Razones para no morir

Capítulo 10. Nada es igual.

Cassian

¿Por qué?

¿Cuándo?

¿Cómo pasó eso?

Intentaba concentrarme. Soleil a mi lado afinaba su violín, mientras yo supuestamente estaba cambiándole una cuerda al mío.

Pero mi mente estaba en lo que pasó hace una hora allá en el conservatorio.

Giro mi cabeza lentamente hacia Soleil.
Su rostro refleja indiferencia, pero… no es ella, osea, es pero no.

No me explico.

Agh.

De verdad no entiendo. Mi mente no lo procesa.

¿Quién es ella? Ella no es Soleil.

… No la que yo conozco.

—¿Qué me ves?

Apartó la mirada cuando me mira de reojo y enfoco mi vista en mi violín.

—Yo puedo mirar a dónde quiera —Soleil suspira ante mi respuesta. Cuando de repente pregunto —. Oye… ¿estás bien?

—¿A qué viene la pregunta?

Ella se detiene y coloca el violín en sus piernas y centra su atención en mí.

—Bueno… es que le respondiste a Davi… —ella entrecierra los ojos —. No pensé que fueras a hacerlo. Estás… diferente. En el sentido de que nunca habías respondido así.

Ella se queda mirándome.

No parpadea.

Un silencio llena la habitación.

—La gente madura, Cassian.

¿Eso? ¿Esa va a ser su respuesta?

Yo necesito saber qué está pasando

Me siento como el que no sabe. El desinformado. El que no está actualizado.

Además de que nunca la gente me dice nada.

¿No será… porque vives recordando el pasado? —dice una voz dentro de mi.

Intento disipar el eco en mi cabeza cuando justamente aparece Margaret. Gracias a Dios.

Empuja hacia un lado la puerta corrediza de vidrio y la cierra.

Margaret aún tiene grandes ojeras y sus ojos han adquirido un tono rojizo.

Pienso que no está durmiendo. Está fatigada y… tengo la seguridad de que en cualquier momento se va a caer y a desmayar y voy a tener que sacarla de aquí.

Suspiro y termino de colocar la cuerda.

—Podemos comenzar ¿Verdad? —pregunta Margaret.

Soleil y yo asentimos con la cabeza.

—Bien. Quiero que toquen una escala… sol mayor en dos octavas.

Me coloco el violín en el hombro y Soleil hace lo mismo. Margaret arrastra una silla y la pone enfrente de nosotros y se sienta.

Con las manos comienza a marcar el tempo.

Comenzamos a tocar. Pero esto suena horrible.

Inmediatamente Margaret nos para.

—¿Qué es esto? ¡Toquen bien!

Asentimos con la cabeza y tocamos.

Resumen rápido: fue un desastre.

—¡Alto! ¡Paren, paren! Eso fue horrible —grita Margaret. —. ¿Soleil en qué estás tocando?

—Blancas —no me sorprende viniendo de ella. Eso sí no cambia.

Margaret fija su mirada en mí esta vez.

—Cassian ¿En qué estás tocando? —miro a nuestra directora.

—Negras —respondo con algo de enojo.

Estoy perdiendo la paciencia. Quiero salir de aquí.

Margaret suspiró.

—Vamos otra vez —comenzó a marcar el tempo y volvimos a tocar.

No pasamos de dos notas cuando Margaret nos detuvo… de nuevo.

—¿Cassian en qué estás tocando ahora?

—Blancas —respondo en voz baja sin mirarla.

Margaret nos miró de hito en hito, alternando la vista entre los dos.

Se pasa las manos por la cara. Inhala aire por la nariz y exhala por la boca.

—Bien, puedo hacer esto. No es tan complicado —murmura para sí misma—. Bueno… toquen en redondas.

Así lo hicimos. Al unísono. Puedo decir que salió bien… creo.

Seguimos tocando toda la tarde escalas. Las cosas parecían ir bien pero empeoraron. Soleil iba más rápido. Yo iba más lento.

O ella iba más lento y yo iba más rápido.

¡Y SOLO ESTÁBAMOS TOCANDO ESCALAS!

¡¡¡ESCALAS!!!

—¡¿Acaso no me escuchan?! O van más rápido o van más lento. ¡No los entiendo! —Margaret se convirtió en una furia —. Otra vez. ¡Escuchen! Están tocando negras. NEGRAS. Notas musicales que solo duran un tiempo, un segundo. ¿Tengo que darles una clase básica de lenguaje musical o que? ¡Ustedes no son niños! Pónganse de acuerdo y punto. ¡Síganse mutuamente! ¡Otra vez!

La mejillas de Margaret se tornaron levemente de color rosa, su respiración se notaba agitada.

Se cruzó de brazos esperando a que nos colocaramos el violín otra vez.

Ella nos miraba con el ceño fruncido y la mandíbula apretada.

Soleil y yo nos colocamos el violín nuevamente y Margaret comenzó a marcar el tempo pero esta vez con el metrónomo.

¿Qué estamos haciendo mal? Son solo escalas.

Volvimos a fallar.

Una y otra vez.

O era el tempo, o era retraso o adelanto o simplemente afinación.

Esto es horrible.

Llegó un momento en que Margaret no nos aguanto más y se fue.

La sala se inundó de un silencio casi… doloroso. Pero no.

Esto ha sido un fracaso más.

Un día más perdido.

Me levanté de la silla y comencé a caminar un poco por la habitación para despejar la mente.

Me detuve al frente de la ventana.

—Tal vez… tal vez no deberíamos tocar juntos. Nunca sale bien—dije sin mirarla con la mirada fija en la vista de las otras casas.
—Lastima. Ya nos inscribieron como dúo, nos guste o no… estamos atados—giré la cabeza en su dirección. Ella no me miraba.

Se escucha el sonido de las hojas tocándose mientras Soleil acomoda las partituras del suzuki.

Ha avanzado. Eso debo admitirlo… Pero no merece que lo diga en voz alta.

—Tienes elección. Puedes irte —una risa seca y amarga sale de sus labios.

Retira lentamente la mirada de las partituras en sus manos y me mira.

Una punzada me incomoda en el pecho. Un sentimiento alarmante se despierta en mi interior.

Soleil me mira con una sonrisa amarga. Una que refleja rabia, ira y enojo.

—¿Quién eres? —la pregunta escapa por mis labios en un susurro. Su ceño se frunce un poco. Me escuchó.

Ella no es Soleil. Esa sonrisa… no es de ella.

—Cuando estaba en el avión de camino acá, todo pasó muy rápido. Mi mente estaba como… entumecida y fue cuando Margaret me hizo firmar una hoja. Era un contrato —su sonrisa me incomoda cada vez más —. Fui tonta. Firmé una hoja. Intento no pensarlo. No lo pienso. Me tendrás aquí hasta diciembre. Ahora aguántame.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.