Soleil
¿Por qué?
…
Entrelacé mis manos quedando todo lo demás de mi cuerpo rígido.
Estoy a la derecha de Cassian. El conductor del taxi dejó las maletas detrás de nosotros.
Se despidió con un adiós, pero no recibió una respuesta de nuestra parte.
Miro el enorme y alto portón de barrotes de color ceniciento. Permitía ver perfectamente el jardín de adentro, bien cuidado.
Sigo observando la casa a través de los barrotes. Azul oscuro y blanco. Es elegante. Una casa enorme.
Las extremidades comienzan a pesarme. Me encojo de hombros y pestañeo con lentitud hasta que se me escapa un suspiro.
Mi mente queda vacía, la calle parece desierta aunque está solía ser una calle muy concurrida. Las casas lujosas siguen igual, todas siguen igual. Tal vez Italia no cambió, sino los que cambiamos fuimos nosotros.
De repente observo de reojo a Cassian. Su reacción no se me escapa. Su mirada parece perdida y su ceño está levemente fruncido. Sus hombros se ven rígidos y su respiración parece… superficial.
Los dos no nos atrevemos a romper el silencio que creamos como si las palabras que dijimos al bajar del auto hubieran sido suficientes como para hacer salir a toda la gente del vecindario.
Aunque… el supuesto silencio que guardabamos no duró más cuando Cassian decidió hacerme una pregunta de manera seca y acusadora:
—Soleil, necesito que me respondas una pregunta, solo una —no se molesta en desviar la vista hacia mi —. ¡¿Tu sabías que Matthewn nos traería aquí?
Reacciono. Mi cuerpo sale de su trance y volteo la cabeza en su dirección.
—No, no lo sabía —las palabras me salen en un tono más bajo de lo que imaginé.
Él asiente con la cabeza todavía con los ojos clavados en el vacío.
—Ok, yo me voy de aquí, luego veré la forma de discutir con tu primo —se da la vuelta y agarra su maleta y levanta el estuche de su violín en un intento de irse.
En ese instante mi teléfono comienza a sonar.
Una llamada.
Cassian se detiene y me pone atención.
Inmediatamente veo como sus ojos me preguntan quién es.
—Matthewn —digo en voz alta para que me escuche.
El se piensa algo y luego se acerca rápido y dice:
—Yo atiendo.
Lo veo como si me hubiese hablado en japonés. El hace un ademán en quitarme el teléfono de la mano pero se lo impido trayendo el celular a mí, pero él no lo suelta y jala hacia sí mismo y yo hacia mi.
—¡Suelta!
—Suelta tu.
—Necesito decirle algo a Matthewn.
—¿Decirle algo o insultarlo, Materazzi?—una risa nerviosa se me escapa de los labios.
—¡Los dos! —me sonríe falsamente.
Agh.
Nos detenemos cuando nos damos cuenta que el teléfono dejó de vibrar y sonar.
Nos miramos al mismo tiempo y el suelta el celular y yo quitó la pantalla de bloqueo viendo que sucedió.
La llamada se canceló.
Cierro los ojos y respiro profundo.
—¿Ya dejaron de pelear? —Cassian y yo nos giramos hacia la voz femenina y nos encontramos con una mujer alta pero ya mayor. El portón de barrotes se abrió completo y la mujer estar recostada de la pared de piedra con los brazos cruzados
Su mirada refleja la decepción total mientras alterna la vista entre mi compañero y yo.
Trago saliva e intento clavar los ojos en la acera encogiendome de hombros.
—¿Se van a quedar ahí? ¿O que? Pasen, hay tiempo de lluvia —se incorpora y camina hacia adentro de la casa sin mirar atrás.
Miro a Cassian. Se nota obstinado. Hay desprecio en su mirada hacia la mujer que sigue caminando por el jardín hasta entrar en la casa.
Luego me mira a mi. Sus ojos en los mios.
Su expresión cambia.
Sus ojos ensombrecidos puestos en mí como si me quisiera decir algo que le causa repulsión pero no lo logra verbalizar.
—Vamos a entrar, parece que si va a llover —da unos pasos atrás y agarra mi maleta también. Yo agarro mi estuche del violín y entramos en ese instante el portón se cierra. La puerta de la casa sigue abierta.
Entramos y mis ojos se abren de par en par cuando el olor a lavanda me invade.
Un nudo se crea en mi garganta. No me doy cuenta que estoy apretando los puños hasta que Cassian se acerca y agarra mi muñeca y me abre el puño.
El ya ha dejado las maletas a un lado del vestíbulo.
Respiro profundo y cierro la puerta. Cassian se queda ahí como perdido en su mente, decido dejarlo ahí aunque… no se que realmente hacer.
—¿Como acabamos aquí?
—El primo tuyo —me dice lo obvio.
Estoy apunto de responderle cuando aparece la mujer.
—Aun no me he puesto a hacer el almuerzo pero puede que comamos tarde… se me había olvidado bajar la carne —ella aparece de nuevo con una dulce sonrisa, siempre fue así, siempre que ella cocina se come tarde.
Asiento con la cabeza y retrocedo en reversa y suavemente le doy en el estómago a Cassian.
—Haz algo —le susurro sin apartar la vista de la pelinegra.
—¡No voy hacer nada!
—¿Saben que los escucho cierto?—dice ella alternando la vista entre los dos.
Le vuelvo a dar un codazo a Cassian.
Ahí reacciona.
—Hola tía Aurora —dice casi que en un hilo de voz pero Aurora lo escuchó porque ella sonríe.
—Hola Cass. Han crecido bastante los dos —se lleva las manos a la cintura —. Y es claro. Los años pasan. Ustedes ya son todos unos adultos responsables y yo… yo me estoy volviendo vieja.
Su voz sigue siendo la misma. Ella es Aurora Materazzi, la tía de Cassian. Y esta casa… es la casa de mi tía Tea Vitale, la hermana mayor de mi papá y mi tío Carlos.
Aurora dijo que han pasado años, ella no estaba hablando solo de mí, también de Cassian.
Frunzo el ceño y me volteo hasta quedar frente a él y lo miro con interrogación. El me mira de reojo.
Haber… habla chico de cabello color negro abismo. O negro galaxia… o tal vez negro del vacío.
El entrecierra los ojos.
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Editado: 02.03.2026