Rakkaus Ilman Sanoja “entre caballeros y lobos”

11 | Lealtad y fidelidad

11:30pm

Dos horas después

El grandulón ha estado sumido en sus pensamientos desde el encuentro con aquellos intrigantes hombres. Qué curioso; ahora todo parece envuelto en un aura de misterio. Me siento atrapada en una narrativa de thriller, suspenso y drama de la que no puedo escapar, por más que lo intente.

El accidente, esos hombres amenazantes, el tal Jarvinen y, por supuesto, Miska, quien podría ser la esposa del grandulón, son piezas de un rompecabezas que no logro encajar. En el lado positivo, me consuelo pensando que él no tiene nada que ver con esto, que es inocente y tal vez incluso huía de un pasado turbio. Sin embargo, en el lado negativo, he llegado a la inquietante conclusión de que el celestito es un mafioso al servicio del poderoso Jarvinen. Se ha casado con Miska, a pesar de estar prohibido, y por eso ahora lo buscan sin descanso… Él es la única pista que puede conducirlos hasta la bella Miska Jarvinen de Kinnunen. ¡Ay, hasta dónde puede llegar la mente humana, o mejor dicho, mi cabeza soñadora!

—¿Piensas que este tipo pueda ser un mafioso o algo así? —susurra Charlie a mi lado—. La pinta la tiene, eso es seguro; sin embargo, no podemos sacar conclusiones solo basándonos en su apariencia.

—Ya no sé qué pensar, Charlie. Lo que escuché allá afuera no fue para nada agradable, y créeme, no estaban bromeando al decir que necesitaban encontrarlo —digo, mirando a Aatu recostado en el sofá—. Todo es tan confuso.

—¿Qué pasaría si no solo esos hombres lo están buscando? ¿Qué hay de su esposa? ¿Cómo se llamaba? Ah, sí, Whiskas… ¿Whiskas?

—Miska, tonto —le respondo, riéndome—. Él dice que no recuerda nada de ella, lo que me lleva a pensar que si en verdad se hubiera casado, tendría que recordar su boda y todas esas cosas, ¿no crees?

—¿Y si se unieron en matrimonio el mes pasado? ¿No dijiste que olvidó todo lo que sucedió semanas atrás?

—Es verdad —suspiro, mordiéndome la uña—. ¿Qué voy a hacer, Charlie? No quiero tener problemas, pero al mismo tiempo siento la necesidad de ayudarlo con su memoria, con… con todo el misterio que lo rodea. ¿Sabes lo frustrante que debe ser perder un pedazo de tu vida y no saber cómo recuperarlo?

—Tú —dice, abrazándome por el cuello—, estás sintiendo algo por él, y no me refiero solo a la ayuda que quieres brindarle. ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

—No lo digas…

—Te estás enamorando, Nana.

—Te dije que no lo dijeras —murmuro, enterrando mi rostro en su pecho—. No puedo sentir algo por un hombre que ahora sé que es casado.

—Todavía no sabemos nada. El día que aparezca la dichosa Whisky por la puerta principal, hablaremos.

—Eres imposible; ni siquiera en situaciones como esta dejas de bromear —sonrío, dándole un golpecito en el brazo—. Gracias por estar conmigo, Charlie Chaplin.

—¿Podrías dejar de cambiarme el apellido cada vez que conversamos? No me gusta que me llamen así; ni siquiera puedo bailar.

—Jamás —respondo, sonriendo—. Y bien, ¿van a quedarse a dormir o piensan regresar a la ciudad?

—A estas alturas, considerando el tremendo susto que se llevó Kristen, dudo que quieran quedarse.

—Roy, ¿qué piensan hacer? ¿Se quedan o regresan a Forest Hill?

—Pues…

—Nos regresamos —se mete Kristen, mirándolo con una expresión decidida—. No pienso quedarme en esta casa del terror ni un segundo más.

—Barbie desagradecida —susurra Charlie—. Ni siquiera ha agradecido que se comió tus porciones de pizza y le diste de tu café europeo.

—Cállate —lo corto, sonriéndole a Kristen—. Bueno, si cambian de opinión, me avisan para preparar la habitación de huéspedes.

—Yo me quedo —responde Charlie—. Nana me necesita. Llévense el auto y mañana regreso en autobús a la ciudad.

—Nada de eso —dice Roy, levantándose del taburete—. Llevaré a Kristen a casa y mañana temprano regreso con ropa limpia para quedarme con ustedes.

—Gracias, hermano —sonríe, acercándose para abrazarlo.

—¿Piensas quedarte todo el fin de semana? —pregunta la Barbie comelona—. No puedo creer que, después de lo que vivimos hace unas horas, quieras volver.

—Aquí hay de dos, cielo —murmura Roy, pellizcando su nariz—. O pasas el fin de semana con nosotros, o te quedas en tu casa ensayando las coreografías para el partido de la próxima semana en Seattle. Nadie te obliga; tú decides.

—Bien —suspira, dándose por vencida—. Supongo que puedo ensayar en el jardín de Elaine. ¿Puedo? —pregunta, girando el taburete para mirarme.

—Puedes practicar en cualquier rincón de la casa —sonrío—. Oigan, ¿cómo es que ustedes están juntos en el… ehm… bueno, en el equipo de Seattle?

—¿Te refieres a los Seahawks de la NFL, Nana? —dice Roy, alzando una ceja—. Nos conocimos en el gimnasio que está justo enfrente de mi departamento.

—El que queda cerca de la Torre Smith —susurra Charlie, como si fuera un dato importante.

—Aaaah, sí, sí. Perdón, no conozco mucho la ciudad de Seattle, pero, entonces… ¿se conocieron ahí y luego qué pasó?

—Dio la casualidad de que en nuestra primera cita me confesó que jugaba para los Seahawks desde hace unos dos años, más o menos —responde Kristen—. Yo acababa de renunciar a mi trabajo y me había postulado como porrista del equipo. Por azares del destino, me quedé y aquí seguimos después de seis meses.




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