Cassian
El mensaje de Niccolas llegó a las dos y diecisiete de la madrugada, exactamente tres horas después de que Anabella me besara en el bosque y aproximadamente dos minutos después de que yo aceptara que dormir iba a ser imposible.
Tenemos un problema en Blackwood.
Me quedé mirando la pantalla durante unos segundos. Mi lobo, que hasta ese momento había estado ocupado reproduciendo el recuerdo de Anabella poniéndose de puntillas para besarme, levantó la cabeza con una atención inmediata y desagradable.
No necesité preguntar a qué Blackwood se refería.
Llamé.
Niccolas respondió al segundo tono.
—Dime.
—Arthur Blackwood descubrió la manipulación de Tatiana.
La calma desapareció.
—¿Qué descubrió exactamente?
—Un video del incidente junto al lago. El que figura en el informe de Anabella. Tatiana se golpeó a sí misma antes de que él llegara.
Me puse de pie y caminé hasta la ventana del penthouse. Silvercrest dormía debajo, indiferente al hecho de que, a cientos de kilómetros, el hombre que había destruido a mi Mate acababa de descubrir que ella había dicho la verdad desde el principio.
Mi lobo gruñó.
Ahora sabe.
Sí.
Demasiado tarde.
—¿Cómo obtuviste la información?
—No la obtuve yo. Blackwood activó un procedimiento extraordinario de revisión interna. Al hacerlo, el sistema soberano recibió una notificación automática porque involucra a una Luna en ejercicio, abuso de autoridad y posibles represalias contra miembros subordinados de la manada.
—Tatiana.
—Sí. Jack Blackwood está reuniendo testimonios. Hay al menos diecisiete empleados afectados y varios incidentes anteriores al matrimonio. Arthur suspendió parte de la autoridad administrativa de su esposa esta noche.
Apoyé una mano contra el vidrio.
—¿Y el problema?
Niccolas guardó silencio apenas un segundo.
—Arthur solicitó información sobre Anabella.
Mi lobo se lanzó contra mis costillas.
No.
La respuesta instintiva fue tan violenta que tuve que cerrar los ojos antes de hablar.
—¿Qué información?
—No su dirección. Todavía. Presentó una consulta formal para saber si continúa registrada como loba sin manada, si está bajo protección de algún territorio y cuál es el canal legal para solicitar contacto.
—No recibe nada.
—Cassian.
—No recibe su dirección.
—Eso ya lo sé.
La paciencia no era una de mis mejores cualidades a las dos de la mañana.
—Entonces no me corrijas.
—Te corrijo porque acabas de pasar de “no recibe su dirección”, que es correcto, a esa cara que significa “voy a declarar ilegal la existencia de un hombre”.
—No puedes ver mi cara.
—Te conozco desde los nueve años.
Odiaba cuando tenía razón.
—Anabella decide —dijo Niccolas con más seriedad—. Si él solicita contacto por la vía correspondiente, la consulta debe llegar a ella. Podemos proteger sus datos. No podemos convertirla en una prisionera de nuestra protección.
La palabra nuestra hizo reaccionar a mi lobo de una manera que no ayudó.
—Lo sé.
—¿Se lo dirás?
Miré mi teléfono. El último mensaje de Anabella seguía allí.
Llegué. Lucía confirmó que sigo teniendo labios, por si te preocupaba. Buenas noches.
Había pasado diez minutos intentando encontrar una respuesta que no sonara como la de un hombre de diecinueve años después de su primer beso. Finalmente envié:
Me preocupaban otras cosas, pero agradezco la verificación. Duerme.
Ella había respondido con un emoji riéndose.
Yo, Rey Alfa del continente, había mirado ese pequeño símbolo amarillo durante demasiado tiempo.
—Sí —dije—. Se lo diré yo.
—Bien.
—Y, Niccolas.
—¿Sí?
—Quiero un informe separado de la investigación de Blackwood. Solo información institucional. Nada que invada la privacidad de Anabella y nada obtenido fuera de los canales soberanos.
—Entendido.
—Si Arthur intenta conseguir su dirección por otro medio...
—Te aviso antes de que compres su territorio.
Corté.
No volví a dormir.
A las siete y cuarenta y tres de la mañana, la puerta interna de mi oficina se abrió. Anabella asomó la cabeza y me encontró leyendo por tercera vez un documento que no había comprendido ninguna de las dos anteriores.