Rechazando Al Beta

Capítulo 10

¡Advertencia! Quiero comunicarles que en este capítulo encontrarás unas escenas +18 un poquito subida de tono, por norma de booknet debo informarles esté tipo de cosa.

Veo desde mi ventana caer las gotas de lluvia, el día está gris y triste, me acurrucó debajo de las gruesas sábanas sentiendome aturdida por mis pensamientos, ya había pasado dos semanas desde aquella noche y desde entonces dormimos en cuarto separados, he tratado de evitarlo a toda costa tanto así que llevamos días sin vernos y cuando nos cruzamos en el pasillo el Beta trata de disculparse pero rápidamente huyó de él.

Mi pequeña tortuga camina lentamente hasta llegar a mis pies desde allí se acurruca sintiendo el frío del exterior.

-Solo somos tú y yo, señor brócoli- dije acariciando su caparazón.

La puerta fue abierta y por ella entró el rubio, no le ví solo me limité a observar la ventana, su presencia altera mi cuerpo especialmente mi pobre corazón, siento mis latidos desbocado en mis oídos.

-El día está frío- dice un poco incomodo buscando la manera de hablarme, aprieto mis labios sin querer conversar.

-Te traje una taza de chocolate con galletas y al señor brócoli unas frescas lechugas- deja la bandeja en la mesita de noche.

Lo ignore, sintiendo como aprieta su mandíbula y luego deja salir un fuerte bufido, aparentemente no está soportando.

-Lo siento, sé que te he lastimado y me arrepiento- dice entre dientes.

Un silencio fúnebre se instaló en la habitación, Sam se rasco la nuca todo enfadado por mi silencio abrumador.

Le miré sin ninguna emoción, me sorprendió verle ojeras debajo de sus ojos como si no hubiera dormí en días, su aspecto desaliñado lo hacía ver vulnerable.

-Solo te diré qué nuestra amistad ha terminado desde aquella noche- fue un golpe duro porque retrocedió afectado, Sam me miró dolido y apretó sus puños con fuerza de la necesaria.

-¿Por qué?, porque te dije lo que pensaba de ti- ríe con falsedad.

-Te he dado todo de mí, y aún así lo preferís te a él- menciona molestó.

-Te entregaste a ese desgraciado, ¿Por qué?- su tono de voz resuena por toda la habitación.

-Porque me consideras como tu hermano- suelta incrédulo, su ira aumenta con cada silencio de mi parte, eso le produjo un tic nervioso en su ojo.

-Para tu información no me he acostado con Jonas, pero tú si lo hiciste con las chicas de Pepita- le miré molesta.

El Beta me miró sin entender, su cuerpo se relajo un poco por mi confesión, una sonrisa ladina cruzo sus labios pero se desvaneció al instante.

-¿De quienes son los condones?- pregunta alzando una ceja.

Mi querida Priscilla necesitaba llevar preservativo para su clase de reproducción humana así que como buena amiga le compré, era obvio que la castaña no lo compraría.

-Conformate de que no son míos, no has respondido mi pregunta, ¿Tuviste sexo con las chicas de pepita?.

-No voy a negar que he ido varias veces al bar y he hablado con una de ellas pero nunca tendré sexo con ninguna chica que no seas tú, Clarisa- dice con sinceridad que me causa estragos en el estómago.

-Pero eso a cambiado o eso trató, me has dejado muy claro que lo prefieres a Jonas antes que a mí- dice cabreado.

Me puse de pie dejando a la pequeña tortuga en mi cama, sintiendo como miles de mariposas revolotean en mi estómago pero sus palabras causa dolor en mi pobre corazón.

-No volveré a molestarte, trataremos de vivir sin ti y espero que esto no te afecte tanto como a nosotros- dice cortante, decidido a rendirse.

-Por cierto, mi madre ha vuelto a invitarnos para cenar, por favor está vez no la dejes plantada- dice para luego dejarme sola y molesta conmigo misma.

.....

Acomodó mi vestido blanco, está noche me había colocado un vestido corto, zapatillas de tacón y un enorme abrigo verde que cubría casi todo mi cuerpo, con la mirada serena del Beta tocó el timbre de la puerta para luego de unos minutos ser abierta por una rubia de mirada risueña y curvas refinada.

-¡Clarisa....!- dice muy alegre la señora Celestine dándome un fuerte abrazo maternal.

La rubia había sido muy amable y cariñosa conmigo, recuerdo que cada vez que venía trataba de estar presente para controlar a Sam, mi olor podía descontrolarlo.

-Gracias por la invitación, y lamento no haber podido venir antes- dije avergonzada, la rubia sonrió cómplice.

-No te preocupes, entiendo que la universidad suele ser agotador- menciona con cariño, nos hace pasar al interior de la mansión.

La cena transcurrió con normalidad hasta que la rubia pregunta lo que tanto he evitado durante la cena, su pregunta causa que el Beta desordene su cabellera rubia nervioso mientras yo me pongo rígida.

-¿Cuando me darán un nieto?- suelta con emoción, aprieto mis labios y veo como Sam da un trago a su copa de vino con amargura y resinado.

-Por el momento no pienso tener hijos- dije en un susurro.

-Lo tendrás pero no conmigo- dice el ojos verdes molestó, le miré enfadada y él levantó su ceja desafiante, al parecer su progenitora no lo escucho.

-Es una lastima- la rubia acomodó su estricto moño decepcionada, mi amigo apretó la mandíbula y hizo más presión con el cuchillito en su carne.

-No quiero ser imprudente pero me he fijado que aún no están marcados- en respuesta baje la mirada a mi plató, por otro lado el rubio apretó los dientes cabreado.

-Cariño come un poco más tienen que tener energía para cuando llegue la temporada de celos- al escucharla me tragante con un trocito de tarta de manzana, Sam con preocupación me ofreció un vaso de agua.

-¿Cariño estás bien?-dice la rubia con angustia, tosí varias veces sintiendo mi cara arder.

-E.estoy bien- dije con dificultad.

La cena termino y con ello mi preocupación, el celo estaba cerca lo podía sentir y no sabía como lo iba a enfrentar, tenía entendido que el Beta cada temporada de apareamiento se encerraba en la mazmorra, ¿Yo debía hacer lo mismo?, me pregunté.




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