Sábado 21 de Septiembre del 2019
9:30am.
—¿Estás un poco piripi, hija? —pregunta mamá, con ese acento español tan característico—. No puedo pasar una semana sin saber de ti porque parece que se te va la pinza, alma mía.
—Ana—digo, activando el altavoz—. Primero que nada, te amo con todo mi corazón, sin importar lo loca que me pongas. Y segundo, ¿cómo crees que voy a estar borracha a estas horas? ¡Venga, mamá! Son las nueve y media de la mañana y hasta me he duchado.
—No lo sé, hija. Siempre has sido una friki aventurera y llena de energía, pero hoy te noto más… ¿Entusiasmada?
—Tal vez sea el día o que dormí de maravilla anoche, no sé—murmuro mientras bajo las escaleras hacia la sala, intentando que no me haga más preguntas.
—Te lo digo yo, que esto no es normal. ¿Estás incubando algo? ¿Sigues con tus vitaminas? O acaso…
—¿O acaso? —digo, incitándola a que termine su oración.
—Aaaaay, ya decía yo —responde, comenzando a reír—. Elaine, hija. Estás enamorada, ¿verdad?
—¿Qué? —exclamo, sosteniendo el teléfono con el hombro. Por Dios, lo ha adivinado—. Por supuesto que no.
—Puedes decírmelo, no se lo diré a tu padre si es eso lo que te preocupa.
—¿Prometes no decirle nada por el momento? —digo, dándome por vencida ante su emoción—. Bien. Estoy conociendo a alguien.
—¡Oh, bendito sea! ¡Al fin! —grita feliz—. Pensaba que jamás querrías a alguien en tu vida, mi friki. ¿Cómo es el afortunado? ¿Cómo se llama? ¿Es de la cuadra?
—Vamos por partes, ¿quieres, mamá? —sonrío, llenando la tetera de agua—. En primer lugar, ¿cómo no querría estar con alguien si soy una romántica empedernida que cree hasta en el lazo rojo que une a las personas?
—Hasta el día de hoy no logro comprender cómo me saliste tan rosa, pero sigue, sigue —dice entusiasmada.
—De acuerdo, se llama Aatu y es finlandés.
—Aaaaanda. Jo, qué pasada —responde sorprendida—. ¿Cómo se dio el asunto entre ustedes? Ya sé, él era un turista disfrutando de Burke Mountain hasta que te encontró merodeando por la ciudad con todo ese carisma que te distingue.
—Sí, algo así. Nos conocimos de una manera no tan usual, pero aquí lo que importa es que ganó mi atención desde el primer instante en que lo vi —digo, prendiendo la hornalla—. Llevamos una semana conociéndonos, así que no podría decirte mucho sobre él.
—¿Se dedica a algo? ¿Trabaja?
—Tiene una maestría en fotografía —respondo, viendo a Charlie aparecer en el umbral de la cocina—. Al parecer, es todo un aventurero al igual que yo y, lo más importante… es un sueño de hombre.
—¿Yo? Claro que lo soy, no hace falta que se lo digas a Ana —susurra Charlie, dándome un beso en la mejilla—. Buenos días, Nana.
—Buenos días, dormilón —sonrío, cubriendo la bocina del teléfono.
—Hija, no me asustes… Que si te ha gustado a ti, entonces debe ser tremendo majo —la oigo acomodando los platos—. Descríbemelo.
—Veamos, es un hombre de metro ochenta y nueve, musculoso, de cabello castaño oscuro y piel muy blanca —suspiro y sonrío—. Lo que se lleva toda mi admiración son sus ojos color cielo. Mamá, nunca había visto unos ojos tan hermosos. Son entre celestes y grises, todo depende del día y del humor en que se encuentre.
—Te ha pegado fuerte el finlandés —silba—. Pues, ¿qué puedo decirte, hija mía? Disfruta cada momento con ese muchacho y ojalá las cosas entre ustedes se den. Pero no te me pongas hasta las trancas que te pierdo, ¿eh? Amorim.
—Para nada, tú tranquila —respondo, pensando en Miska—. Bueno, es hora de que me vaya. ¿Te toca turno en el hospital?
—Sí, pero serán unas pocas horas por la tarde —suspira tranquila—. Cuídate mucho, ¿está bien? Y mándame una foto de ese tal Aatu, me gustaría conocerlo.
—Lo haré —sonrío, recargándome en la mesada—. Abrazos, mamá.
—Besitos, mi friki. Te quiero.
—Y yo a ti —me despido y cuelgo.
Dejo el teléfono a un costado del frutero y doy unos cuantos saltitos para abrazar por la espalda a Charlie.
—¿Cómo dormiste?
—De maravilla, Nana —responde, dándose vuelta—. Las pocas horas que pude descansar fueron restauradoras.
—¿Pocas? —alzo la ceja—. Si anoche apenas terminamos de hablar acerca de los anillos de Aatu, subiste a descansar.
—Lo sé, lo sé, pero escucha esto —apaga la hornalla y abre el frasco de café Van Houtte—. Anoche me quedé investigando acerca de esas frases grabadas en los anillos. Me costó recopilar información porque lo que leía sonaba cada vez más y más descabellado y no podía creer…
—Charlie, vamos por partes. Respira y contesta lo que te pido —lo interrumpo, pasándole mi taza rosa—. Según tu investigación, ¿los anillos tienen algún significado importante?
—Digamos que sí —murmura, tratando de organizar sus ideas—. Hace unos sesenta años, la mafia finlandesa era un solo grupo, como una familia. Sin embargo, la traición y la codicia llevaron a ciertas riñas entre los miembros del círculo, provocando mucha sangre derramada —termina de servir café para ambos y me mira—. Entonces, Eikki Ylonen, el líder de aquel gigantesco grupo, tomó la decisión de dividirlo en dos, creando así la división del norte y el sur.
—Hasta aquí voy entendiendo —digo, masticando todo lo que me lanza—. Ahora, esos dos bandos que se formaron, ¿tienen algún nombre o frase que los distinga?
#6042 en Novela romántica
#2330 en Otros
#423 en Acción
mafia peligro amor misterio, mafia secretos romance, mafia amor
Editado: 06.06.2026