sido mi banda favorita durante cinco años. Esta canción me transporta a aquel instante en que Charlie, su hermano y yo viajábamos por la autopista hacia el festival de Ottawa en julio del año pasado. La anticipación de ver a Metric en el cierre del evento era innegable; no podíamos perdérnoslo. Cada kilómetro recorrido valió la pena para disfrutar de su actuación en vivo, con la intensidad y el color que solo un escenario puede ofrecer.
—Ahora esta masa irá al sartén —digo, probando un poco de la mezcla con el cucharón.
Aumento el volumen del estéreo y comienzo a dar pequeños saltos, moviéndome al ritmo de la música alrededor de la mesa de madera. Agito la cabeza al compás de la siguiente canción, Start Over. No hay una melodía en este álbum que no me cautive. Dan Reynolds tiene un talento asombroso para transmitir energía y alegría a través de su voz, lo que hace que su música sea en verdad impresionante.
—Hyvää huomenta (Buenos días) —una voz grave y masculina resuena a solo unos centímetros de mi oído.
—¡Dios! —exclamo, girando de golpe con la sartén en mano y dándole directo en la cabeza—. ¡Cielos, ¿estás bien?
—Olen kunnossa, älä huoli (Estoy bien, no te preocupes) —responde, frunciendo el ceño por el dolor.
—Me encantaría entender lo que dices, ¿sabes? —bajo el volumen de la música. Coloco mi mano en su frente, verificando que no le haya causado más daño—. Eres un imán para los golpes, grandote. ¿Cómo entraste?
—Imagine Dragons —comenta con una leve sonrisa, señalando los parlantes del techo—. Minä tykkään tuosta laulusta (Me gusta esa canción).
—Bien, eso lo entendí. Conoces a Imagine Dragons —sonrío—. Pero, ¿qué idioma es ese que hablas? Nunca había escuchado un trabalenguas así.
—Can we start over? Can we get closer? —canta con suavidad.
—Can we start over? Before it’s over, over —termino el verso, un poco desconcertada—. ¿Hablas inglés? Do you speak English?
—I speak a little bit (Hablo un poco) —responde con un acento firme—. I only understand the basics (Solo entiendo lo básico).
—Eso será suficiente —saco el teléfono de mi bolsillo—. Veamos, déjame… ehmm, I’m going to open the translator, ok? (Voy a abrir el traductor, ¿de acuerdo?)
Él asiente, aunque aún no estoy segura de que me haya comprendido por completo. Mientras desbloqueo el teléfono, lo observo de reojo. Es un tipo que parece sacado de otro mundo, distinto a todo lo que conozco. Irradia una mezcla de fortaleza y dureza que se siente palpable, como si estuviera acostumbrado a lidiar con situaciones complicadas.
—Esta aplicación hará que podamos entendernos —le explico, mostrándole la pantalla—. Aunque no captes lo que digo ahora mismo, esto nos sacará del apuro.
Acerco el teléfono al micrófono y pregunto:
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Editado: 07.05.2026