Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey

La verdad que seguía esperando

Cassian

Había imaginado muchas veces el momento en que le diría a Anabella que era mi Mate. Ninguna de esas versiones ocurría después de que Tatiana Blackwood utilizara la verdad como un arma y la dejara suspendida entre nosotros como otra prueba de que las personas poderosas decidían qué información podía soportar.

Mi lobo exigía que hablara. No con palabras, porque su idea de una conversación seguía limitándose a impulsos territoriales, gruñidos y la certeza de que la mujer frente a mí era nuestra. Yo había pasado meses corrigiendo esa palabra. No era nuestra. No hasta que ella lo supiera, lo comprendiera y eligiera qué significaba para su vida.

Anabella seguía de pie junto a la mesa. Ya no parecía la mujer herida que había entrado a enfrentar a Tatiana, sino una ejecutiva que acababa de descubrir una inconsistencia en un contrato y no se movería hasta encontrar la cláusula escondida.

—Hay algo —dije.

—Eso ya lo entendí.

Su voz era tranquila. Prefería que gritara.

—Tiene que ver con el mundo de las manadas.

—También lo entendí.

—Y contigo.

—Cassian.

La forma en que pronunció mi nombre hizo que mi lobo empujara contra mi piel. Quería acercarme. No lo hice.

—No quiero decírtelo aquí.

Sus ojos verdes se endurecieron.

—¿Por qué? ¿Porque hay cámaras? ¿Porque los abogados podrían escuchar? ¿O porque todavía no decidiste qué versión de la verdad es conveniente para mí?

El golpe fue preciso y merecido.

—Porque acabas de pasar una hora con una mujer que convirtió cada herida de tu vida en una acusación. No quiero que recibas algo que puede cambiar la forma en que entiendes nuestra relación mientras todavía estás reaccionando a ella.

—Eso suena razonable. También suena como otra persona decidiendo cuándo estoy preparada.

Cerré los ojos un instante. Mara había advertido que comprender el daño de forma intelectual no era lo mismo que vivir las consecuencias. Yo había creído que esperar era respeto. En algún punto, la espera se había transformado en ocultamiento.

—Tienes razón.

Anabella parpadeó. No esperaba que aceptara tan rápido.

—No hagas eso.

—¿Qué?

—Responder correctamente cuando quiero estar enfadada.

—Puedo intentar equivocarme más.

No sonrió.

—¿Es peligroso?

—No.

—¿Alguien está intentando utilizarme contra ti?

—No por esto.

—¿Cambiaría lo que tenemos?

La pregunta me atravesó.

—Cambiaría la forma en que lo interpretas. No cambiaría lo que ocurrió entre nosotros.

—Eso no responde del todo.

—Lo sé.

Anabella caminó hacia las ventanas. Yo permanecí donde estaba. Cada paso que no daba hacia ella era una pequeña guerra contra mi propia naturaleza.

—Tatiana dijo que todos saben algo —murmuró—. ¿Niccolas sabe?

—Sí.

Sus hombros se tensaron.

—¿Lucía?

—No.

—¿Eduardo?

—No.

—¿Sandra?

—No creo. Tatiana tampoco sabe con certeza; está interpretando mi comportamiento.

—¿Cuántas personas saben?

—Niccolas. La doctora Elian sabe que existe un caso, no tu identidad. Mi madre sospecha que conocí a alguien, pero no sabe qué vínculo existe.

Se giró.

—¿Vínculo?

Había elegido mal la palabra. O quizá mi control estaba cansado de sostener una verdad que ya no debía sostener.

Anabella dio un paso hacia mí.

—¿Es un vínculo de manada?

—No exactamente.

—¿De Alfa?

—No.

—Entonces dime qué es.

Podía hacerlo. Las palabras estaban allí. Eres mi Mate. Te reconocí en el corredor. Mi lobo te eligió antes de que pudiera respirar. Cada decisión después estuvo influida por una certeza que tú no compartías.

Pero el rostro de Tatiana seguía demasiado cerca en la memoria. Si hablaba en aquel momento, la revelación quedaría unida para siempre a la satisfacción de esa mujer. No quería que el momento perteneciera a Tatiana, aunque mi silencio ya hubiera permitido que ella lo contaminara.

—Esta noche —dije—. Te contaré todo esta noche. Sin abogados, sin seguridad detrás de una pared y sin la voz de Tatiana todavía en esta sala. Si después decides que esperé demasiado, tendrás razón.

Anabella me observó durante un tiempo que pareció diseñado para probar mi capacidad de no moverme.

—No mañana.

—No.




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