Entra a la casa, casi arrastrándome, y cierra la puerta corrediza del jardín. Mira hacia el bosque como si aguardara la aparición de algo o alguien. Genial, ahora no solo no comprendo su idioma, sino que también debo lidiar con sus reacciones extrañas.
—Aatu, solo fue una loba protegiendo a sus cachorros —digo, desconectando el teléfono del cargador—. Uff, mejor te hablo por el traductor, porque no entiendes una sola palabra de lo que estoy diciendo.
Abro la aplicación que uso siempre con él y le explico que no hay nada que temer, que son solo lobos defendiendo su territorio y que no volverán.
—Alaine, Alaine… Et ymmärrä, luulen, että he etsivät minua (No lo entiendes, creo que me estaban buscando).
—Wow, wow… Baja un poco el tono, grandulón. No entiendo nada de lo que dices en tu exótico idioma. Hablemos a través del traductor —digo, levantando el celular.
Toma el teléfono y comienza a hablar sin parar, caminando de un lado a otro. Cielos, con esta actitud podría jurar que es primo hermano de Alekai. Ese gato gigante siempre se mueve inquieto cuando está nervioso o ansioso. Hmm, ¿quién sabe? Tal vez Aatu no sea solo un hombre lobo, sino también mitad tigre.
—Alaine, creo que me estaban buscando en el bosque —dice la voz de la aplicación—. Fui a buscar unos troncos hasta que los vi. Gritaban mi apodo.
—¿Apodo? —pregunto, curiosa—. ¿Cuál es? Quiero saber.
—Leonidas.
—¿Te apodan “hijo de león”? Vaya, vaya —me detengo a reflexionar y sonrío—. Bien, esas son buenas noticias, ¿no? Alguien ha salido a buscarte, y parece que es conocido tuyo. Pronto podrás descubrir qué te sucedió.
Escucha mis palabras, pero niega con la mano. Masajea su nuca mientras continúa hablando.
—No sé qué clase de persona grita mi apodo en medio del bosque con un arma en la mano. Alaine, si estoy en problemas por alguna razón, no puedo quedarme aquí.
—Ok, ok… Vamos a calmarnos —me levanto del sillón y me acerco hasta él—. Respira conmigo y trata de relajarte.
Tomo sus manos entre las mías y busco su mirada, haciéndole señas para que inhale despacio y exhale conmigo unas cuantas veces, intentando que sus nervios se calmen un poco. Sus ojos reflejan una profunda preocupación, y comprendo la angustia que debe sentir; no recuerda nada de lo que hizo semanas atrás y, mucho menos, por qué ha aparecido en Burke Mountain. Sin embargo, lo que más me inquieta es la posibilidad de que haya personas armadas buscándolo. ¿Acaso será un asesino en serie de esos que aparecen en la televisión? Nah, eso no tiene sentido. Debe haber otra explicación.
—Olemme vaarassa.
—Un momento —digo, soltándolo de inmediato. Me apresuro hacia el teléfono y presiono el botón—. Ahora sí. ¿Qué estabas diciendo?
—Estamos en peligro.
—Vamos a desglosar esto, ¿te parece? —respondo, guiándolo hasta la cocina—. ¿En qué parte del bosque te encontrabas?
Se sienta en el taburete, hablando sin parar, mientras yo pongo agua a calentar para prepararnos unos tés de menta.
—No estoy seguro, pero fue todo demasiado extraño. Hay una sensación en mí, como si conociera el lugar a la perfección, como si supiera qué ruta seguir —dice el traductor—. Buscando madera, me topé con un puente antiguo que captó mi atención por las piedras de colores.
—Espera, ¿llegaste hasta las Cascadas de Crystal? —pregunto, sorprendida—. He revisado el mapa de este lugar, y las cascadas están a unos treinta minutos a pie. Solo hay dos senderos que llevan hasta allí: Hustler Trail y el Coquitlam Trail.
Sus ojos celestes se abren con una mezcla de asombro y preocupación, mientras responde en ese idioma fluido que, aunque no comprendo del todo, ya empiezo a captar mejor.
—¿Media hora? No es posible. No sentí haber caminado tanto.
—Te digo… algo tienes de hombre lobo —bromeo con una sonrisa, dejando caer las hojas de menta en el agua hirviendo—. Tal vez por eso la loba no te atacó. Sabía que eras parte de su manada.
Él suspira, pasando una mano por su cabello, y sacude la cabeza con una expresión de gravedad.
—Elaine, esto va mucho más allá de una simple loba —su voz baja, cargada de tensión—. Esos hombres que escuché… ellos me conocen. No estaban solo buscando a cualquiera, me estaban buscando a mí. Y si me encuentran… —hace una pausa, sus ojos fijos en los míos, buscando asegurarse de que lo entienda—. No quiero que te veas arrastrada a esto. No sería justo que te pusiera en peligro.
El peso de sus palabras me golpea, la seriedad en su voz me deja claro que esto no es una exageración. Algo mucho más oscuro está rondando en el bosque.
Apago la hornalla y me acerco despacio. Mis dedos rozan su frente, justo donde la cicatriz, aún fresca y suturada, cruza como un recordatorio de aquella noche en la que todo cambió. Me detengo unos segundos, buscando las palabras adecuadas. A menudo hablo sin pensar demasiado, siempre dispuesta a llenar cualquier silencio incómodo, pero ahora, me siento en un terreno desconocido. Lo que comenzó como una situación intrigante se ha convertido en algo más serio, algo mucho más grande de lo que esperaba manejar. Aatu Kinnunen no es solo un hombre con amnesia y una herida física. Es un enigma, un cúmulo de secretos y lagunas que, por alguna razón, no puedo evitar querer resolver.
Algo en él me empuja a quedarme, a seguir adelante a pesar de que mi instinto me diga que debería mantenerme a salvo. Y por más que intento racionalizar la situación, mi corazón insiste en lo contrario.
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Editado: 07.05.2026