Razones para no morir

Capítulo 16. Dos armarios.

Cassian

No es para tanto. No va a morir. Imposible que se muera si solo se le clavaron pequeños vidrios en la palma de la mano derecha.

Moriría si fuera en un punto vital ejemplo su muñeca.

Mi cuerpo se mueve solo, en ningún momento me aparto de Soleil.

Las miradas nos persiguen a cada paso mientras nos alejamos.

Soleil no llora.

Y eso… inquieta.

Gime de dolor, se queja un poco. Pero no habla. No dice ni una palabra. No me dice cómo se siente. Cuánto le duele. Si es muy grave. Si se siente débil. O sea no es para tanto las heridas pero igual se hizo daño.

Aunque tampoco le he preguntado. Mi mente es un total caos. Siento un zumbido en los oídos. Los sonidos externos me son lejanos.

La propia voz de mi consciencia me baila en la cabeza con las mismas palabras repetidas como si fueran un mantra de mí contra mi.

Diciendo que esto es mi culpa. No consigo pensar.

¿A dónde es que estamos yendo?

Ya dije que mi cuerpo anda en automático. Esto es un problema. Margaret va a matarme.

Después de entrar en el elevador y subir pasa como una cámara rápida.

Cuando me doy cuenta estoy colocando mi llave en la cerradura de la puerta de mi habitación. Miro hacia los lados antes de entrar.

Soleil anda detrás de mí. A paso lento se sienta con cuidado en el borde de mi cama con sus ojos observando la gravidez de su mano.

Me aseguro de pasarle llave a la puerta y me dirijo al baño.

Coloco mi mano en el pomo de la puerta y cierro.

O sea ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Por qué pasó?

No tiene sentido. No le encuentro.

Busco una cajita de primeros auxilios debajo del lavamanos.

Debo calmarme. Mi pecho se llena de aire y luego lo expulsa.

No puedo perder el control. Alguien debe hacer algo. Debo razonar.

Ok señor Jesús ayúdame. Dame la tranquilidad y la paciencia.

Tengo que hacer algo.

Agarro la cajita de primeros auxilios con una mano y la otra abro la puerta.

Me asomo a ver cómo está Soleil. Sigue… igual.

Me acerco a la cama y me siento en el borde al frente de ella.

Abro la cajita y comienzo a sacar unas toallas antibacteriales, vendas, una pinza de madera y… creo que eso basta. No estudié medicina como Alessandro.

Me detengo por un pequeño instante. El silencio está presente.

No sé escucha nada. Miro a Soleil y está con la mirada en la nada. Más o menos inexpresiva pero en la nada.

La veo parpadear…

¿Qué… pensará? Levemente extiendo mi mano hacia ella. Pasan alrededor de unos segundos cuando ella extiende la mano y la apoya en la mía.

Me dedico a sacar los vidrios con cuidado y limpiar la sangre que no es tanta.

Ella suspira.

—Aun no puedo creer que me caí en tacones. Osea no es lo más raro del mundo pero tampoco le hayo sentido. Para mí no tiene el sentido —dice en voz baja. Hablando por primera vez luego del “accidente”.

Trago saliva y desvío la mirada hacia la nada.

—No te caistes… te empujaron para que calleras —digo sin mirarla.

—No lo entiendo.

—No te pregunté si lo entendistes, solo te digo lo que ví. Ahora no te muevas —tiro otra toallita manchada de sangre a la basura.

La pierna no le sangra casi nada pero la tiene manchada. Es solo una cortadita.

—¡Me arde!

—O sea pues claro que arde, pero la cortada de la pierna es mínima. Notm te caistes ensima de los trozos gigantes de vidrio. Pero te cortastes. Lo normal cuando hay vidrio en el suelo —intento no estresarme, inhalo por la nariz y exhalo por la boca —. Te calmas un momento. Cuando termine te irás por la puerta esa y que secreta del armario.

Que estrés.

Terminal de venderle rápidamente y meto todo lo que saque en la cajita.

Me detengo cuando de reojo veo como se anda moviendo la venda de la mano.

—¡No te lo toques!

—Esta mal puesto.

—¿Me vas a decir a mi que está mal puesto? Primeramente esto es tu culpa, y segundo que yo recuerde te dije claramente que no te alejaras de mí —De hito en hito me mira.

Mueve un poco la cabeza hasta ladearla.

Nuestras respiraciones son audibles. Se remoja los labios.

Su mirada se ensombrece

—¿Quieres decir que fue mi culpa? —dice gélidamente y me mira directamente a los ojos.

Intenté sostenerle la mirada, pero la bajé. No porque quisiera sino porque no pude seguir mirándola.

Trago saliva.

¿Qué iba a decir?

Ah mmm.

—No entiendo porque siempre sí o sí me llevas la contraria. Es estresante —confieso en voz baja.

Sigo asegurándome de que nada se haya quedado fuera de la caja de primeros auxilios. Voy a levantarme cuando Soleil dice algo.

—Te llevo la contraria no porque sí, te llevo la contraria porque algo en lo muy profundo de mi me hace ir en contra de ti —al escuchar eso la miro lentamente. Su mirada sigue puesta en mí, con expresión severa llena de incomodidad y enojo.

Desvío la mirada y decido cambiar de tema.

—Mejor vamos a llevarte a tu habitación. El armario sigue ahí y por lo que se el pasadizo también —nos levantamos y caminamos hasta el enorme armario ella abre una puerta y yo la otra.

Echo hacia un lado los ganchos y luego los otros hacia el otro lado. Coloco un pie encima de una gaveta de abajo donde van los zapatos (está vacía) y me subo.

Soleil sostiene la puerta izquierda ya que es más floja y se devuelve por naturaleza. Eso siempre lo supimos.

Intento meterme sin caerme. Tiene profundidad y altura. Aún así no pego la cabeza del techo marrón. Coloco mi mano en la esquina de la pared de madera en busca de la abertura.

¡Bingo!

Soleil observa y se acerca un poco y busca en la parte de abajo y también encuentra.

A la cuenta de tres jalamos hacia nosotros y luego hacia la derecha así quitando la pared de fondo dejándonos ver una puerta pequeña gris de metal.

Con delicadeza abro la puerta con facilidad.




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