Soleil.
Ayudé a Aurora a hacer el almuerzo. No conversamos casi.
Luego cuando acabamos almorzamos pero Cassian no nos acompañó. Y comimos solo Aurora y yo. También no hablamos.
Cuando me ofrecí a lavar los platos no me lo permitió y me mandó a… lo que fue mi habitación a descansar porque según ella me esperan días difíciles.
No sé qué pensar al respecto. Siento una presión en mi pecho. Pero también me siento… cansada.
Siento un cosquilleo en el estómago y en las manos. Mi mirada está fijada en el pomo de la puerta de mi “cuarto”.
Decidí abrirla de una vez.
Abro la puerta, entro, cierro y le paso el seguro.
Lentamente me doy la vuelta.
Mis ojos se abren de par en par con delicadeza y mi pecho se llena de aire suavemente.
Llevo mis manos al pecho y admiro el cuarto.
Sigue intacto.
La cama matrimonial con las sábanas azul pastel y blanco del lado izquierdo y el delgado librero al lado. La mesita blanca al otro lado de la cama. El ventanal que casi llega al techo y el escritorio frente a él. A mí derecha al lado de la puerta está el carrito que era para libros pero lo había llenado de carpetas llenas de partituras.
Me acerco despacio y me agachó pero al final me siento de chinito en el suelo.
Llevo mi mano hasta una de las carpetas transparentes que se ha vuelto amarilla por los años ahí guardada.
Abro la carpeta y me encuentro con partituras como el Danzón n°2 de Arturo Márquez. Danza húngara. Marcha Slava de Peter Tchaikovsky. Y otras.
Me pasaría horas en contarte la historia de mis años como violinista, mi querido lector.
Llevo todo dentro de la carpeta y lo guardo en su lugar.
Los estantes siguen llenos. Los premios que gané siguen ahí. Las paredes azul bebé está igual. Blanco y azul pastel han sido los colores que me han representado por años sin olvidar el amarillo.
Me levanto del suelo y me limito a seguir observando mis antiguas cosas.
Llevo mis manos detrás de mi espalda y sigo recorriendo.
En las repisas hay fotos. En el armario del lado derecho del cuarto sigue con mi ropa de cuando tenía 15 años.
Y… algo llama mi atención. Dentro del armario hay un frasco enorme de vidrio del tamaño de mi antebrazo. Lo saco y camino hasta la cama.
Está bien cerrado pero… lleno de pétalos de rosas. Con un líquido adentro que al parecer impide que se descompongan los pétalos.
Mi corazón comienza a sentir algo cálido. Cómo un recuerdo bonito.
Creo que ya conté lo de las cartas anónimas cada 22 de cada mes y las flores en mi cama o en el escritorio.
Eran rosas y aunque nunca conocí a mi “admirador secreto” me emocionaba siempre y comencé a guardarlas en este frasco. Pero no pensé que duraría años.
El frasco… me lo dió mi tía Tea.
Ella era la única que sabía acerca de las rosas y las cartas con el final que decía para ti mi roma.
Dejo el frasco a un lado y me echo hacia atrás acostando me en la cama.
Ahora me voy a quedar aquí durante unas dos semanas.
Es lindo volver a un cuarto lleno de buenos recuerdos pero igual además de la calidez en mi corazón se asienta un peso. Está Aurora, está Cassian, estoy yo en esta casa. Pero no está mi tía Tea para decirme que estará todo bien.
Ni para sentarse a orar conmigo antes de dormir. Eso me recuerda en lo que me dijo Autora en la sala.
Me he vuelto tibia. No debería hacerle mucho caso a ella. Siempre exagera. Aunque… meh. Ese numerito de ella no debería afectarme.
Debo recordar lo que es importante: Que Valerian no me encuentre, lidiar con Cassian, ganar la competencia y al hacerlo dejar el nombre de mi familia en alto y volver a Brasil… pero… ¿y si puedo y consigo quedarme aquí en Italia?
Podría conversar con Valerian y prometerle nunca más meterme en una orquesta o tocar y solo dejarme vivir aquí. Aquí está quien fue mi mejor amigo de mi adolescencia, está Aurora, está la abuela. Es parte de quienes fuimos una vez. ¡Tal vez!
¿Pero seré suficientemente buena en el violín al llegar a diciembre?
¿Acabaré en un hospital psiquiatrico como Valerian una vez?
¿O perderé parte de la flexibilidad de mis brazos y nunca volveré a tocar el violín como el hermano de Cassian?
¿O me marginaran como hicieron con algunos?
Aurora tiene razón. ¿Estoy preparada por si mañana está gente loca me deja en coma?.¿O para que me torturen hasta volverme loca?
Es absurdo que haya un grupo de gente queriendo arruinarnos la vida. Es absurdo. Solo somos músicos representantes de un país. No hemos hecho nada.
¿Cuál es el punto de toda esta persecución?
¿Cómo sabremos qué está oculto si no tenemos a alguien que nos lo revele?
Y por alguna razón eso me recuerda a partes de las palabras de Aurora:”¡Despierta tú que duermes!
¿Estoy… dormida?
¿A qué realmente se refería?
¿A mi relación con Dios? O… ¿A algo totalmente diferente?
Esto me confunde.
Me siento de vuelta inmediatamente en la cama.
¡No comprendo nada! Y luego está Cassian.
Que tal vez no colabore mucho. Quiere reemplazarme. Ya ni sé si realmente vine aquí para restaurar el nombre de mi familia.
Y una pregunta aparece de repente en mi cabeza.
Una presión en mi pecho y mi estómago. Algo que quiero arrancarme.
Algo me está preguntando.
¿Soleil, porque realmente viniste?
Se me forma un nudo en la garganta. Me cuesta pestañear.
Esto es confuso.
»Tibia«
Esa palabra vuelve a aparecer en mi mente.
¿Cómo me arranco este revoltijo de que se extiende desde mi pecho hasta mi estómago?
¡Ay no puedo más!
Me paro de la cama de prisa y salgo del cuarto corriendo al baño. Escucho que una puerta se abre mientras que yo abro de golpe la puerta del baño.
Abro el grifo y dejo que el agua corra y meto las manos y me las paso por la cara.
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Editado: 02.03.2026