A las siete y doce de la mañana tengo veintitrés comentarios abiertos en un documento de dieciocho páginas, tres tazas de café vacías y la certeza de que alguien en el Consejo considera la palabra independiente un concepto decorativo.
No es una buena forma de empezar el día.
Tampoco ayuda que Cassian esté apoyado contra el marco de la puerta observándome como si yo fuera un fenómeno natural particularmente preocupante.
No levanto la vista de la pantalla.
—Si vas a seguir ahí, al menos trae café.
—Ya tomaste tres.
Ahora sí lo miro.
—¿Cómo sabes?
Señala las tazas.
Bien.
Argumento sólido.
—Podrían ser de ayer.
—Una tiene vapor.
Miro la taza.
Traición.
—No cambia mi solicitud.
Cassian entra.
Está vestido para trabajar, aunque todavía no lleva saco ni corbata. La camisa oscura tiene las mangas dobladas y el cabello ligeramente húmedo.
Liora despierta.
Hombre.
—Sí, gracias. Ya lo vi.
Cassian se detiene.
—¿Qué?
—Nada.
Su mirada se estrecha.
Liora permanece ofensivamente satisfecha.
Traidoras.
—¿Desde cuándo estás despierta?
—Temprano.
—Hora.
—Eso parece innecesariamente específico.
—Anabella.
—Cinco y media.
Su rostro cambia.
—¿Por qué?
Giro la computadora hacia él.
—Porque tu Consejo intenta ofrecerme independencia con siete formas diferentes de supervisión.
Cassian mira la pantalla.
Después me mira a mí.
—No es mi Consejo.
—Eres el Rey.
—Eso no significa que los haya elegido.
—Detalles institucionales.
Se acerca a la mesa.
—¿Qué encontraste?
—Mucho.
—¿Quieres que lo revise?
—No.
La respuesta sale demasiado rápido.
Cassian se queda inmóvil.
Yo también.
No hay enojo en él.
Solo atención.
Respiro.
—No porque no valore tu opinión.
—Lo sé.
—No quiero que intervengas.
—Entiendo.
—Ni siquiera informalmente.
—Bien.
Esa palabra ya no me irrita.
Eso empieza a preocuparme.
—Quiero hacerlo sola.
—Entonces hazlo sola.
Lo dice sin resistencia.
Sin esa pausa mínima que antes aparecía cuando una parte de él quería insistir.
Me reclino en la silla.
—¿Eso es todo?
—¿Esperabas una discusión?
—No.
—Mientes.
—Un poco.
La comisura de su boca se levanta.
—¿Café?
—Sí.
Cassian gira.
—Y comida.
—No abusemos.
—Comida.
—Eres insoportable.
—Correcto.
Sale de la habitación.
Lo observo irse.
Y entonces comprendo que acaba de hacer exactamente lo que le pedí.
Nada.
No llamó a nadie.
No preguntó quién había redactado la propuesta.
No pidió nombres.
No intentó corregirla.
No hizo esa cosa profundamente Cassian en la que una conversación privada se convierte, treinta minutos después, en una modificación estructural del gobierno continental.
Simplemente se fue a buscar café.
Eso todavía me sorprende más de lo que debería.
La propuesta llegó la noche anterior.
Formalmente.
Con membrete del Consejo.
La comisión provisional se crearía durante doce meses con posibilidad de extensión. Su objetivo sería estudiar y proponer reformas relacionadas con vínculos de pareja, derechos de consortes, procedimientos de rechazo, autonomía territorial y conflictos de interés vinculados a la Corona.
Editado: 06.09.2026