La última mentira de Tatiana
Arthur
Conocía la casa porque había estado allí una vez, quince años atrás, cuando el padre de Tatiana todavía negociaba rutas de comercio con Blackwood. Era una propiedad pequeña para los estándares de las familias antiguas, escondida entre montañas bajas y un bosque demasiado cerrado para las cámaras aéreas. No figuraba en registros recientes porque pertenecía a una sociedad disuelta, pero Tatiana recordaba lugares como otros recordaban ofensas.
No informé a Cassian antes de entrar.
Fue una decisión estúpida. Lo supe incluso mientras atravesaba el límite. Jack lo habría llamado suicida. Anabella habría dicho que estaba utilizando la culpa como excusa para controlar el final de una historia que ya no me pertenecía.
Los dos habrían tenido razón.
Aun así, seguí.
Mi lobo estaba débil, pero despierto. El ataque contra Anabella había atravesado el resto del vínculo roto como una quemadura. No podía sentirla de la forma en que lo hacía antes, pero algo dentro de mí había reconocido el peligro. Durante horas había luchado contra la necesidad de llegar a la clínica, verla y comprobar que respiraba. No fui. Ella no me había llamado. Mi necesidad no era una autorización.
Encontrar a Tatiana era diferente. Ella había utilizado contactos de Blackwood, conocimientos adquiridos durante nuestro matrimonio y recursos que habían pasado por mi autoridad. Era mi responsabilidad detenerla.
La puerta principal estaba abierta.
Entré sin anunciarme. La casa olía a polvo, humedad y acónito. Había una lámpara encendida en el salón.
Tatiana estaba sentada junto a la chimenea apagada.
Parecía haberme esperado.
—Tardaste —dijo.
No llevaba armas visibles. Eso no significaba nada. Tatiana siempre había preferido que los demás confundieran elegancia con indefensión.
—Ponte de pie.
—¿Vas a arrestarme?
—Sí.
Sonrió.
—Por supuesto. El gran Alfa Blackwood finalmente dispuesto a castigarme para demostrarle a Anabella que cambió.
El nombre golpeó, pero no permití que dirigiera la conversación.
—Atacaste a una representante de Beaumont Crown, utilizaste inhibidores prohibidos, falsificaste credenciales y conspiraste para obtener información privada.
—Todo por una mujer que no volverá contigo.
—Nada de esto es por volver con ella.
Tatiana se puso de pie lentamente.
—Mientes. Has mentido desde que viste la fotografía de Cassian junto a ella. No soportas que otro hombre tenga lo que rechazaste.
—No lo soporto.
La admisión borró parte de su sonrisa.
—Pero eso no me da derecho a dañarla ni a convertir mis celos en una decisión sobre su vida. Esa es la diferencia entre nosotros.
—¿Ahora eres moral?
—Ahora intento no seguir siendo el hombre que tú necesitabas que fuera.
Sus ojos se volvieron fríos.
—No necesitaba nada de ti salvo que cumplieras con tu deber. La manada necesitaba una Luna fuerte. El Consejo necesitaba una alianza. Tú necesitabas una mujer que no se quebrara cada vez que alguien la miraba mal.
Durante años había aceptado esas frases porque convertían mi cobardía en responsabilidad. Las escuché de nuevo y, por primera vez, no sentí alivio.
—Anabella no se quebraba —dije—. La quebramos.
Tatiana levantó el mentón.
—Ella siempre fue débil.
—No. Confiaba en mí. Yo utilicé esa confianza para enseñarle a dudar de sí misma.
—Yo solo te mostré lo que ya existía.
—Te golpeaste frente al lago.
La frase detuvo el aire.
—Jack encontró el video.
Tatiana no retrocedió, pero su rostro cambió.
—Una grabación sin audio.
—Mara habló. Julia habló. Los empleados hablaron. Sandra habló. Tu red de mentiras terminó.
—Sandra es una niña desesperada.
—Y aun así fue capaz de advertirnos cuando comprendió lo que planeabas. Tú tuviste años para detenerte.
Tatiana dio un paso hacia mí.
—¿Anabella está viva?
Mi lobo gruñó.
—Sí.
La decepción apareció tan rápido que quizá otra persona no la habría visto. Yo conocía su rostro. Durante demasiado tiempo había elegido interpretar lo mejor.
—Querías matarla.
—No. Quería que perdiera el control delante de todos.
—La dosis podía matarla.
—La cantidad era precisa.
—No controlabas cuánto tocaría su piel, cuánto bebería ni cómo reaccionaría su cuerpo.
Editado: 06.09.2026