Cassian
La primera regla de una investigación interna era no empezar por la persona que uno quería culpar. La segunda era no arrancarle la puerta de la oficina antes de tener pruebas. Aquella noche, mientras escuchaba a Niccolas explicar por tercera vez el recorrido del dinero que había terminado en una oferta para comprar la agenda privada de Anabella, descubrí que ambas reglas me parecían profundamente sobrevaloradas.
—Vuelve a decirlo —pedí.
Niccolas levantó la vista de la tableta. Estábamos en la sala de seguridad del piso ejecutivo, rodeados de pantallas, registros de acceso y tres personas que habían aprendido a no confundirme con alguien paciente. Anabella estaba sentada a mi derecha. No había aceptado irse a casa. Tampoco había aceptado que yo investigara sin ella. Había intentado convencerla durante cuarenta segundos. Después recordé que valoraba mis órganos internos.
—El contratista recibió el acercamiento desde una consultora privada —repitió Niccolas—. La consultora trabaja con varias familias de manada y con dos fundaciones. Una de ellas es Valmont. Eso ya lo sabemos. Lo nuevo es que la solicitud no llegó por un contrato oficial de la fundación. Usaron una cuenta de intermediación.
—¿De quién? —preguntó Anabella.
—Todavía no lo sabemos.
Yo apoyé las manos sobre la mesa.
—¿Cuánto falta?
Niccolas me miró.
—Cassian.
—No pregunté si era difícil.
—Y yo no respondí que lo fuera. Dije que el dinero pasó por tres sociedades y una cuenta fiduciaria. Seguridad Financiera está reconstruyendo la cadena.
—Entonces que lo haga más rápido.
Anabella suspiró.
—Eso seguramente no se les había ocurrido.
Giré la cabeza.
—¿De qué lado estás?
—Del lado que intenta evitar que despidas a un contador porque la banca internacional no se adapta a tu estado emocional.
Una de las analistas bajó la vista con tanta rapidez que no necesitaba ser lobo para saber que estaba conteniendo una sonrisa.
—No estoy emocional.
Anabella me miró. Niccolas también. Nadie dijo nada.
—Odio esta sala —murmuré.
—La construiste tú —dijo Niccolas.
Anabella apoyó una mano sobre mi antebrazo antes de que pudiera responder. El contacto fue pequeño, pero mi lobo se calmó lo suficiente para dejar de imaginar distintas formas de hacer confesar a personas que todavía no habíamos identificado.
—Quiero entender algo —dijo ella—. La consultora intentó conseguir mis desplazamientos, reservas y dirección. ¿Para qué puede servir eso aparte de seguirme?
La responsable de Seguridad, Elena Voric, respondió antes que yo.
—Para vigilancia, presión, obtención de fotografías privadas o planificación de un acercamiento. También puede utilizarse para construir un perfil de rutina.
La mano de Anabella dejó de moverse sobre mi brazo.
—¿Un acercamiento?
—No necesariamente violento —aclaró Elena—. Podría ser una emboscada mediática. Una confrontación. Una persona intentando encontrarse con usted “por casualidad”.
—O alguien queriendo saber cuándo está sola —dije.
Anabella me miró.
—Eso último podrías haberlo guardado para ti.
—No.
—Ya sé. Transparencia.
—La pediste.
—Y me arrepiento durante aproximadamente tres segundos cada vez que la practicas.
Elena carraspeó con profesionalismo.
—El contratista no entregó la información. Eso es importante. El sistema funcionó.
Lo era. Pero no suficiente.
—Quiero una revisión completa de todas las personas con acceso indirecto a su agenda —dije—. No solo asistentes. Choferes, reservas, seguridad de eventos, proveedores externos.
—Sí.
—Y quiero saber quién autorizó la investigación privada original sobre Anabella.
Niccolas entrecerró los ojos.
—Eso es otra cosa.
—Puede estar relacionado.
—También puede no estarlo.
—Por eso investigamos.
Anabella retiró la mano de mi brazo.
—¿Qué investigación original?
Silencio. Maldición. Niccolas miró el techo. Elena decidió que su pantalla era la cosa más fascinante del planeta. Yo miré a Anabella.
—Todavía no sabemos si es relevante.
—Cassian.
Había diferentes formas de pronunciar mi nombre. La de Anabella en ese momento significaba que tenía diez segundos para tomar una buena decisión.
—La consultora había solicitado un informe de antecedentes sobre ti semanas antes de que alguien intentara comprar tu agenda.