Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey

Lo que nunca quise ver

Tatiana me esperaba junto al lago. El asentamiento Blackwood estaba construido entre la ciudad y uno de los bosques más extensos de la región. Desde afuera parecía una urbanización privada con casas modernas, calles asfaltadas, cámaras de seguridad, internet de alta velocidad, vehículos eléctricos. Una cafetería administrada por dos lobas que conocían cada escándalo antes de que ocurriera.

Los humanos creían que éramos una comunidad ecológica exclusiva. No sabían que algunos de sus vecinos podían transformarse en lobos de doscientos kilos.

La convivencia entre nuestra especie y los humanos funcionaba gracias a una regla sencilla: ellos no preguntaban demasiado, nosotros no nos transformábamos en el estacionamiento del supermercado. Generalmente.

—Viniste.

Tatiana estaba de espaldas al lago.

—Dijiste que era sobre Arthur.

—Siempre tan directa.

—Tengo una prueba de maquillaje para una boda que quizá no debería celebrar. Intento administrar mi agenda.

Sus ojos se estrecharon. Bien. La máscara duraba cada vez menos.

—No eres adecuada para él.

Ah. Finalmente.

—Buenos días para ti también.

—¿Te parece gracioso?

—En realidad no. Pero llorar delante de ti probablemente te daría demasiada satisfacción.

Tatiana cruzó los brazos.

—Arthur necesita una Luna fuerte.

—Ya tuvimos esta conversación.

—No. Tú hablaste. Ahora vas a escucharme.

Mi loba gruñó, fue suave, débil, pero estaba allí.

—Ten cuidado.

Tatiana sonrió.

—¿Eso es una amenaza?

—Un consejo.

—No eres capaz de amenazarme.

—Probablemente no.

Me encogí de hombros.

—Pero soy excelente redactando demandas.

Parpadeó, tuve que contener una sonrisa, tal vez algún día moriría por no tomarme en serio una situación peligrosa, pero al menos moriría siendo yo misma. Tatiana avanzó.

—Arthur no te ama.

La sonrisa desapareció.

—Eso no te corresponde decidirlo.

—¿No?

Sacó su teléfono. Mi estómago se contrajo.

—¿Qué es eso?

—Algo que deberías haber visto hace tiempo.

Abrió una fotografía. Arthur y Tatiana en una fiesta. Su mano en la cintura de ella, demasiado baja.

—Fue antes de que nos reconociéramos como Mates.

—Sí.

Otra fotografía. Arthur besando su cuello. Otra. Tatiana sentada sobre sus piernas. Otra. Ambos entrando en una habitación. Devolví el teléfono.

—Arthur tuvo una vida antes de conocerme.

—Y después.

La miré.

—¿Qué quieres decir?

Tatiana sonrió.

—Pregúntale dónde estuvo la noche de tu graduación.

Mi corazón comenzó a latir más rápido. No. Arthur había dicho que estaba en una reunión, una emergencia territorial.

—Estás mintiendo.

—Claro.

—¿Por qué haces esto?

—Porque estoy cansada.

—¿De qué?

—De verte fingir que ese lugar te pertenece. —Se acercó, ahora su voz no era dulce, no era suave, no había lágrimas. —Arthur me deseaba antes de conocerte. —Sentí náuseas. —Después apareció su pequeña Mate perfecta.

—Cállate.

—Dulce Anabella.

—Cállate.

—Tan amable.

—Tatiana.

—Tan inútil.

Liora gruñó, esta vez con fuerza, Tatiana sonrió.

—Ahí está.

—¿Qué?

—Tu loba. —Se inclinó hacia mí. —Debe odiarme.

—No eres lo suficientemente importante.

Fue un buen comentario. Me sentí orgullosa aproximadamente medio segundo. Después Tatiana se abofeteó. Ella misma. La observé, atónita.

—¿Qué…?

Escuché pasos. Arthur. Por supuesto. Tatiana retrocedió, sus ojos se llenaron de lágrimas. Era tan perfecta la actuación que por un instante hasta yo quise consolarla.

—¡Tatiana!

Arthur llegó corriendo. Ella negó con la cabeza.

—Estoy bien.

Él miró la marca roja en su rostro después me miró, algo murió dentro de mí porque no preguntó, no dudó, no me conoció. Simplemente creyó.

—¿Qué hiciste?

—Arthur…




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