Despierté, aturdido, con un dolor de cabeza... espera, yo me... me disparé, directo a la boca...
Ni siquiera lo sentí.
No hay dolor, no hay rastro de malestar pero… los recuerdos inundan mi mente sofocándome en confusión.
—¡Mi mujer! ¡Mi hija!
Grité inconscientemente.
Me altero con un ataque de pánico al recordar aquellos dulces ojos abiertos llenos de horror, y salgo corriendo.
Aire fresco y suave recorre mis mejillas, una tranquilidad indescriptible en el ambiente, una tranquilidad que jamás había sentido recorre mis sentidos, un aire que jamás había respirado, huele a jazmín y orquídeas, a paz, a tranquilidad, el cielo azul abierto hacia el infinito, nubes blancas lo atraviesan lentamente, un prado que se extiende bajo el cielo hasta el horizonte, no estoy en casa, o… quizá sí.
¿Qué pasó con todo? ¿Dónde… estoy? ¿Qué es este lugar? Yo… conozco este lugar.
Entré a la casa, pisando ese piso como si lo hubiera hecho toda mi vida, y recorrí ese lugar sintiendo una tranquilidad indescriptible, pese al horror en mi mente, recuerdos de aquel trágico ayer.
—No puede ser…
Dije con un suspiro y una sonrisa como si fuera un niño pequeño.
—¿Mamá? ¿Estás aquí? ¿Mamá?
Sólo hallaba silencio.
La casa estaba vacía, era todo lo que conocía, y todo lo que algún día amé, pero sin aquellos a los que amaba.
—Mi habitación… mis videojuegos, mi música, mis pequeños proyectos de carpintería… incluso los que nunca acabé…
Dije sonriendo, admirando una belleza onírica en la que podías perderte, viajando al pasado, sintiéndome casi como un niño.
Este olor... café recién hecho, a madera recién cortada, esta casa… sigue siendo mi hogar…
No supe qué más hacer, más que no pensar, sólo… ignorar la tragedia y disfrutar de aquel pequeño momento de calma, era como un sueño, o quizá era el cielo, aún no lo tengo claro, era onírico y transmitía una paz indescriptible. ¿Esto es lo que hay después de la muerte?
¿Pero por qué no están ustedes? ¿A dónde han ido? ¿Dónde han terminado?
Ojalá estuvieran aquí…
Quizá yo no pertenezco a ese lugar donde ustedes fueron, y por eso no están aquí, completamente solo.
Los siguientes días fueron tranquilamente tristes, ese lugar me permitió vivir una especie de duelo tranquilamente, acepté que estaba muerto, acepté que ellas habían muerto, y traté de convencerme a mí mismo de que a donde sea que hayan ido, al menos ya no sufrían, están en un lugar mejor ahora…
En ese mundo no existía rastro de vida, todo es silencio, sólo existe el sonido del viento, suave y tranquilo, no existen sonidos de pájaros, de insectos, de grillos, ni siquiera un zumbido de moscas, ratas o plagas, no existe… rastro de vida, extrañamente, siempre que despertaba, no importa cuánto durmiera, podían ser 15 horas pero siempre despertaba a las 9 de la mañana, aunque me durmiera al amanecer yo siempre despertaba a la misma hora, sintiéndome perfecto… nunca soñaba, nunca pesadillas, pero tampoco tenía buenos sueños, y extrañamente aunque no había animales, siempre había raciones de carne, de pescado, prácticamente un buffet en mi refri listo para preparar, siempre había provisiones al despertar.
& siempre era la misma rutina, despertar y preparar café negro, caliente y apenas con azúcar y hot cakes mientras escuchaba a Johnny Cash, a veces hamburguesas de pollo mientras escuchaba Rammstein, a veces sólo bourbon y las canciones que ella me dedicó alguna vez.
Agradecía no tener ninguna foto de ellos, no podía tener su recuerdo constante, y vivir… existir en este lugar.
Intentaba no pensar, sólo disfrutar de este espacio, si empezaba a pensar demasiado, ellas rondaban mi cabeza, y yo no, no podría… ¿Cómo llamo a esto? ¿Existir en paz? En este espacio, tan bello y tranquilo, pero sin vida.
Es una oda al olvido.
Así que sólo jugué, comí, y escuché música, no existía el tiempo, como no existía vida, dormir era como un resetear de la vida.
Conforme pasaron los días, o las semanas, decidí empezar a escribir, y tomé las viejas herramientas que tenía en mi taller, y terminé algunos proyectos que jamás terminé por flojera, o falta de material, también inicié pequeños y grandes proyectos, y poco a poco esta vieja casa se convirtió de nuevo en mi hogar, llena de muebles hechos por mí, de mi música, un hogar tranquilo, impregnado de soledad.
Un día mientras trabajaba me di cuenta de que apareció el auto de mis sueños, un viejo pero hermoso Mustang del 1965, un clásico color carmesí, y una carretera que atravesaba el prado hasta el horizonte, más allá de donde lograba ver, tuve tantas ganas de subirme e irme, pero no quería abandonar este hermoso hogar, que pese a solitario, estaba tranquilo, pensé que el tiempo… el tiempo no era un impedimento, pues no existía en este lugar.
Tenía todo el tiempo que quisiera, y empecé a utilizar las herramientas para construir algo que ni siquiera yo sabía que era, fue muy inconsciente, trabajé quizá durante 50 horas sin descanso hasta que acabé.
Dos cruces, ornamentales, eran hermosas, trabajé en su diseño, en su color, incluso en sus acabados, cada pequeño detalle, una era grande y una pequeña, no existían cuerpos, así que no hubo necesidad de cavar, solamente colocarlas, una junto a la otra.
Yace aquí mi amor, mi felicidad, y mis sueños, mi corazón y lo que más he amado, no lo pensé, mi cuerpo sólo actuó, suena tan irracional, pero fue como si sintiera que al acabar esas cruces, ellas volverían conmigo, de alguna manera.
Supongo que, sólo quería un lugar para visitarlas, ni siquiera yo entiendo por qué lo hice, pero todos los días, salía y recolectaba flores, las mismas flores, jazmín y amapolas, de todos los colores, y me sentaba junto a ustedes, les contaba sobre videojuegos, filosofía, libros, películas, les ponía música, le cantaba a ese pequeño ser como alguna vez le canté mientras la tenía en mis brazos, recuerdo su sonrisa… su risa.
#547 en Thriller
#190 en Suspenso
#483 en Detective
filosofía existencial, ciencia ficción con horror cósmico, surrealismo oscuro
Editado: 08.05.2026