Algunas cosas no deberían abrirse.
No porque escondan secretos, sino porque saben demasiado.
Durante años creí que mi vida era simple: trabajar, volver a casa, dormir. Pasar desapercibido. No deberle nada a nadie. Pero alguien pensaba lo contrario. Alguien que observaba desde lejos, esperando el momento exacto.
No lo supe hasta que el pasado me habló sin decir mi nombre.
Desde entonces, cada paso que doy parece registrado, cada error marcado. Hay fechas que no recordaba… y culpas que nunca quise aceptar.
Si esto es un castigo, todavía no sé por qué empezó.
Solo sé algo:
alguien quiere que recuerde.
Y no piensa detenerse.
......