Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey

La Reina que todavía no aceptó una corona

La Reina que todavía no aceptó una corona

Desperté con una pierna sobre la de Cassian, el cabello cubriéndome media cara y una sensación de paz tan desconocida que durante varios segundos pensé que algo estaba mal.

Después recordé dónde estaba.

Y lo que habíamos hecho.

Mi cuerpo también lo recordó.

—Oh —murmuré.

Cassian abrió los ojos inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

—Nada. Estaba evaluando la posibilidad de no volver a caminar con normalidad.

Su expresión pasó de alarma a algo peligrosamente satisfecho.

—No hagas esa cara.

—Mi cara no habla.

—La tuya está dando una conferencia.

Intenté apartarme. Cassian me sostuvo por la cintura sin fuerza suficiente para impedirlo, solo para preguntar.

Me quedé.

Liora estaba cerca. Más cerca que antes del ataque. No completamente recuperada, pero cómoda dentro de mí.

Elegimos.

Sí.

El vínculo con Cassian se sentía diferente. No como una cadena ni como la conexión total que había tenido con Arthur antes del rechazo. Era una puerta entreabierta. Podía percibir calor, calma y una satisfacción que Cassian intentaba ocultar sin éxito.

—Puedo sentirte —dije.

Su cuerpo se quedó quieto.

—¿Qué sientes?

—Ego.

—Eso es una interpretación ofensiva.

—Satisfacción.

—Más preciso.

—Y miedo.

La sonrisa desapareció.

—¿Todavía?

—Un poco.

Cassian pasó los dedos por mi espalda.

—No sé cuánto del vínculo se abrirá sin una marca. Puede aumentar con la cercanía o disminuir cuando Liora se recupere del inhibidor.

—¿Te preocupa que disminuya?

—Sí.

Agradecí la honestidad.

—A mí no.

Sus ojos se fijaron en los míos.

—Porque lo que sentí antes de saber era suficiente. Esto puede ser algo más, pero no necesito que me obligue a quedarme.

Cassian apoyó la frente contra la mía.

—Bien.

—Sigue siendo una palabra molesta.

—Hoy me agrada.

La mañana habría podido permanecer tranquila. Hicimos café. Cassian intentó preparar huevos y demostró que sus cuatro platos eran, probablemente, una exageración. Yo encontré una camisa suya y decidí que vestirme completamente podía esperar.

A las nueve y catorce, Niccolas llamó.

La expresión de Cassian cambió mientras escuchaba.

—¿Cuándo? —preguntó.

Silencio.

—Envíame el documento.

Cortó.

—¿Qué pasó?

—El Consejo Continental convocó una audiencia extraordinaria.

—¿Por Voss?

—En parte. También quieren revisar las implicancias políticas de nuestro vínculo.

La paz de la mañana se volvió más frágil.

—¿Qué implicancias?

Cassian dejó el teléfono sobre la mesa.

—Eres una loba rechazada de una manada reconocida. Tu vínculo anterior fue con un Alfa que sigue vivo. No tienes afiliación territorial actual y todavía no existe una declaración formal de aceptación del segundo vínculo.

—¿Eso es problema de ellos?

—No debería.

—Pero.

—Voss argumenta que una futura Reina sin manada, con un vínculo previo y sin marca puede crear disputas de legitimidad.

Lo miré.

—Futura Reina.

—Es la forma en que lo presentaron.

—Yo no acepté ninguna corona.

—Lo sé.

—¿Les dijiste eso?

—Todavía no respondí.

La diferencia importó. Meses atrás habría utilizado su autoridad antes de informarme. Ahora esperaba.

—Quiero ir a la audiencia.

Cassian no pareció sorprendido. Solo preocupado.

—Será hostil.

—He presidido negociaciones con ministros franceses.

—Esto puede ser peor.

—Entonces usaré dos cafés.

La audiencia se celebró dos días después en la sede del Consejo, un edificio antiguo escondido detrás de una fachada jurídica humana. La sala circular había sido diseñada para recordar a cada persona que las manadas existían antes que sus representantes. Piedra oscura, madera, símbolos de linajes antiguos. En el centro, una mesa abierta sin cabecera formal.




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