Lunes 16 de Septiembre del 2019
—Recapitulemos, ¿te parece? —dice Charlie, intentando mantener la calma—. Esa noche en que terminamos de hablar, te retiraste a tu habitación para ver películas porque, número uno: eres una chica aburrida. Y dos: preferiste quedarte en casa en lugar de arreglarte y salir a bailar. ¿Voy bien?
—Bueno, omite lo de “chica aburrida” y el hecho de que prefiero quedarme en casa con mi Netflix —respondo, observándome en el espejo—. Tú, querido, eres incluso peor que yo; no lo olvides. ¿O acaso vas a negar que hace dos semanas decidiste quedarte durmiendo en vez de salir con Melissa, la pelirroja?
—¿Melissa?
—Sí, Melissa Vanegas, ¿la recuerdas? La vecina chilena que te tenía fascinado y que, después de tanto insistirle para que salieras con ella, se cansó de esperarte en Wendy’s toda la tarde de aquel viernes. Ay, Charlie, no tuviste la amabilidad de enviarle ni un mensaje para avisarle. Pobre chica.
—Eh, sí, sí. No es necesario que saques ese tema a la luz —carraspea, incómodo—. Aún me mira raro cuando me la cruzo en las escaleras.
—Ja, y como no… La dejaste plantada. No, en serio, ¡la dejaste plantadísima! —comienzo a reírme—. Se enojó tanto que publicó una selfie en Instagram. ¿Recuerdas la descripción?
—“Riquísima la hamburguesa, Carlos. Gracias por dejarme esperando” —replica con un tono irónico—. “Sigue tu pasarela de Gucci, que eso se te da mejor que una relación. Hashtag… Mejor sola que mal acompañada”.
—¡Increíble, Charlie! —exclamo—. Tienes una suerte que no se puede creer… Ay, creo que me va a dar un ataque de risa.
—Gracias, Nana. Eres muy amable —responde, mirando hacia arriba con exasperación—. Eres la amiga más ridícula e incorregible que tengo.
—La mejor, definitivamente soy la mejor. Acéptalo —digo, secándome las lágrimas y suspirando con satisfacción.
—A ver, respira y continuemos con el tema pendiente, por favor. Esto es serio.
—Sí, muy serio —respondo, arremangándome el cárdigan de colores.
—Bien, después de haber decidido quedarte en casa, mencionas que escuchaste unos ruidos extraños en tu jardín.
—Así es. Al principio pensé que provenían del bosque —me hago una coleta—. Estaba tan oscuro… Además, mi vecino tenía la música a todo volumen, así que supuse que era alguien de la fiesta merodeando por el área.
—De acuerdo. Entonces bajaste, encendiste las luces y fue ahí donde lo encontraste. ¿Es así?
—Tal cual, así fue. Estaba tirado en el pasto. Parecía que venía corriendo del bosque. Cuando logré que me prestara atención, lo llevé a la casa, le curé las heridas y lo dejé descansar.
—¿Y te quedaste dormida?
—Me quedé dormida, ajá.
—Y ahora resulta que el gigante finlandés no recuerda nada. Encima, se comunican con el traductor, ¿verdad? Esto mejora por momentos. ¿Me repites su nombre?
—Aatu Kinnunen —contesto, pronunciando su nombre con suavidad—. Es de Helsinki, y la verdad, tiene un espíritu bastante aventurero.
—Ah, perfecto —dice, con ironía controlada—. Un misterioso extranjero perdido, sin memoria, y con “un espíritu aventurero”. Justo lo que uno necesita en la vida, ¿no?
—¿Sabes cómo me llama a veces? Alaine —sonrío, sentándome en la cama—. No sé por qué… Tal vez sea su idioma. ¿Será muy difícil aprender…
—Elaine, escúchame —me interrumpe.
—Dime, Carlos.
—¡¿Estás consciente de lo que estás haciendo?! —pregunta con una mezcla de exasperación y preocupación—. No sabes nada de este hombre. Es un completo desconocido, no tienes ni idea de por qué terminó así. ¿De verdad no te preocupa lo que pueda pasar? ¿Por qué no llamaste a la policía?
—Porque él no quiere y lo entiendo. Tiene miedo.
—Elaine Amorim, no me vengas con tus excusas de siempre.
Voy con el teléfono hasta el balcón y me apoyo en la baranda—Está cortando el césped—sonrío, observándolo desde arriba.
—No, no, no puede ser… Esto no está pasando.
—¿Qué? ¿Qué pasa ahora?
—¿Te gusta? —abre bien los ojos—El desconocido te está haciendo perder la cabeza.
—No digas tonterías, apenas lo conocí hace tres días —respondo, tratando de sonar indiferente.
—Muéstramelo, tengo que ver a este sujeto. No puedo quedarme con la duda.
—¿Por qué? ¿Para qué?
—Porque eres una friki y hasta ahora no habías dejado que ningún hombre entrara en tu excéntrica vida.
—Mira que eres insistente —gruño, cambiando la cámara a la trasera—. Ahí lo tienes, ¿lo ves?
—¡Vaya! ¡Tienes un hombre lobo en casa! —lo observa atento mientras toma un sorbo de su Ginger Ale—Al final, parece que esas historias que siempre te parecieron ridículas no eran tan fantasiosas después de todo.
—Por favor, Charlie. Solo porque salió del bosque, es fuerte, grande y tiene unos ojos… interesantes, no lo hace sobrenatural ni nada de eso.
—Yo no mencioné sus ojos, querida Nana —sonríe con malicia.
—Sí, como sea —cambio la cámara de nuevo a la frontal y me acomodo en mi hamaca colgante—. No es peligroso, Charlie. No me preguntes cómo lo sé, solo lo siento.
—¿Qué te puedo decir, cariño? Al final, la decisión es tuya. Si piensas que no representa una amenaza y te sientes cómoda ayudándolo, sigue adelante.
—Ya veré qué hago —suspiro—. ¿Vendrás el viernes?
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Editado: 07.05.2026