Cassian.
Ella siguió andando.
Caminaba detrás de Marcelo. Y yo detrás de ella.
¿Cuándo dejó de alisarse el cabello?
Recuerdo que cuando entramos a la adolescencia solía alisarse el cabello y en una ocasión llegó a decir que no le gustaban sus ondas.
Desvié mis ojos de su cabello e intenté mirar a otra parte. El hotel seguía igual. Nada cambió… bueno, tal vez el personal fue renovado sí o sí durante los años.
Nunca llegué a imaginar que volvería aquí.
—¿Cómo se preparan para la competencia? —se detuvo Marcelo al frente de un elevador.
Soleil paró al ver que casi iba chocar contra la espalda de Marcelo. Me detuve aún más en seco porque yo casi la empujo a ella.
Silencio.
El ruido del movimiento de las personas hace eco en mi cabeza.
¿Soleil responderá la pregunta de Marcelo o tendré que hacerlo yo?
¡Ay qué flojera!
El elevador aún no se ha abierto y él dueño de este hotel (Marcelo) no se voltea a vernos.
¿Es cierto que hay alguien escuchándonos?
Ok.
Ah. Mmmmm.
No sé qué debo preguntar.
—Estamos en eso. En preparación constante, Marcelo. Mejorando, ya sabes —respondió Soleil sin levantar la cabeza.
Puedo ver qué sigue mirando el piso.
Mi pecho vació el aire lentamente. Eché la cabeza hacia atrás despacio.
¿Esto tomará mucho tiempo?
¡Por fin el elevador se abrió! Como unas cinco personas salieron y luego nosotros entramos.
Soleil aún parecía que tenía la cabeza en la luna. Su mirada seguía clavada en la nada.
¿Qué tanto piensas? Quiero preguntarle.
No de forma brusca. Solo es curiosidad.
Osea sí, me cae mal. Detesto su presencia la mayor parte de las veces pero… no es porque sí.
Hay razones. Buenas razones.
Me acerqué lo más posible a la pared del elevador y recosté la espalda. Marcelo se arreglaba la manga de la americana blanca que traía puesta.
Y yo… pensaba ¿Debería hablar con Andrew sobre esto? Era una posible opción. Excelente opción para despejar la mente de mis incomodidades diarias.
Incomodidades diarias = convivir con Soleil.
Es cierto que hay algo raro pasando. Eso me despeja más la mente y me preocupa a la vez.
Quita un clavo con otro clavo.
Lo de Margaret es prueba. Aunque aún no entiendo el por qué escogió a mi desconforto número 1 después de pasar años sin tocar el violín. Tampoco se porque alguien nos estaría escuchando, pues es lo que había dicho Marcelo.
Alguien tiene el oído atento.
Aunque… no debería sorprenderme. Si había algo que decía Alessandro mi segundo hermano mayor era: siempre que estés fuera de casa recuerda bien, hermanito, las paredes tienen oídos.
¿Será que todo esto tiene que ver con lo ocurrido hace 10 años?
De solo pensarlo en mi estómago comienzo a sentir frío. De solo imaginarlo las entrañas me empiezan a doler. Me provoca náuseas. pensar solamente en aquello.
Sacudo la cabeza. Todo va a estar bien.
Dios tiene el control de todo.
La puerta del elevador finalmente se abre.
Marcelo se dispone a ser el primero en salir.
—Bueno mi hermoso eclipse, aquí tienen —saca dos llaves del bolsillo derecho y Soleil y yo extendemos una mano y él coloca la llaves en su mano y luego en la mía —. Las llaves llevan el número de la habitación aunque eso ya lo saben, y la estancia la tiene totalmente memorizada, No es nada nuevo dónde se van a quedar. Después de todo se la pasaban corriendo por aquí.
El pasa por el medio y Soleil y yo nos hacemos a un lado para dejarlo pasar.
—Ya saben… cerrar bien la puerta del cuarto, no dejar los grifos abiertos. No botar la llave por ahí. Y esas reglas que sus padres les daban cuando iban a quedarse en un hotel o en cualquier lugar.
Soleil y yo nos miramos las caras al mismo tiempo confusos.
Él sigue caminando y nosotros dos lo seguimos por detrás.
Aceleramos el paso sin correr para alcanzarlo.
—¡Ah! Olvidé decirles —se da la vuelta para encararnos y nos detenemos en seco —. Algunos patrocinadores de la orquesta de cuerda de Italia (La orquesta que ustedes lideran como concertino y principal) han tenido la brillante idea de hacer una fiesta más tarde como a las 9. Ya saben cuánto aman adentrarse más a la noche para luego decir: la noche es joven. Están invitados, a pesar de que a ellos no les importa si ustedes aparecen o no. Pero les gustaría conocerlos igual antes de la gala de primavera. Entonces… pueden ir si quieren. ¡Ciao mi bello eclipse!
—¡Y dale con el bendito apodo ese! —decimos ella y yo al mismo tiempo observando como Marcelo se va sin mirar atrás.
Nos miramos al mismo tiempo.
—Detesto ese apodo —dice ella cruzándose de brazos.
—Creo que es una de las pocas cosas que comparto contigo —concuerdo con ella guardando la llave en mi bolsillo.
—Bueno… anda a ver qué haces con tu vida, Materazzi. Yo tengo mis planes —se da la vuelta y empieza a ir a un pasillo contrario al mío.
Meto la mano en el bolsillo y saco de vuelta la llave y miro el número.
¿Será que debo recordarle a ella que no se aleje tanto?
Mmmm.
Nah.
Ni que la fueran a secuestrar.
Sigo mi camino por el otro pasillo. Sin comprobar el número de la llave, porque por alguna razón ya se cual es mi habitación.
Me detengo y miro la puerta. Frunzo los labios.
¡Ay Marcelo, no inventes!
Introduzco la llave en la cerradura y luego la giro hacia un lado levemente abriendo así la puerta. Mis dos maletas se encuentran en el suelo. Cierro la puerta detrás de mi y enciendo la luz.
El cuarto sigue intacto. La diferencia es la decoración. La habitación sigue siendo enorme. La cama… enorme. Techo alto.
Muebles blancos. Piso de mármol. Paredes de colores neutros. Y un balcón grande.
Lindo. Aja.
Apoyo las manos en mi cadera.
Cierro los ojos un segundo y dejo ir el aire.
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Editado: 01.01.2026