recetas de amor en la pista

Capitulo uno : la nueva vida de Joven piloto ❤️

El sol de la mañana iluminaba la enorme hacienda de la familia Cheng Villalpando, haciendo que las ventanas de la antigua construcción reflejaran los primeros rayos del día.

Después de varias horas de viaje, el automóvil finalmente se detuvo frente a la entrada principal. Todos parecían cansados por el trayecto, aunque la emoción de conocer su nuevo hogar hacía que algunos olvidaran por un momento el cansancio.

—Llegamos —anunció Andrea con una sonrisa mientras miraba hacia la enorme propiedad.

### Dylan

Bajé del vehículo con expresión seria, tomé mi mochila y me quedé observando la hacienda durante unos segundos.

Era mucho más grande de lo que había imaginado y, aunque tenía una arquitectura bastante antigua, todavía conservaba cierta elegancia. Sin embargo, no podía decir que me emocionara demasiado la idea de vivir allí.

Después de pasar tanto tiempo entre carreras, entrenamientos y competencias, mudarme a un lugar tan tranquilo se sentía como entrar en una vida completamente diferente.

Durante los últimos meses me había acostumbrado al ruido de los motores, a las personas corriendo de un lado a otro y a la presión que sentía cada vez que estaba frente a una nueva competencia.

Mi padre insistía en que necesitábamos alejarnos de todo aquello por un tiempo, pero yo todavía no estaba convencido de que mudarnos fuera la solución.

—Mmm... ¿de verdad viviremos aquí? —murmuré mientras observaba la entrada.

No esperé a que alguien respondiera. Ajusté la mochila sobre mi hombro y comencé a caminar hacia la propiedad, intentando convencerme de que quizá aquel cambio no sería tan malo como parecía.

Detrás de mí bajaron mi hermana melliza, Daniela; mi hermana menor, Emma, de quince años; y mi prima, Violeta.

A diferencia de mí, ellas parecían mucho más emocionadas con la idea de comenzar una nueva etapa en aquel lugar.

—¡Está enorme! —exclamó Daniela mientras contemplaba el amplio jardín que rodeaba la casa.

—Parece de otra época —comentó Violeta, observando con curiosidad los detalles de la antigua arquitectura.

Seguí caminando mientras las escuchaba hablar. No podía negar que el lugar tenía algo especial.

El jardín estaba rodeado de árboles grandes y antiguos. A un lado de la propiedad había un amplio garaje y, aunque algunas partes necesitaban reparaciones, se podía notar que aquella hacienda había sido importante para nuestra familia durante muchos años.

Mi padre, Liu Cheng, se acercó al portón principal y lo abrió lentamente. El sonido de las bisagras resonó en medio del silencio de la mañana.

—Necesita muchas reparaciones —comentó mientras observaba la propiedad—, pero volverá a ser nuestro hogar.

Sus palabras hicieron que mirara nuevamente la hacienda.

Mi padre parecía estar convencido de que regresar allí era lo correcto para nuestra familia. Tal vez para él aquella casa representaba una oportunidad para comenzar de nuevo, lejos de la vida que habíamos llevado durante los últimos años.

Yo todavía no podía verlo de esa manera.

Entré al jardín y caminé unos metros hasta llegar a la puerta principal.

El silencio que rodeaba la propiedad era extraño. Después de acostumbrarme durante tanto tiempo al ruido de los motores y al ambiente de las competencias, me costaba imaginar cómo sería pasar mis días en un lugar donde lo único que podía escucharse era el viento moviendo las hojas de los árboles.

—Después de tantas carreras... este lugar es demasiado tranquilo —murmuré mientras miraba a mi alrededor.

Finalmente entré a la casa y, durante unos segundos, me quedé sin saber qué decir.

La sala estaba cubierta por una fina capa de polvo. Los muebles necesitaban una buena limpieza, las ventanas estaban sucias y algunos cuadros antiguos colgados en las paredes habían perdido el brillo que seguramente tuvieron años atrás.

Incluso el olor del lugar dejaba claro que la casa llevaba bastante tiempo sin ser habitada.

Fruncí el ceño mientras observaba todo aquello.

—¿En serio...? —murmuré, pasando un dedo por uno de los muebles y comprobando cuánto polvo tenía—. Qué horror.

No estaba dispuesto a pasar los próximos meses viviendo de aquella manera.

Si realmente íbamos a quedarnos allí, por lo menos quería que la casa estuviera limpia y ordenada.

Dejé mi mochila junto a la entrada y comencé a revisar las cajas que todavía no habían sido acomodadas.

Después de buscar durante unos minutos, encontré algunos productos de limpieza, unos guantes, un trapo, un plumero y una cubeta.

Me puse los guantes y comencé a limpiar los muebles, las ventanas y todo aquello que necesitaba atención.

Para mí, mantener el orden no era simplemente una cuestión de gusto.

Desde que había comenzado a competir, había aprendido que la disciplina era necesaria para conseguir buenos resultados. En una carrera, cualquier pequeño descuido podía terminar afectando todo el esfuerzo realizado anteriormente.

Tal vez por eso me costaba tanto ignorar el desorden que tenía frente a mí.

Mientras limpiaba, observé cómo los demás comenzaban a sacar sus cosas y a organizarse.

—Mamá, papá, yo me encargaré de limpiar el interior y el exterior de la hacienda —dije mientras dejaba el plumero sobre una mesa—. Daniela y Violeta, ustedes pueden encargarse de las escaleras y de sus habitaciones. Emma, ayúdame con la otra parte de la casa.

Las tres se miraron durante unos segundos, como si estuvieran intentando decidir quién tendría que hacer la parte más pesada del trabajo.

—Sí, Dylan —respondieron al mismo tiempo.

Finalmente, cada una tomó una escoba o un trapo y comenzó a ayudar.

Poco a poco, la casa empezó a recuperar algo de su antiguo aspecto mientras limpiábamos, acomodábamos las habitaciones y abríamos las ventanas para dejar entrar el aire.

No sabíamos cuánto tiempo permaneceríamos allí ni cómo terminaría aquella nueva etapa para nuestra familia.




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