Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey

Los hombres que confundieron tradición con poder

Cassian

La propiedad ancestral de Beaumont no era el lugar donde quería llevar a Anabella por primera vez. Había imaginado el bosque en otoño, la biblioteca donde mi padre me enseñó a leer mapas y el lago donde Niccolas casi se ahogó a los doce años porque creyó que podía saltar desde una roca demasiado alta. No había imaginado guardias en cada acceso, tres Alfas conspirando para destituirme y una sala de negociación preparada como si fuéramos a firmar un armisticio.

Anabella observó la casa desde el automóvil.

—Tu familia tiene un problema con las construcciones pequeñas.

—Es antigua.

—Eso no explica las cuarenta ventanas.

—Mi bisabuelo desconfiaba de las paredes sin vigilancia exterior.

—Tu familia necesitaba terapia antes de que existiera la palabra.

La broma no ocultaba su tensión. La sentía a través del vínculo: miedo controlado, concentración y una irritación constante cada vez que recordaba que Dorian Vale pretendía mantenerla en silencio. Extendí una mano sobre el asiento. No la tomé. Ella miró mis dedos y colocó los suyos encima.

—No hablarás por mí —dijo.

—No, a menos que te interrumpan con autoridad Alfa.

—Incluso entonces espera.

—Esperaré.

—Vas a odiarlo.

—Ya lo odio.

La cumbre comenzó una hora después. Dorian Vale llegó acompañado por seis asesores y el convencimiento visible de que el tamaño de una delegación podía sustituir la razón. Era un hombre ancho, de cabello oscuro y barba recortada, con una cicatriz que atravesaba la ceja izquierda. Matteo Soren apareció con dos abogados y una sonrisa amable que no alcanzaba sus ojos. Helena Rook llegó sola, salvo por su Beta, y pidió primero un informe completo de seguridad de Northwatch antes de hablar de la moción.

Mireille presidió el almuerzo informal porque, según dijo, si los hombres iban a intentar destruir una institución podían hacerlo después de comer. Anabella se sentó a mi lado. Vale la saludó sin utilizar su nombre.

—Señora.

—Alfa Vale.

—Entiendo que ha aceptado asistir como observadora.

—Acepté asistir. La interpretación adicional parece suya.

Vale me miró.

Esperé.

El silencio le devolvió la conversación a ella.

—La cumbre fue convocada para que los Alfas con voto puedan discutir una cuestión de gobierno —dijo.

—Perfecto. ¿Cuál es la cuestión?

—La capacidad del Rey para separar decisiones políticas de un vínculo no regularizado.

—Entonces la cuestión incluye mis decisiones, mi trabajo y mi cuerpo. Sería difícil observar sin hacer preguntas.

Helena Rook ocultó una sonrisa detrás de la taza. Soren miró sus documentos. Vale se inclinó hacia atrás.

—Las preguntas podrán presentarse por escrito.

—¿También las respuestas?

—Anabella —murmuró uno de sus asesores.

Ella volvió el rostro lentamente.

—Señora Salvatore para usted.

Sentí a mi lobo levantarse con una satisfacción poco apropiada. Vale percibió el cambio en mi presencia.

—Esto demuestra el problema —dijo—. El Rey reacciona a cada falta de respeto percibida contra su Mate.

Anabella apoyó los antebrazos sobre la mesa.

—No. Demuestra que usted utilizó mi nombre sin permiso y después intentó convertir la reacción de Cassian en evidencia. Si su moción necesita provocar al acusado para construir el argumento, quizá no es tan sólida.

La reunión formal comenzó después del almuerzo. Niccolas presentó las transferencias. Vale no negó haber negociado derechos mineros; sostuvo que eran parte de conversaciones legítimas sobre desarrollo territorial. Soren afirmó que los fondos recibidos eran préstamos comerciales. Helena preguntó por qué ninguna de esas negociaciones había sido informada al resto de los firmantes de la moción.

—No eran relevantes —respondió Vale.

—Entonces ¿por qué coincidían con su apoyo? —preguntó ella.

La primera grieta se abrió.

Presentamos la declaración de Arthur y la oferta enviada a Blackwood. Vale acusó al Alfa de actuar por culpa emocional. Anabella intervino antes de que yo pudiera hacerlo.

—La motivación de Arthur puede ser discutida. La oferta no. Usted propuso beneficios económicos a cambio de un testimonio útil.

—Propuse cooperación entre territorios.

—Condicionada a que describiera su dolor como una reclamación sobre mí.

Vale golpeó un dedo contra la mesa.

—La tradición reconoce que un vínculo Alfa deja consecuencias más allá del rechazo.

—Consecuencias no significa propiedad.

—Nadie habló de propiedad.




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