Rebelión: La ciudad de los caídos

Mikael

Después de un par de horas andando habíamos decidido detenernos a descansar, Set y yo nos encontrábamos sentados en el suelo reposando nuestras espaldas en un enorme tronco caído que por suerte nos habíamos encontrado en nuestro camino, mientras tanto Khaler había decidido alejarse descansando algunos metros lejos. Él se había mantenido un tanto frio y distante después del casi beso que iba a darme. «¿O acaso solo ha sido mi imaginación y él no iba realmente a besarme? Definitivamente él no haría eso».

—¿Vas a decirme que sucedió contigo y Khaler cuando estábamos en el sendero del bosque? — Set preguntó.

—No quiero hablar sobre eso— dije recordando las dolorosas palabras de Khaler.

—Gabrielle— él apretó mi mano —Sabes que puedes confiar en mi ¿no? — dijo viéndome a los ojos.

—Si..., lo sé— susurré —¿Set? — dije su nombre con duda

—¿Si? — respondió.

—¿Alguna vez te has enamorado de alguien? — pregunté mordiendo mi labio con nerviosismo provocando que él explotara en risas —¡Oye! hablo en serio— dije pegándole un puñetazo en las costillas haciendo que este gimiera de dolor —¡Carajo! lo siento, olvidé que estabas lastimado— dije arrepentida.

—Creo que me lo merecía— masculló divertido —Con respecto a tu pregunta— se aclaró la garganta —Si, me he enamorado dos veces— le vi con sorpresa —La primera has sido tu— tragué saliva —Y la segunda fue hace mucho tiempo— suspiró —Era una chica preciosa— vi como sus ojos oscurecían.

—¿Y qué fue lo que sucedió? — dije dudando si estaba bien preguntar —¿Dónde está? —. 

—Ella era también un caído..., hija de uno de los tres más grandes traficantes de Antrum— abrí mis ojos con sorpresa —Ella fue quien me ayudo después que fui expulsado del Coellum y caí en este lugar— dijo tensando su mandíbula.

—¿Y qué pasó con ella? — me atreví a preguntar.

—Murió por una sobredosis de IT7— musitó observando al frente. Mi corazón se retorció y mi voz desapareció, no supe que decir.

Si yo no hubiese conseguido escapar de Lev lo mismo hubiera ocurrido conmigo. Aún recuerdo con asco todas esas noches en que me las vivía drogada y él me utilizaba a su antojo. Ahora todo era diferente, llevaba mucho tiempo que no consumía IT7, ya no le he vuelto a probar, pero el rastro de mi abstinencia estaba en mis manos las cuales se mantenían temblorosas todo el tiempo. No puedo negar que hay momentos en que se vuelve peor, pero jamás volvería a hacerlo de nuevo.

—Set yo…— musité tomando su mano, pero justo en el momento en que mi mano hizo contacto con la suya todo cambió, ya no me encontraba en el bosque ahora estaba dentro de una casa la cual no me parecía absolutamente en nada familiar —¿Hola? ¿Hay alguien aquí? — grité subiendo unas escaleras que daban hacia una extraña habitación. Abri la puerta despacio y un escalofrió recorrió toda mi columna.

Mi respiración se entrecortó al ver a Set de rodillas en el suelo donde una figura femenina se encontraba reposada entre sus brazos —Estoy contigo..., tengo tu mano, no voy a soltarte Lena, quédate conmigo por favor..., quédate, aún no es tiempo ¡por favor! — Set gritaba ahogado en llanto.

—No…—musité sollozando. Podía sentir su dolor, podía sentirlo ahogarme.

—¡Gabrielle!, ¡Gabrielle! — escuché una lejana voz llamándome.

Cerré los ojos al sentir la sensación de que caía de un lugar alto y cuando sentí el impacto cerca abrí los ojos con horror, pero todo había vuelto a la normalidad. Parpadeé tratando de enfocar las siluetas que tenía en frente hasta que pude ver a Set y Khaler frente a mí, viéndome preocupados y un tanto alterados.

—Pero...— balbuceé sin poder pronunciar palabra alguna. Llevé mi mirada hacia las manos de Set viniendo a mi mente la escena que recién había vivido provocando que una pulsada de dolor atacara mi pecho con tanta fuerza que me hizo encorvar hacia adelante.

—¿Qué sucede contigo? — Khaler preguntó molesto ante mi silencio.

—No es nada, y-yo necesito estar sola— dije poniéndome de pie ante la atenta mirada de ambos, caminé alejándome algunos metros de ellos sentándome detrás de un gran árbol donde me hice un ovillo.

«¿Qué demonios ha pasado?» pensé apretando mis piernas más a mi pecho —Esos eran sus recuerdos, pude verlos— musité mientras extendía mis manos y les examinaba como si así pudiera encontrar la respuesta de lo que había sucedido —Ese dolor ¿por qué sigo sintiéndolo? Oh Set— sollocé cerrando los ojos con fuerza sintiendo como gruesas gotas de lágrimas se resbalaban —Basta— dije abrazándome a mí misma.

—¿Por qué haces esto? — sentí una mano posarse en mi hombro. Al abrir los ojos vi a Khaler quien se encontraba acuclillado frente a mí —¿Qué es lo que está pasando contigo? — preguntó serio.

—¡Yo he arrastrado a todos a esto! ¡Nunca debieron de estar aquí! ¡Nunca debí de haber nacido, si eso no hubiese pasado no habrían sufrido todo lo que les ha ocurrido! — grité con desesperación apretando mi mano con fuerza tanto así que mis uñas hirieron mi palma haciéndola sangrar.

—¡Basta! — Khaler gritó tomándome de las muñecas.

—Suéltame— forcejeé, pero él me empujó hacia atrás apegando mi espalda con el árbol en un rápido movimiento se acercó aprisionando mis labios con los suyos. Bien, ¿él se había vuelto loco al fin? ¿La poca cordura que tenía había desaparecido? ¿O era yo la alucinaba? Mi cuerpo se había vuelto de piedra ni siquiera sabía cómo demonios tenía que reaccionar a esto.




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